(Foto Internet)

Querida Santa Teresa

También nosotros acudimos a ti, este año, con un deseo grande de escucharte.

Sabemos que, durante estos cuatrocientos años, tus enseñanza, tan llenas de fuerza y viveza, y siempre tan actuales, han llevado a muchos por el camino de la perfección.

Hace sólo unos años que el Papa te proclamó Doctora de la Iglesia, y de este modo nos recomendó sus escritos y nos los garantizó.

¡Qué lejos quedan aquellos días en que fuiste tan incomprendida y perseguida, incluso por las autoridades eclesiásticas, que veían en ti una ilusa, una visionaria, con afán de singularizarte!.

Recordamos que hasta la Inquisición parece quería meterse contigo. ¡Cuánto debieron dolerte aquellas palabras del Nuncio que te llamó “fémina inquieta y andariega, que, con pretexto de perfección, se pasa la vida fuera del convento”.

Desde luego fuiste una mujer valiente. Valiente para no hacer caso de tus continuas y graves enfermedades. Valiente para aquellos largos e incomodos caminos, tan llenos de sacrificios y percances. Valiente para superar todas las contrariedades e incomprensiones en cada una de tus fundaciones.

Cómo tú dices, Dios te dio temple “más que de mujer”. Por eso los grandes males de tu tiempo (protestantismo, relajación de costumbres en los propios monasterios…) quisiste hacer frente con grandes remedios.

No fue el tuyo el camino cobarde y fácil del que se desentiende de los problemas. También en un tiempo debían decir muchos: ” Y a mí qué me importa”, “eso no es cosa mía”, o bien, “esto no tiene arreglo”; “está todo de pena.

No. Tú determinaste poner remedio al mal. y ningún caso hiciste de los que re criticaban, de los que querían frenar tus ímpetus, diciéndote que no te metieras en líos, que hicieras como todas…

Pero tu camino no fue la rebeldía, la contestación, echar en cara a los demás sus defectos y errores, querer reformar la Iglesia arreglando “a los demás”.

También tu veías los grandes males de la Iglesia, omo los vía Lutero, entonces tan de actualidad. Pero… reaccionaste de una manera muy diferente a la suya. No atacaste a la Iglesia: la amaste con todo el corazón. ¡Cómo nos  impresionan aquellas tus últimas palabras en tu lecho de muerte: “En fin, muero hija de la Iglesia”.

Tu camino fue reformarte a ti y a quienes aceptaban tu amistad: pedirte a ti misma y pedir a tus amigos “lo poquito que podemos, que es vivir con la mayor perfección posible los consejos evangélicos”.

Nuestros tiempos también son difíciles como lo fueron los tuyos. Entonces se acababa de descubrir el nuevo mundo y corrían aires de libertad. Hoy estamos en la era espacial y las ansias de libertad llegan al límite.

Creemos que tu pensamiento tan autorizado puede aportarnos luz a tus compatriotas de hoy.

Por esto, te pedimos nos esclarezcan estos temas que nos preocupan:

Primero: Cada vez nos resulta más difícil todo esto de Dios. En nuestro mundo de hoy, a Dios le dejamos poco sitio. A raíz del progreso de la ciencia y de la técnica, son muchos los que dicen que “Dios ha muerto”, o que no nos hace ya ninguna falta.

Otros muchos, sin decirlo de palabra, no hacen ningún caso de El, como si fuera un estorbo para la marcha de la sociedad.

Incluso a los que tenemos ganas de ser buenos cristianos nos cuesta horrores tratar con El.

¿Qué dices tú de todo esto?

Segundo: Estamos en tiempos de libertad. Por esto encontramos antipático un estilo de vida lleno de sacrificios. Hay palabras que sólo de oírlas, nos repugnan: por ejemplo lo que huele a humildad, obediencia, paciencia… Tenemos alergia al silencio, la austeridad… Y a cosas a las que vosotros dabais mucha importancia.

Nos parece que los santos estáis trasnochados. Pensamos a veces que todo eso que llamáis virtudes es una manera de huir de la realidad y de ser menos hombres.
¿Cómo defenderías tu estas cosas?

Tercero: En tu tiempo, parece que se hablaba de “enemigos del alma”. Decíais entonces: mundo, demonio y carne. Veías peligros por todas partes, teníais un miedo horrible al infierno. Estas cosas son hoy de poca actualidad. No sabes tú cómo ha evolucionado todo. Comprenderás que hay que encontrar otros valores y motivos para luchar. Hoy nos preocupa la cuestión social, la política, etc…
¿No te parece que ha de cambiar mucho el cristianismo  y el modelo de santos que erais vosotros? ¿Qué nos dices?

Cuarto: Ahora nos gusta la eficacia y la rapidez. Hay medios extraordinarios para todo. Hay que ser prácticos. Nos dicen que tú lo eras en tu tiempo.

¿Se te ocurren a ti algunos medios prácticos y eficaces -y, si pudiera ser, agradables y fáciles- para arreglar las cosas que van mal, y … que son muchas?

Nada más. No sabes cómo te agradeceremos nos aclares, si puedes, un poco estos asuntos.

Ya vemos que quizás es demasiado tema para que nos lo expliques todo en una carta. Tú verás.

Quedamos a la espera

Tus amigos

Mensaje de Teresa de Jesús al hombre de hoy

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