En la Audiencia General del miércoles 14 de setiembre el Santo Padre Francisco reflexionó a partir del Evangelio de Mateo, que narra la llamada del Señor a todos los afligidos y agobiados, con la promesa del descanso en su misericordia: “Queridos hermanos y hermanas, – comenzó diciendo en español-; En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús se dirige a sus discípulos para extenderles una invitación y lo hace a través de tres imperativos: «Vengan a mí», «tomen mi yugo», y «aprendan de mí». Jesús se dirige a quienes están cansados y agobiados para que confíen en él y encuentren alivio en su misericordia. Es una invitación a descubrir la voluntad de Dios, entrando en comunión con él y cargando con su cruz”.

En la catequesis el Papa explicó uno a uno los tres imperativos. El primer imperativo, «Vengan a mí», lo dirige a los desanimados de la vida, a los pobres y a los pequeños, a los que no pueden contar con los propios medios ni en amistades importantes, a quienes pueden sólo confiar en Dios. Ellos, dijo Francisco, en la invitación de Jesús encuentran finalmente la respuesta a su espera: convirtiéndose en sus discípulos reciben la promesa de encontrar consuelo para toda la vida. Una promesa que al final del Evangelio se extiende a todas la gentes, (cfr Mt 28,19).

El segundo imperativo, «tomen mi yugo», está para indicar el estrecho vínculo que une el pueblo a Dios, porque recibiendo el yugo de Jesús, cada discípulo entra en comunión con Él y se hace partícipe del misterio de su cruz y de su destino de salvación.

Por último, con el tercer imperativo, «aprendan de mí», el Señor propone un camino de conocimiento e imitación: “La propuesta de Jesús es un camino de conocimiento e imitación. Él no es un maestro severo que impone los pesos que él no ha llevado. Él mismo se ha hecho pequeño y humilde, su ejemplo nos enseña y es el camino a seguir”. Él comprende a los pobres y sufrientes, subrayó el Papa, porque Él mismo se hizo pobre y fue afectado por los dolores: “para salvar a la humanidad Jesús no recorrió un camino fácil, al contrario, su camino fue doloroso y difícil”, señaló. “Como recuerda la Carta a los Filipenses, «se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz»(2,8)”.

También para nosotros, prosiguió el Sucesor de Pedro, hay momentos de cansancio y de desilusión, pero el cansancio que llevamos consiste, a veces, en haber puesto la fe en cosas que no son lo esencial, porque nos hemos alejado de lo que en la vida es verdaderamente valioso. Y es por eso que la invitación que dirigió a todos fue, precisamente, la de acoger con valentía la llamada de Jesús y dejarnos mirar por Él:  “déjate mirar por el Señor, abre tu corazón, siente sobre ti su mirada, su misericordia, y tu corazón se llenará de alegría, de la alegría del perdón, si tu te acercas a pedir el perdón”.

En la conclusión de la catequesis en nuestro idioma, Francisco exhortó a pedirle a Dios “la gracia de tener la mirada limpia de Jesús que nos hace comprender cuánto camino debemos aún recorrer” que nos da a la vez “la alegría de saber que estamos caminando con él y no estamos solos”, e invitó, finalmente, a que pidamos el don de la alegría, que es “la gracia de sentirse discípulo de Jesús; de vivir junto a él con la fuerza de su consuelo y misericordia”.


Paz Estéreo / RV