António Lobo Antunes: “Para ser amigo de un escritor tengo que admirarlo”

Foto: Revista Ñ / Diario Clarín

El escritor portugués publica una nueva novela e ingresa en la colección La Pléiade. Una conversación polémica.

Por: Xavi Ayén

Revista Ñ / Clarín (Ar)

António Lobo Antunes (Lisboa, 1942), autor de más de treinta libros, es uno de los más destacados autores de la lengua portuguesa. De este antiguo médico militar en Angola, psiquiatra, se cuentan algunas cosas horribles y otras maravillosas… y seguramente todas sean ciertas y falsas al mismo tiempo. Su colega Lídia Jorge lloró cuando él consideró indigno que compartieran ambos un plató de televisión, y sus salidas de tono nada menos que contra Saramago (“una mierda”) y Pessoa (“me pregunto si un hombre que jamás ha follado puede ser buen escritor”) son recordadas a menudo por sus detractores. Por otro lado, los que le conocen hablan de un hombre tierno, cariñoso y sensible. Y sus lectores se dejan llevar y sacudir gustosos por el torrente verbal y sensorial que son sus novelas, un flujo lingüístico donde la puntuación se rige por otras reglas, y la ensoñación, el pensamiento y los hechos conforman una única realidad narrativa. Autor de títulos como Esplendor de Portugal (1997), Exhortación a los cocodrilos (1999), Ayer no te vi en Babilonia (2006) o ¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? (2009), su última obra traducida al castellano es No es medianoche quien quiere, donde una mujer de 52 años acude a la casa de veraneo de su infancia y, a lo largo de tres días, devuelve a ese espacio las voces y hechos del pasado (las quejas de su madre, un padre alcohólico, un hermano sordo…) ayudándose del rumor de las paredes , las ventanas, los árboles y los pájaros. Lobo Antunes dialogó en la pasada Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

–Usted conoce bien Barcelona ¿verdad?

–Los catalanes me gustan mucho. Son muy parecidos a los portugueses y su idioma se lee sin dificultad. De hecho, no consigo descubrir muchas diferencias entre la gente de la península, somos la misma cosa, tenemos la misma manera de reaccionar… aunque se come mejor en Cataluña que en Portugal. Es una lástima que no seamos el mismo país todos los ibéricos. Felipe II de España y I de Portugal tenía todo el derecho a ser nuestro rey, era nieto del monarca legítimo. El gran amor de mi infancia fue una criada gallega que mis padres tenían. El escritor que más me conmueve aún es un gran poeta del siglo de oro de nuestra península, Quevedo, solamente Camões puede igualársele. Mi padre, neuropatólogo, nos leía en voz alta a los seis hijos, le gustaba mucho la poesía y Ramón y Cajal, un científico que escribía muy bien.

–Hablemos de su último libro, No es medianoche quien quiere…

– ¿Este? Lo publiqué en mi país hace seis años, ya no me acuerdo. Déjeme ver unas páginas al azar… Mmm… Sí, sí, me gusta, este creo que me quedó bien. Terminar un libro es muy duro, es como firmar los papeles para el divorcio, te queda un vacío muy grande, dejas de oír las voces que te han acompañado durante mucho tiempo. Es la única manera que tiene un hombre de sentirse embarazado, has de dedicarle mucho esfuerzo y tienes miedo de que te nazca un monstruo, te gustaría siempre que tu hijo sea el más guapo y el más inteligente. Los libros ya escritos procuro olvidarlos, es como las mujeres a las que has amado: si piensas en ellas no puedes disfrutar de la actual.

–La casa de veraneo de la protagonista ¿existe?

–Sí, mis padres tenían una casa allí. Uno no inventa nada. Empecé a escribir a los 13 ó 14 años, en aquella casa, era un lugar muy agreste, tenía la sensación por la noche de que el mar salvaje acercaba la cabeza a mi ventana y se me quedaba mirando.

–Hay un personaje que vuelve loco de la guerra, esa guerra de Angola en la que usted fue oficial.

–Mis soldados eran gente muy pobre. Uno de ellos nunca había visto el mar, estábamos en un tren y me pidió permiso para bajarse: “Mi teniente, ¿puedo ver el mar?”. Paramos y se fue a verlo y lloró. Yo también lloré, me emocionó tanto…

–Pero su hermano no murió en la guerra, como el de la protagonista del libro.

–Yo, desde luego, creo que no morí. Espero estar vivo aunque hay muchos muertos que no lo saben. Pude morir un día: como oficial, tenía derecho a dos guardaespaldas, uno de ellos era un chico de 20 años, muy simpático, alegre y guapo, lleno de vida. Yo acababa de recibir la noticia de que mi hija había nacido y sufrimos una emboscada, nos dispararon y el chico se interpuso para salvarme y la bala le mató a él. No quería aceptarlo: “Pónganmelo en mi cama –dije–, aún no murió”, pero sí, al final lo tuve que admitir. Estuve durante horas rumiando esas dos noticias contradictorias, mi hija recién nacida y aquel chico muerto.

– ¿Recuerda otros muertos?

–Un niño de 5 años enfermo de leucemia, en el hospital. Cuando murió, vino a por él un hombre, lo envolvió en un lienzo y se lo llevó en brazos. Yo me quedé mirando en el pasillo al hombre que se alejaba, la pierna del niño que se balanceaba. Era un niño precioso, y estaba muerto… Me puse furioso, la muerte es la puta más grande que existe. Fue un crimen horrible por parte de Dios.

–También ha vivido usted la larguísima dictadura de Portugal.

–La dictadura es violencia, con los cabrones de la policía política persiguiendo a la gente. Apresaron a mi hermano Miguel a los 17 años, y como era hijo de un burgués importante, solo lo enviaron de soldado para África. Lo interrogaron haciéndole esperar 36 horas, dejando que se meara encima y todo. La policía política y los periódicos decían que los presos políticos se suicidaban… sí, de un tiro en la espalda. Un amigo escritor fue procesado, la única vez que le vi llorar fue porque el informador que lo delató era su mejor amigo y padrino de su hija, eso es peor que morir de un tiro, muy duro. Para los latinos, los ibéricos, la amistad es muy importante, más que el amor, no admite traiciones, es sagrada. Mi abuelo me decía: “Un hombre puede no tener dinero, mujer, hijos ni trabajo, pero si tiene amigos nunca está solo”. Nadie se acuesta con la mujer de su amigo, por ejemplo, ni pensarlo, eso no se perdona.

– ¿Y la policía política qué hacía en la guerra?

–No tomaban prisioneros: si arrestabas a guerrilleros, venían ellos y los mataban. Una vez, un agente de esa policía se hirió al sentarse en un excusado roto. Me dio un gran placer coser su culo: le di cuatrocientos puntos sin anestesia y le iba inyectando agua destilada, que duele mucho.

– ¿Por qué un personaje de este libro es sordomudo?

–Yo soy sordo, y hablo muy poco. Quizá debería hacerme mudo. Mi madre también era sorda, como mi abuelo. La vida de un sordo es muy diferente y quise reflejarla.

– ¿Sigue viviendo en Lisboa?

–Sí. Lisboa está horrible ahora, es un infierno desde que Madonna y tantos famosos se han venido a vivir allá. La vida es barata, yo almuerzo siempre en restaurantes de barrio por 6 ó 7 euros. Vivo en la periferia, porque soy una especie de emblema del país y en el centro la gente se quiere hacer fotos conmigo. Sólo estoy tranquilo en mi barrio, donde la gente me conoce y me protege.

– ¿Y cómo se encuentra?

–A partir de los 65, es el caballo quien manda, no tú, todo lo que puedes hacer es tratar de equilibrarlo, es un tema orgánico. A los 20 años mandas tú, ahora no mandas nada. De esas cosas hablo con mis amigos Juanito Marsé y Javier Marías. ¿Sabe?, puedo ser amigo de médicos, periodistas, ingenieros, pero para ser amigo de un escritor tengo que admirarlo. Hoy hay menos escritores buenos en Inglaterra o Francia que en España. Al empezar a publicar, conocí a algunos escritores que admiraba… y eran tan aburridos, el mismo Ernesto Sabato… si yo hubiera sido mujer, no me hubiera acostado con ellos.

–No sé si atreverme a preguntarle por el Nobel…

–Ahora he entrado en la colección La Pléiade, que es mucho más importante que ganar el Nobel. Y mi obra completa se traduce al árabe. ¿Qué más puedo desear? Lo único que me importa de los premios es el dinero, cada vez que me llaman diciendo que he ganado uno, lo primero que pregunto es: “¿Cuánto?”.

–Trató a Reinaldo Arenas, ¿verdad?

–Era muy amigo, muy maricón, vivía en Nueva York, se estaba matando, pagaba a prostitutos… Un día me llamó para decirme: “António, hermano, tengo que decirte que me voy a matar”, creía que estaba bromeando y dos horas después estaba muerto. Tenía mucho talento, fue muy valiente, soportó muy bien la dictadura, la cárcel, la tortura… Era muy joven y muy pobre, hijo de campesinos.

– ¿Usted viajaba mucho a Cuba?

–Sólo fui una vez. Vi cosas bonitas, bellas mujeres… Ah, me he acostado con muchas mujeres en ferias del libro como esta, ahora estoy casado. ¿Usted está casado? Es muy buena cosa para trabajar, de lo contrario se pierde mucho tiempo persiguiendo a mujeres, yo nunca he trabajado mejor que cuando estoy casado.

Un portugués invade Francia

Una recopilación de obras de Lobo Antunes será publicada en la prestigiosa colección La Pléiade, de la editorial francesa Gallimard, que reúne a autores clásicos del mundo, entre ellos un único otro portugués, Fernando Pessoa. Lobo Antunes entra así en el olimpo europeo de la literatura, al que ingresaron muy pocos autores vivos, como Mario Vargas Llosa o Milan Kundera, circunstancia que lo ha llenado de alegría.

“Para mí, estar en la Pléiade es la mejor recompensa que una persona que escribe puede tener”, sostuvo en una entrevista telefónica con EFE desde su casa en Lisboa, donde recibió la noticia. Con su habitual estilo lacónico, calificó su entrada en la colección como “importante” y “agradable”, aunque remarcó que ver todas sus obras en la colección francesa puede llevar “años” por la revisión que presumiblemente se acometerá de las traducciones al francés.

“El Nobel me da igual. Tengo más de 30 ó 40 premios por todas partes, entonces no sé. Nunca he pedido ninguno y cada poco me dan un premio. Lo importante es seguir escribiendo. Por supuesto que es agradable recibir premios, pero lo más importante es escribir”, aseguró. También el presidente de Portugal, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, celebró que Lobo Antunes fuera recibido “en un verdadero panteón donde están poquísimos autores vivos y, hasta ahora, solo un autor portugués”.


Tomado de la Revista Ñ, diario Clarín (Ar)

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