El Papa Francisco clausuró el Año de la  Vida Consagrada Invitando a los feligreses a tener una acción de gratitud. “Gratitud: esta es una palabra que puede sintetizar todo aquello que hemos vivido en este Año de la Vida Consagrada, gratitud por el don del Espíritu Santo, que anima siempre a la Iglesia a través de los diversos carismas”.

En fiesta de la Presentación del Señor al Templo y en una emotiva celebración Eucarística presidida por el santo Padre en la Basílica de San Pedro, el Pontífice recordó en su homilía que “Jesús es el rostro de la Misericordia del Padre. Es éste el ícono que el Evangelio nos ofrece al final del Año de la Vida Consagrada, un año vivido, resaltó el Papa, con mucho entusiasmo”.

 

“La fiesta de hoy, sobre todo en Oriente, dijo el Papa, es llamada fiesta del encuentro. Contemplamos el encuentro con el viejo Simeón, que representa la espera fiel de Israel y el regocijo del corazón por el cumplimiento de las antiguas promesas. Admiramos también el encuentro con la anciana profetisa Ana, que, al ver al Niño, exulta de alegría y alaba a Dios. y el futuro, lleno de esperanza”. En ello se puede ver el inicio de la vida consagrada.

 

“Los consagrados y las consagradas están llamados ante todo a ser hombres y mujeres del encuentro, afirmó el Obispo de Roma. La vocación, de hecho, no toma las mociones de un proyecto nuestro pensado ‘con cálculo’, sino de una gracia del Señor que nos  alcanza, a través de un encuentro que cambia la vida. Quien verdaderamente encuentra a Jesús no puede permanecer igual que antes. Él es la novedad que hace nuevas todas las cosas. Quien vive este encuentro se convierte  en testimonio y hace posible el encuentro para los otros; y también se hace promotor de la cultura del encuentro, evitando la autoreferencialidad que nos hace encerrarnos en nosotros mismos”.

Antes de concluir su homilía, el Papa hizo notar también a los consagrados que “en la fiesta de hoy aprendemos a vivir la gratitud por el encuentro con Jesús y por el don de la vocación a la vida consagrada”. “Cúan hermoso es cuando encontramos el rostro feliz de personas consagradas,  quizás ya con tantos años como Simeón o Ana,  felices y llenas de gratitud por la propia vocación”.

 

(Tomado de: News.va)

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