Vivir intensamente este tiempo litúrgico y buscar la conversión, fue el mensaje del Papa Francisco en el Ángelus.

“Un año de gracia: el tiempo del ministerio de Cristo, el tiempo de la Iglesia antes de su regreso glorioso, el tiempo de nuestra vida, marcado por un cierto número de Cuaresmas, que se nos ofrecen como ocasiones de arrepentimiento y de salvación”.

En el encuentro del último domingo de febrero desde la Plaza de San Pedro y ante cientos de fieles, el Pontífice invocó la protección de la Virgen Maria, agregando ““para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia; y nos ayude a no juzgar jamás a los demás, sino a dejarnos interpelar por las desgracias cotidianas para hacer un serio examen de conciencia y arrepentirnos”.

Francisco recordó en la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma que: muchas veces el hombre juzga de modo equivocado los acontecimientos de nuestro tiempo, señalando que las desgracias suceden porque es signo que Dios los ha castigado por alguna culpa grave que han cometido.

“Jesús rechaza claramente esta visión, dijo el Papa, porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que aquellas pobres víctimas no eran peores de los otros. Más bien, Él invita a sacar de estos hechos dolorosos una enseñanza que se refiere a todos, porque todos somos pecadores; de hecho, dice a aquellos que le habían interpelado: «Si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera»

El Santo Padre invitó a reflexionar sobre: ¿Qué idea de Dios nos hemos hecho? ¿Estamos realmente convencidos que Dios es así, o esto no es otra cosa que nuestra proyección, un dios hecho “a nuestra imagen y semejanza”? Jesús, afirma el Pontífice, “nos invita a cambiar el corazón, a hacer una radical inversión en el camino de nuestra vida, abandonando los compromisos con el mal, las hipocresías, para retomar decididamente el camino del Evangelio”.

(Tomado de: news.va)

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