Ignoramos cuánto dolor siente un refugiado, un migrante, cuanto puede sufrir por el dolor de tener que partir de su patria, de su país, cuanto ignoramos el dolor de aquellos que un día vivieron en la armonía de su ciudad, de su pais,  pero que en un abrir y cerrar de ojos lo perdieron todo y tuvieron que marcharse a tierras desconocidas donde muchas veces no son bien recibidos, pero donde siempre habrá una pequeña luz en el alma de ese alguien que estar dispuesto a tenderles la mano y a recibirles.

Esta es la conmovedora reflexión que nos deja el Papa Francisco , basada en un hecho real en cual tu o yo podríamos haber sido los protagonistas.


Redacción: Paz Estéreo

 

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