Con gran energía y tono muy severo, el Papa Francisco advirtió el jueves en la sede del Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (UNEP) que “sería triste y me atrevo a decir, hasta catastrófico” un fracaso de la conferencia mundial para frenar el cambio climático, COP21, que comienza el próximo lunes en París con el objetivo de fijar a cada país límites de emisión de gases que provocan el «efecto invernadero».

Refiriéndose implícitamente a las compañías petroleras y carboneras más retrógradas ante el problema, Francisco alertó que «sería triste y me atrevo a decir hasta catastrófico, que los intereses de los intereses particulares prevalezcan sobre el bien común y lleven a manipular la información para proteger sus proyectos».

“No podemos permanecer indiferentes ante esto. No tenemos derecho”

A diferencia de muchas compañías energéticas europeas, que se adaptan a la nueva situación, algunos gigantes norteamericanos del petróleo y del carbón invierten masivamente en crear continuas dudas sobre el calentamiento global. Algunas financian incluso criticas de cualquier tipo contra el Papa desde que empezó a escribir la encíclica ecológica “Laudato si”, que amenazaba con tocar sus beneficios.

Ante un público de embajadores y funcionarios que le interrumpió numerosas veces con fuertes aplausos, el Santo Padre recordó uno de los pasajes de esa encíclica que le pusieron en el punto de mira de una categoría de nuevos enemigos.

Es el punto 38, en que legitima “la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales e internacionales”.

Nuevo sistema energético

En un discurso pronunciado en español, «la conferencia de las partes COP21 en París es un paso importante en el proceso de desarrollo de un nuevo sistema energético, que dependa al mínimo de los combustibles fósiles, busque la eficacia energética y estructure el uso de energía con bajo o nulo contenido de carbono». En su opinión, «estamos ante el gran compromiso político y económico de replantear y corregir las disfunciones y distorsiones del actual modelo de desarrollo».

Además de referirse a aspectos prácticos como la necesidad de «un diálogo sincero y abierto» entre «autoridades políticas, comunidad científica, empresas y sociedad civil», Francisco dirigió una mirada de gran amplitud a través de la historia.

Conciencia profunda

Ahora, por primera vez, el mundo se da cuenta del daño irreversible que los seres humanos están causando a la naturaleza y, según el Papa, “esta toma de conciencia profunda nos lleva a esperar que, si la humanidad del periodo post-industrial podría ser recordada como una de las más irresponsables de la historia, la humanidad de comienzos del siglo XXI sea recordada por haber asumido generosamente su grave responsabilidad”.

Como su discurso tenía lugar en el corazón de África, el Santo Padre se refirió también a algunos de los problemas específicos de un continente que  ofrece al mundo una belleza y una riqueza natural que nos lleva a alabar al Creador” pero, al mismo tiempo, sufre el saqueo de los “tráficos ilegales” a manos de pequeños delincuentes o de grandes empresas multinacionales.

Piedras preciosas y coltán

El Papa se refirió concretamente al “comercio ilegal de diamantes y piedras preciosas, de metales raros de alto valor estratégico, de maderas y material biológico, y de productos animales como el tráfico del marfil, alimentando la inestabilidad política, el crimen organizado y el terrorismo”.

Estaba hablando de los “diamantes de sangre”, obtenidos a bajo precio por las compañías que fomentan las guerras intertribales o interreligiosas. Y de la “madera de sangre”, que las compañías madereras sacan ahora de las zonas controladas por las dos milicias armadas en la República Centroafricana, según han denunciado organizaciones humanitarias como Amnistía Internacional o Global Witness.

Nairobi es la sede de dos organismos de Naciones Unidas: el Programa de Medio Ambiente –cuyos temas centraron buena parte de la intervención del Papa-, y también el programa Hábitat.

Su director ejecutivo, Joan Clos, ex alcalde de Barcelona y ex ministro con el gobierno Zapatero, le pidió permiso “para dirigirme a usted en castellano, ya que esta es una sede internacional”. En unas breves palabras, Clos agradeció las referencias de la encíclica “Laudato si” a las condiciones insalubres de los barrios de chabolas y manifestó su confianza en que el esfuerzo de la Santa Sede ayudará a “mejorar las condiciones de vida de los más pobres que viven hacinados en las grandes ciudades”.

En realidad, es el Papa quien lo hace personalmente, visitando las “favelas” de Rio de Janeiro, las de Asunción o, este mismo viernes, la de Kangemi en Nairobi.

A lo largo de su discurso, Francisco se refería a problemas globales pero también a las personas concretas que los sufren pues “son muchos los rostros, las historias, las consecuencias evidentes en miles de personas que la cultura del degrado y del descarte ha llevado a sacrificar bajo los ídolos de las ganancias y del consumo”.

Por eso insistió en que no podemos «resignarnos ante las formas extremas y escandalosas de descarte y de exclusión social, como son las nuevas formas de esclavitud, el tráfico de personas, el trabajo forzado, la prostitución o el tráfico de órganos».

Ante un público de diplomáticos pero dirigiéndose a una audiencia mundial, volvió a recalcarlo: “Son muchas vidas, son muchas historias, son muchos sueños que naufragan en nuestro presente. No podemos permanecer indiferentes ante esto. No tenemos derecho”.

 

ABC

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