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Cercana está la fecha en que la Iglesia Católica  celebra la Fiesta de Santa María Goretti. Por esta razón el Papa francisco ha solicitado a las diócesis italianas para exaltar la devoción a la Santa.

La festividad de Santa María Goretti se celebra cada 6 de julio, la joven italiana que fue canonizada por la virtud de su vida y por haber muerto mártir por conservar su pureza.

El Santo Padre bendice así las iniciativas organizadas por las dos diócesis italianas de Latina y Albano vinculadas a esta santa, donde murió y donde se venera su cuerpo. Así, les pide dirigirse a los lugares en los que está viva la memoria de esta santa, les estimule  e incentive a comprometerse, como la Santa que veneran, “a ser testigos del perdón”.

Para 1950 un 24 de junio y después de numerosos estudios, la Santa Sede la canonizó en una ceremonia que se tuvo que realizar en la Plaza de San Pedro.

En la ceremonia de canonización acompañaron a Pío XII la madre, dos hermanas y un hermano de María. Durante esta ceremonia Su Santidad Pío XII exhaltó la virtud de la santa y sus estudiosos afirman que por la vida que llevó aún cuando no hubiera sido mártir habría merecido ser declarada santa.

El Papa recuerda el Papa las palabras de perdón que ella tuvo para su agresor, en el lecho de muerte, cuando le dijo al capellán del hospital de Neptuno: “Lo perdono y lo quiero conmigo en el paraíso”.

El perdón –asegura el Santo Padre– se convierte en la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir. Qué difícil parece muchas veces perdonar. Aun así, “el perdón es el instrumento puesto en nuestras manos para alcanzar la serenidad del corazón”, recuerda Francisco.

Dirigiendo la mirada a los últimos momentos de la vida de María Goretti, el Papa recuerda en su carta que “precisamente esta generosa ofrenda de perdón acompaña la muerte de la joven Marietta y constituye para su asesino el inicio de ese sincero camino de conversión que, al final, lo conducirá a gustar el confiado abandono en los brazos del Padre de la misericordia”.
Otro aspecto que el Santo Padre revela es la devoción de la joven santa por la eucaristía. Es conmovedor –observa– el fervor con el que Marietta se preparó para recibir por primera vez la eucaristía y con el que, después se dirigía a la misa” aunque si “vista la situación de los lugares y las circunstancias de su vida, pudo alimentarse de Cristo solo algunas pocas veces más”.


Contenido Radio Vaticano / ACI Prensa