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Memoria, fe y el amor misericordioso los 3 pilares sobre los que edificar y reconstruir la vida cristiana.

Desde la plaza Vartanants en la ciudad de Gyumri, en Armenia, el Papa Francisco realizó se dirigió a los fieles, ante la pregunta ¿Qué es lo que el Señor quiere que construyamos hoy en la vida?” proponiendo 3 pilares sobre los que edificar y reconstruir la vida cristiana.

En su homilía invita a leer la palabra de Dios y a entregarnos  a Él en la oración.

Memoria 

El Santo Padre invita a encontrarnos con Dios, a no olvidar lo que ha hecho por nosotros, abrir nuestro corazón y reconocer su intercesión.

“Una gracia que tenemos que pedir es la de saber recuperar la memoria, la memoria de lo que el Señor ha hecho en nosotros y por nosotros: recordar que, como dice el Evangelio de hoy, él no nos ha olvidado, sino que se acuerda de nosotros: nos ha elegido, amado, llamado y perdonado”.

Francisco Recordó que Dios no se ha olvidado del pueblo armenio “no os ha dejado solos”. “Incluso en medio de tremendas dificultades, podríamos decir con el Evangelio de hoy que el Señor ha visitado a su pueblo: se ha acordado de vuestra fidelidad al Evangelio, de las primicias de vuestra fe, de todos los que han dado testimonio, aun a costa de la sangre, de que el amor de Dios vale más que la vida”, señaló.

Fe 

Qué bueno es recordar con gratitud que la fe cristiana se ha convertido en el aliento de vuestro pueblo y el corazón de su memoria.

El Pontífice subrayó que “la fe es también la esperanza para vuestro futuro, la luz en el camino de la vida”. “Existe siempre un peligro que puede ensombrecer la luz de la fe: es la tentación de considerarla como algo del pasado, como algo importante, pero perteneciente a otra época, como si la fe fuera un libro miniado para conservar en un museo”.

“Sin embargo, si se la relega a los anales de la historia, la fe pierde su fuerza transformadora, su intensa belleza, su apertura positiva a todos. La fe, en cambio, nace y renace en el encuentro vivificante con Jesús, en la experiencia de su misericordia que ilumina todas las situaciones de la vida. Es bueno que revivamos todos los días este encuentro vivo con el Señor”.

A los jóvenes les pidió que si Jesús llama “para seguirlo más de cerca, para entregar la vida por él y por los hermanos”, “no tengáis miedo, dadle vuestro sí”.

“Él nos conoce, nos ama de verdad, y desea liberar nuestro corazón del peso del miedo y del orgullo. Dejándole entrar, seremos capaces de irradiar amor. De esta manera, podréis dar continuación a vuestra gran historia de evangelización, que la Iglesia y el mundo necesitan en esta época difícil, pero que es también tiempo de misericordia”.

Amor misericordioso

“La vida del discípulo de Jesús se basa en esta roca, la roca del amor recibido de Dios y ofrecido al prójimo”, explicó el Pontífice. Por eso, “el rostro de la Iglesia se rejuvenece y se vuelve atractivo viviendo la caridad”.

“El amor concreto es la tarjeta de visita del cristiano: otras formas de presentarse son engañosas e incluso inútiles, porque todos conocerán que somos sus discípulos si nos amamos unos a otros”, dijo en la homilía.

Francisco aseguró que “estamos llamados ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión, a construir puentes de unión y superar las barreras que separan”. “Que los creyentes den siempre ejemplo, colaborando entre ellos con respeto mutuo y con diálogo, a sabiendas de que la única competición posible entre los discípulos del Señor es buscar quién es capaz de ofrecer el amor más grande”, pidió a los fieles armenios.

Por otro lado, el Pontífice recordó que “se necesitan cristianos que no se dejen abatir por el cansancio y no se desanimen ante la adversidad, sino que estén disponibles y abiertos, dispuestos a servir”.

Además, “se necesitan hombres de buena voluntad, que con hechos y no sólo con palabras ayuden a los hermanos y hermanas en dificultad; se necesitan sociedades más justas, en las que cada uno tenga una vida digna y ante todo un trabajo justamente retribuido”.


Con Información Radio Vaticana