En la catequesis de este miércoles, el Papa Francisco reflexionó sobre el amor incondicional e infinito de Dios. En la audiencia general desde el Vaticano, el Pontífice señaló “Dios, que nunca da a un hijo por perdido”, y cuestionó si Él nos perdona, ¿cómo no vamos a hacerlo nosotros?

La invitación que hace Francisco es:  “Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso”. Por eso no se debe olvidar, que ante un camino largo y difícil o situaciones que despiertan egoísmo, rabia y rencor, “la misericordia y el don, el perdón y el don, así el corazón se hace grande en el amor”.

Estos sentimientos negativos endurecen el corazón, lo hace pequeño, lo convierte en una piedra, “¿qué preferís vosotros?, ¿un corazón de piedra? Les pregunto, respondan: “No”. No escucho bien… “No”. ¿Un corazón lleno de amor? “Si”.  ¡Si prefieren un corazón lleno de amor, sean misericordiosos!, añadió el pontífice.

En el Evangelio de Mateo (5-48), En el llamado discurso de la montaña, que inicia con las Bienaventuranzas, el Señor enseña que la perfección consiste en el amor, cumplimiento de todos los preceptos de la Ley. En esta misma perspectiva, San Lucas precisa que la perfección es el amor misericordioso: ser perfectos significa ser misericordiosos. ¿Una persona que no es misericordiosa es perfecta? ¡No! ¿Una persona que no es misericordiosa es buena? ¡No! La bondad y la perfección radican en la misericordia. Cierto, Dios es perfecto. Todavía, si lo consideramos así, se hace imposible para los hombres alcanzar esta absoluta perfección. En cambio, tenerlo ante los ojos como misericordioso, nos permite comprender mejor en que consiste su perfección y nos impulsa a ser como Él llenos de amor, de compasión y misericordia.

Ante la lectura de este pasaje bíblico el Papa Francisco pregunta: ¿Las palabras de Jesús son reales? ¿Es de verdad posible amar como ama Dios y ser misericordiosos como Él?

La historia revela a un Dios incesante e inagotable de amor por los hombres: Dios es como un padre o como una madre que ama con un amor infinito y lo derrama con abundancia sobre toda creatura. La muerte de Jesús en la cruz es el culmen de la historia de amor de Dios con el hombre. Un amor talmente grande que solo Dios lo puede realizar. Es evidente que, relacionado con este amor que no tiene medidas, nuestro amor siempre será en defecto. Pero, ¡cuando Jesús nos pide ser misericordiosos como el Padre, no piensa en la cantidad! Él pide a sus discípulos convertirse en signo, canales, testigos de su misericordia.

Es por ello que los santos han encarnado el amor de Dios que les desbordaba en múltiples formas de caridad en favor de los necesitados.  Perdonar y dar, Jesús no busca alterar el curso de la justicia humana, pero manifiesta que en la comunidad cristiana hay que suspender juicios y condenas, añadió el Pontífice.

Francisco explicó que la misión de la Iglesia también es “ser sacramento de la misericordia de Dios en el mundo” y por tanto todo cristiano está llamado a ello. Todo cristiano, por lo tanto, es llamado a ser testigo de la misericordia, y esto sucede en el camino a la santidad. ¡Pensemos en tantos santos que se han hecho misericordiosos porque se han dejado llenar el corazón con la divina misericordia! Han dado cuerpo al amor del Señor derramándolo en las múltiples necesidades de la humanidad sufriente. En este florecer de tantas formas de caridad es posible reconocer los reflejos del rostro misericordioso de Cristo.

Por último el Papa Francisco recordó “el perdón es manifestación de la gratuidad del amor de Dios, que nunca da a un hijo por perdido. No podemos ponernos por encima del otro, al contrario debemos llamarlo continuamente a la conversión”. El amor misericordioso es el único camino a seguir, recuerden ¡si prefieren un corazón lleno de amor, sean misericordiosos!”.


Redacción: Paola Andrea Galindo González