Santa Clotilde es conocida por ser la matriarca de una familia de santos y porque consiguió la conversión al catolicismo de su esposo, el fundador de la nación francesa. Se le conmemora cada 22 de diciembre.

Según la tradición, la Santa era hija del rey de Borgoña y nació en el tiempo de la caída de Roma. Por aquel entonces Europa occidental era arrasada por bárbaros y su padre fue asesinado por un “usurpador”, quien encerró a Clotilde en un castillo. Ella aprovechó este tiempo para la oración y repartir entre los pobres las ayudas que obtenía.

Clodoveo, el rey de los francos, atraído por su belleza y sabiduría envió a uno de sus secretarios para que disfrazado de mendigo hiciera fila para pedir limosna y le propusiera a Clotilde que aceptara un matrimonio en secreto. Aunque este rey no era católico, ella recibió la argolla de matrimonio con el fin de convertirlo al catolicismo.

El rey comunicó al “usurpador” que había contraído nupcias con Clotilde y que debía dejarla partir a Francia. Así sucedió y las fiestas de celebración entre los esposos fueron muy brillantes. Un año después nació el primer hijo y la santa obtuvo de su esposo que le permitiera bautizarlo como católico, pero poco después el pequeño murió.

Clodoveo creyó que eso sucedió por abandonar su religión pagana y se resistió a convertirse. Ella, en cambio, siguió ganando su voluntad con amabilidad y rezando por su conversión. Los alemanes atacaron a Clodoveo y él en la terrible batalla exclamó: “Dios de mi esposa Clotilde, si me concedes la victoria, te ofrezco que me convertiré a tu religión”.

De manera inesperada el ejército del rey ganó y más adelante Clodoveo se hizo instruir por el Obispo San Remigio. Es así que en la Navidad de 496 se bautizó con todos los jefes de su gobierno. Desde aquel entonces en la nación francesa se profesó la religión católica.

Por el 511 murió Clodoveo y Santa Clotilde luchó porque reine la paz, pero la ambición del poder hizo que algunos de sus hijos y familiares murieran en las guerras civiles por la sucesión.

Santa Clotilde, desilusionada por tantas guerras, se retiró a Tours y pasó allí el resto de su vida dedicada a la oración y las buenas obras al servicio de los pobres, enfermos y afligidos.

Se dice que sus hijos Clotario y Chidelberto se declararon la guerra y la Santa se dedicó a rezar fervorosamente por la paz entre ellos. Es así que cuando sus ejércitos estaban listos para la batalla, una tormenta espantosa estalló y los combatientes tuvieron que retirarse.

Los hermanos hicieron las paces y fueron ante su madre para prometerle que ya no serían enemigos. Días después, Santa Clotilde partió a la Casa del Padre y sus hijos llevaron su ataúd hasta la tumba del rey Clodoveo.

La biznieta de la Santa llamada Berta se casó con San Ethelbert de Kent, la hija de este matrimonio fue Santa Ethelburga, quien convirtió a su esposo el rey San Edwin.

 
Aciprensa
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