En la primera Audiencia el Papa Francisco reflexionó sobre el sentido del sufrimiento humano y cómo de este y del llanto puede surgir la esperanza.

El Santo Padre señaló que las palabras de consuelo no sirven ante una persona que sufre, salvo que se haga partícipe de su sufrimiento. Para hablar de esperanza a los desesperados, es necesario compartir su desesperación; para secar una lágrima en la cara del que sufre, es necesario unir al suyo nuestro llanto. Solo así nuestras palabras podrán ser realmente capaces de dar un poco de esperanza”

En su catequesis, el Papa quiso centrarse en la figura de Raquel, “que habla de la esperanza vivida en el llanto”. Raquel era “la esposa de Jacob y la madre de José y Benjamín, la cual, como relata el Libro del Génesis, muere al dar a luz al segundo de sus hijos”.

El Papa lamentó que “son tantas, también hoy, las madres que lloran, que no se resignan a la pérdida de un hijo, inconsolables delante de una muerte imposible de aceptar. Raquel encarna el dolor de todas las madres del mundo, de todos los tiempos, y las lágrimas de todo ser humano que llora pérdidas irreparables”.

“Esta mujer, que había aceptado morir en el momento del parto para que su hijo viviese, con su llanto es ahora principio de vida nueva para los hijos exiliados. Al dolor, al llanto amargo de Raquel, el Señor responde con una promesa que ahora puede ser para ellos motivo de verdadero consuelo: el pueblo podrá regresar del exilio y vivir en la fe, libre, su relación con el Señor. Las lágrimas han generado esperanza”.

“Los niños de Belén murieron por causa de Jesús. Y Él, Cordero inocente, fue a morir, a su vez, por todos. El Hijo de Dios entró en el dolor de los hombres, lo compartió y lo confirmó en la muerte. Su Palabra es, definitivamente, palabra de consuelo, porque nace del llanto”, Puntualizo el Santo padre 


Redacción: Verónica Palacio

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