El papa Francisco ha asegurado este jueves que solo el corazón abierto es capaz de acoger la misericordia de Dios. Lo hizo durante la homilía de la misa celebrada esta mañana en Santa Marta. De este modo, reflexionó sobre la infidelidad del pueblo de Dios que solo puede ser vencida en el reconocerse pecadores y así iniciar un camino de conversión.

Haciendo referencia a las lecturas del día, Francisco recordó que podemos ver de un lado la fidelidad del Señor y de otro la “fidelidad fallida” de su pueblo. Al comentar la primera lectura, del Libro de Jeremías, el Papa subrayó que “Dios es siempre fiel, porque no puede renegarse a sí mismo” mientras que el pueblo no escucha su Palabra.

Tal y como explicó el Pontífice, Jeremías no cuenta por tanto las “muchas cosas que ha hecho Dios para atraer los corazones de la gente”, pero el pueblo permanece en su infidelidad. Esta infidelidad del pueblo de Dios — afirmó– también la nuestra, nuestra propia infidelidad, nos endurece el corazón: ¡cierra el corazón!
En esta línea, precisó que este corazón “no deja entrar la voz del Señor que, siendo padre amoroso, nos pide siempre abrirnos a su misericordia y a su amor”.

En el salmo hoy se proclama: “Escuchad hoy la voz del Señor. ¡No endurezcáis vuestro corazón! Por eso, el Santo Padre aseveró que el Señor siempre nos habla así, también con ternura de padre nos dice: ‘Volved a mí con todo el corazón, porque soy misericordioso y piadoso’. Pero cuando el corazón está duro esto no se entiende. La misericordia de Dios solamente se entiende si tú eres capaz de abrir tu corazón, para que pueda entrar”.

Al respecto, el Papa advirtió de que “el corazón se endurece y vemos la misma historia” en el pasaje del Evangelio de Lucas, donde Jesús es desafiado por aquellos que habían estudiado las Escrituras, “los doctores de la ley que conocían la teología, pero estaban muy cerrados”. En cambio la multitud “estaba sorprendida”, “¡tenía fe en Jesús. Tenía el corazón abierto, imperfecto, pecador, pero el corazón abierto”.

El Papa observó que estos teólogos “tenían una actitud cerrada”, “siempre buscando una explicación para no entender el mensaje de Jesús”, “le pedían un signo del cielo. ¡Siempre cerrados! Era Jesús que justificaba lo que hacía”.

Asimismo, el Santo Padre recordó que “esta es la historia, la historia de esta fidelidad fallida. La historia de los corazones cerrados, de los corazones que no dejan entrar la misericordia de Dios, que han olvidado la palabra ‘perdón’ — ‘perdóname Señor’– simplemente porque no se sienten pecadores: se sienten jueces de los otros”. Y Jesús explica esta fidelidad fallida con dos palabras claras, para poner fin, para terminar este discurso de estos hipócritas: ‘Quien no está conmigo está contra de mí’.

Pero, el Papa también reconoció que hay un posible “camino”, una “salida”. Confesarse. “Si tú dices ‘soy un pecador’, el corazón se abre y entra la misericordia de Dios y comienzas a ser fiel”.
Para finalizar la homilía, el Papa invitó a pedir al Señor la gracia de la fidelidad. “Y el primer paso para ir en este camino de la fidelidad es sentirse pecador. Si tú no te sientes pecador, has empezado mal”. Pidamos la gracia –concluyó– de que nuestro corazón no se endurezca, que se abra a la misericordia de Dios, y la gracia de la fidelidad.

 

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