En la catequesis de este miércoles, el Papa Francisco reflexionó sobre la parábola bíblica del rico epulón y del pobre Lázaro.

En la audiencia general el pontífice contrastó dos  modos de vida, “el rico disfruta de una vida de lujo y derroche” en cambio, “Lázaro está a su puerta en la más absoluta indigencia, y es una llamada constante a la conversión del opulento, que este no acoge”.

De este modo, ha subrayado que ya en la muerte “el rico fue condenado a los tormentos del infierno, no por sus riquezas, sino por no compadecerse del pobre”. En su desgracia, ha añadido, pidió ayuda a Abrahán, con quien estaba Lázaro. “Pero su petición no pudo ser acogida, porque la puerta que separaba al rico del pobre en esta vida se había transformado después de la muerte en un gran abismo”, ha aseverado el Santo Padre.

Así, ha concluido indicando que esta parábola “nos enseña que la misericordia de Dios con nosotros está estrechamente unida a la nuestra con el prójimo” y “cuando falta nuestra misericordia con los demás, la de Dios no puede entrar en nuestro corazón cerrado”. Dios –ha precisado el Santo Padre– quiere que lo amemos a través de aquellos que encontramos en nuestro camino.

 


(Fuente: Zenit.org)

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