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De cómo la virtud es el camino  de la felicidad y cómo las virtudes auténticas son atractivas y son la clave para la buena marcha de la sociedad.

Camino de felicidad:

Pasemos ahora a vuestra segunda pregunta. no veo yo eso que decís que es antipático y lleno de sacrificios el camino de la virtud. Camino real me parece a mí; camino que, quien de verdad se opone en él es más feliz y va más seguro.

No puedo entender qué teméis de poneros en el camino de la perfección.

¡Oh, y cuán malos ratos pasan los mundanos! Y cuán sin sosiego los deja su conciencia. Y cuán pesadas y sin sentido les han de resultar sus cruces, que en esta vida es imposible estar sin ellas.

¿Por qué no querremos ir por el camino que fue Jesús? Si otro camino mejor hubiera, Él lo hubiera elegido.

Y ¡qué bien nos ha ido a todos los que hemos caminado tras Él!

No tengáis miedo

No hayáis miedo de estos trabajitos que se han de pasar para ser buenos, y que Dios premia con mil consuelos ya en esta vida; trabajitos que, por otra parte, se han de acabar mañana.

Bien mirado, todo es poco lo que se padece por tan buen Dios, que tanto pasó por nosotros. No hayáis miedo a la virtud, no hayáis miedo de la cruz, “que en la cruz está la vida y el consuelo; y ella sola es el camino para el cielo!.

Amad la cruz

¿Sabéis por qué encontráis pesada la cruz? Por  no abrazarla con todo el corazón. La lleváis arrastrándola y de mala gana. Por eso os lastima y cansa y hace pedazos. Que la cruz, si es amada, es suave de llevar. Esto es cierto.

Si no os tragáis de una vez ese miedo que tenéis al esfuerzo y al sacrificio, despedíos de cultivar virtudes. Que en este jardín de vuestro corazón sólo los vicios crecen sin esfuerzo; no las virtudes.

Ejercicio de espirituales

Por eso querría completar aquí el tema de la oración, de que antes hablé, con el ejercicio de virtudes que ahora diré. que no habéis de poner la perfección sólo en rezar y contemplar. porque, si no procuráis virtudes y hay ejercicio de ellas, siempre os quedaréis enanos. Y aún quiera Dios que sea sólo no crecer porque ya sabéis que quien no crece, decrece.

Además no se conoce el valor de una persona en rincones, sino en mitad de las ocasiones. Allí se prueba la caridad, la paciencia, la humildad…

Amor de Dios y del prójimo

Hablemos en primer lugar de la caridad. Veréis cuán desatinados están los que dicen que la virtud nos aparta de la realidad y nos hace menos hombres.

Caridad es amor de Dios y del prójimo. En esto habemos de trabajar: en amar; que ahí está todo lo que se ha de hacer.

Pero la más cierta señal que, a mi parecer, hay si guardamos el amor de Dios es guardando el amor al prójimo: porque si amamos a Dios, no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo sí.

 

Mensaje de Teresa de Jesús al hombre de hoy

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