La Iglesia San Ignacio fue el primer templo jesuita que hubo en Bogotá y el más importante centro religioso durante el siglo VXII.

El templo San Ignacio uno de los más antiguos del país ubicado en el centro histórico de Bogotá fue restaurado durante 14 años y este 23 de octubre se reabrió a los fieles católicos.

Contribuyeron a la restauración integral de esta obra arquitectónica el Ministerio de Cultura, la Pontifica Universidad Javeriana, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural y The World Monument Fund. La intervención tuvo un costo total de $11.000 millones de pesos.

Se restauró la cúpula central, incluidas las pinturas murales atribuidas a Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, así como la pintura mural de la cúpula de la capilla de San José, obra del Padre Santiago Páramo, S.J.

La bóveda central fue restaurada en su totalidad, con procesos estructurales y arquitectónicos, y se recuperaron los elementos decorativos, tales como molduras y tallas.

La iniciativa de restaurar este bien inmueble surge de la Pontificia Universidad Javeriana, entidad que realizó en el 2002 los estudios técnicos que marcarían la hoja de ruta de lo que ha sido la intervención hasta 2017.

Historia

En 1610, el 1 de noviembre se celebró la postura de la primera piedra con la que se inició la construcción del templo de San Ignacio, basados en el proyecto sugerido por el Padre jesuita, Juan Bautista Coluccini.

Esta edificación, que fue el primer templo jesuita que hubo en Santafé de Bogotá, además de ser el más importante centro religioso durante el siglo XVII, fue un escenario de aprendizaje de la sociedad de la época. Es una de las obras más representativas del manierismo en Hispanoamérica.

Está localizado en los límites con el tradicional Colegio Mayor de San Bartolomé, diagonal a la Plaza de Bolívar de Bogotá.

La Iglesia de San Ignacio fue declarada Bien de interés cultural del ámbito Nacional en 1975. Este templo alberga una de las colecciones más importantes de arte neogranadino. Sobresale la obra del retablo e imágenes del altar mayor, atribuidas al jesuita alemán Diego oessing, las obras de bulto de Pedro Laboria, los lienzos de Gregorio Vásquez y, muy especialmente, los frescos y murales de la capilla de San José elaborados por el jesuita Santiago Páramo.


Redacción: Paz Estéreo