El papa Francisco, en la catequesis de la audiencia general de esta semana, ha reflexionado sobre la compasión que Jesús sintió al ver a la madre viuda que lloraba la muerte de su hijo.

Asimismo, ha recordado que a la Puerta Santa cada uno llega llevando la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, los proyectos y los fracasos, las dudas y los temores, para presentarla a la misericordia del Señor. Y ante la Puerta Santa el Señor se hace cercano para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “No llores”.

En italiano el Papa Francisco explicó el verdadero milagro y la gracia de la misericordia, en especial porque el núcleo del relato evangélico, más que la resurrección del fallecido, es la ternura de Jesús hacia la mamá de ese muchacho. Porque “la misericordia toma aquí el nombre de gran compasión” hacia una mujer que había perdido a su marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Y añadió que este “gran dolor de una mamá conmueve a Jesús” induciéndolo al milagro de la resurrección.

De esta manera en el Evangelio de San Lucas se describe el sentimiento de Jesús, lleno de compasión que le pide a la mujer que no llore  y, movido por su profunda misericordia hacia esta madre, decide afrontar la muerte personalmente, agregó Francisco.

El Sumo Pontífice sugirió que durante este Jubileo, al cruzar la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos se acuerden de este episodio del Evangelio, que sucedió en la puerta de Naín. Y que piensen que a Jesús le entró en su corazón aquella madre que lloraba. De modo que a la Puerta Santa – dijo el Papa – cada uno llega llevando su propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, sus proyectos y fracasos, sus dudas y sus temores, para presentarlos a la misericordia del Señor.


Redacción Paz Estéreo