Ilustración Paz Estéreo

A través de un diario obtenido durante una de las primeras persecuciones por hombres de iglesia, entre los años 20 e inicio de los años 30, Jesús explicaba al Padre Pío de Pietrelcina que es la misa diciendo: “Piensen que el sacerdote que me llama tiene entre sus manos un poder que ni siquiera he concedido a mi madre; reflexionen que si, en lugar de un sacristán, sirvieran al sacerdote los más excelsos serafines, no serían suficientes dignos de estar cerca de él. ¿Es entonces digno estar en la misa pensando en otra cosa que no sea yo?.

A lo que continúa diciendo” consideren el altar no por lo que hicieron los hombres, sino por aquello que vale, dada mi presencia mística, pero real. Miren la hostia, me vea humillado por ustedes; miren el Cáliz en el que mi sangre devuelve a la tierra en toda clase de bendiciones. Ofrecerme, ofrecerme al padre, por esa razón yo vuelvo a ustedes, y si les dicen vamos a Palestina a conocer los lugares santos donde Jesús ha vivido y ha muerto, es vuestro corazón el que susurraría.

El altar sobre el cual yo desciendo ahora es más que Palestina, porque de ella me fui hace veinte siglos y en el altar vuelo cada día vivo, verdadero, real, pero escondido, porque soy Yo, Yo precisamente Yo, quien palpita entre las manos del ministro, yo que vuelvo a ustedes, no de manera simbólica, sino de verdad, se los digo ahora verdaderamente.

Yo les digo traigan sus corazones al corporal santo que sostiene mi cuerpo, para que se sumerjan en ese Cáliz divino que contiene sangre, es ahí que el amor abrazara al creador, al redentor, su víctima de espíritus, es ahí donde celebraran mi gloria en la humillación infinita de mí mismo.


Redacción: Cristian Camilo Cuellar Trujillo

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