1949 y Yop, dos lugares y un punto de encuentro para las mujeres

Foto: Ángeles Jurado

La escritora y activista feminista Edwige Dro inauguró en Abiyán, la semana pasada, un espacio consagrado a la obra de mujeres negras y africanas

Por: Ángeles Jurado

EL PAÍS (ES)

Edwige-Renée Dro se cala las gafas de pasta negra y trenza cuidadosamente su cabello en la imagen del vídeo en el que nos invita a visitar 1949, un nuevo espacio cultural del barrio abiyanés de Yopougon operativo desde el pasado jueves. “Bienvenidos a 1949, la biblioteca de la escritura femenina africana y del mundo negro”, empieza ella en el dintel de la puerta del local. Vocaliza cuidadosamente y sonríe a medias antes de evolucionar, armada con un móvil, por las salas pintadas de color salmón y adornadas con perchas metálicas de las que penden libros. En el vídeo, grabado y compartido la mañana de la inauguración, Dro se queja de que «Mamá África» es un continente que parece que sólo puede dar luz a hijos varones y cita a los padres fundadores, de la nación o de la independencia.

“¿Cómo podemos hablar de Beyoncé sin hablar de las amazonas?”, se interroga a continuación, firme pero calma. “¿Cómo podemos hablar de la independencia de Nigeria sin hablar de las mujeres de Abeokuta, de Lagos? ¿Cómo podemos ocultar a Funmilayo Ransome-Kuti de los años de lucha de Nigeria? ¿Cómo podemos ocultar a Paulette Nardal y Suzanne Césaire del movimiento de la negritud? Y, ¿qué decir de nuestras propias amazonas, esas mujeres del PDCI-RDA (Partido Democrático de Costa de Marfil, Unión Democrática de África), que marcharon en Grand Bassam en 1949?». Y se explaya hablando de un grupo de 2.000 activistas a quienes la narración popular redujo a esposas y madres de ocho opositores encarcelados por Gobierno francés. A continuación se lanza a quejarse de que se haya borrado de la historia la capacidad de esas mujeres para hacer temblar a la administración colonial como líderes de opinión.

«1949 nace porque quería arrojar luz sobre la contribución de las mujeres africanas y del mundo negro al mundo», dice Dro en un audio por whatsapp, también la semana pasada. «¿Por qué las mujeres particularmente? Porque nos remontamos a 1949». La escritora precisa que en su país, Costa de Marfil, quienes tienen conciencia de la historia se acuerdan de la marcha de las mujeres en diciembre de 1949. Sin embargo, también precisa que antes de la marcha de diciembre, hubo una marcha en agosto, «una marcha exitosa», elabora, porque en ese año la administración colonial francesa había encarcelado a una vendedora de vino de palma y líder de opinión de Treichville, acusándola de fetichista y de escándalo nocturno. La presa bailaba el adjanou, una danza ritual nocturna, algo que los franceses clasificaban como brujería e incomodaba a la administración colonial.

«Al día siguiente de su arresto, cuando lo supieron sus compañeras del mercado de Treichville, fueron a la prisión de Grand Bassam a liberarla», continúa Dro. «No marcharon en el sentido estricto de la palabra. Fueron allí en coche y consiguieron la liberación de su hermana Adjoua. Fue la primera victoria que se ocultó. A raíz de ese triunfo, decidieron ir a liberar a los hombres que estaban en prisión desde hacía dos años, sin fecha de juicio ni cargos contra ellos. Creo que fue el mismo PDCI, al ver que las mujeres no querían regresar a Abiyán, el que les pidió que firmaran una carta encabezada como ‘Nosotras, las madres y las esposas de esos hombres’. Así devino la narración popular de una marcha para liberar a sus familias. Había ocho hombres y 2.000 mujeres. Todos esos hombres no estaban casados con ellas ni eran sus familiares».

La escritora y activista se centra después en Marie Koré, una de las cabecillas de la marcha de diciembre, que sí que estaba casada con René Koré, uno de los presos. «Pero también era la presidenta de la sección femenina del PDCI en Treichville», advierte. «Antes de ser la esposa, era una política. Todas aquellas mujeres eran políticas, líderes de opinión».

Edwige Dro se ha embarcado en este proyecto con otras dos compañeras, Mariette y Vivianne, y defiende que 1949 quiere presentar a las mujeres tal como son. «No queremos limar asperezas», asegura. «No vamos a cambiar nada. Somos mujeres y podemos ser fuertes, débiles, malas o buenas y cuando se liman las asperezas, todo eso desaparece». Su credo particular comienza con presentar las historias de las mujeres africanas y del mundo negro sin ocultar ni enterrar ninguna parte. «Vamos a decir todo lo que hay para que todos podamos sacar nuestras conclusiones», concluye.

1949 será un espacio, no una biblioteca. «Estamos en sociedades duras y difíciles, así que es un espacio para que las mujeres puedan tomar un café o un vaso de lo que sea y ser. Solamente ser», apunta. Se ubica cerca de la oficina de COOPEC en Ananeraie y la farmacia Élysées, en un barrio descomunal habitado por más de un millón de almas. Aquí es donde la también lectora, escritora, bloguera y activista Tchonté Silué abrió hace unos años el Centro Eulis, una biblioteca que pretende contagiar la pasión por la lectura especialmente entre los más pequeños. Ambas iniciativas intentan añadir nuevas facetas al barrio, famoso paraíso del maquis y la fiesta y significado políticamente en tiempos de la crisis poselectoral, cuando se apellidó pro-Gbagbo.

1949 abre de jueves a domingo, de 11.00 a 19.00 horas, y se avitualla con obras de Maryse Condé, Toni Morrison, Edwidge Danticat, Mariama Bâ o Aminata Sow Fall, además de con pasteles o incluso cervezas. Pero también y sobre todo, se piensa como un remanso de conversaciones, silencios y sororidad.


Tomado del diario EL PAÍS (ES)