Fotografía Aciprensa

Cada 4 de noviembre la iglesia  celebra a San Carlos Borromeo, el Santo Patrono de San Juan Pablo II.

San Carlos es precisamente uno de esos Santos, a quien le fue dada la palabra “para dar a conocer el Evangelio”, del cual era “embajador”, habiendo heredado su misión de los Apóstoles. El realizó esta misión de modo heroico con la entrega total de sus fuerzas.

San Carlos se preocupó mucho por la formación de los sacerdotes. Destituyó a algunos presbíteros indignos y los reemplazó por personas que restauraran la fe y las costumbres del pueblo.

La Iglesia le debe una radical renovación del clero, a la cual contribuyó la institución de los seminarios, cuyo origen se remonta precisamente al Concilio de Trento. Y otras obras. Los volúmenes de las “Acta Ecclesiae Mediolanensis” y los documentos que se refieren a las visitas pastorales, atestiguan esta intensa y clarividente actividad de San Carlos, cuya vida se podría sintetizar en tres expresiones: “fue un Pastor santo, un maestro iluminado, un prudente y sagaz legislador”.

San Carlos, siempre resalto la gran importancia que tiene el bautismo, en el que recibí precisamente su nombre. Con el bautismo, según las palabras de San Pablo, somos sumergidos en la muerte de Cristo para recibir de este modo la participación en su resurrección.


Redacción: Verónica Palacio 

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