Christoph Schlingensief, un artista político, polémico y provocador

Foto: @Filmgalerie 451

Hace 10 años murió el polifacético director de teatro y cine Christoph Schlingensief. Analizamos las claves y el contexto de su obra con la ayuda de una de sus colaboradoras, Bettina Böhler.

«La expresión ‘artista polifacético’ siempre suena extraña, pero lo cierto es que, de algún modo, lo era», dice Bettina Böhler, quien se ocupó del montaje de las películas del director de cine y teatro Christoph Schlingensief y trabajó después para otros directores. Con motivo del décimo aniversario de la muerte del «artista polifacético», Böhler presenta el documental «Schlingensief: gritar contra el silencio». Se trata de su primer trabajo tras la cámara.

¿Cómo puede acercarse al público actual a Schlingensief, nacido en 1960 y fallecido de cáncer de pulmón en 2010? ¿Era un director de cine trash, un provocador artístico, un diletante profesional? Se pueden escribir páginas enteras tratando de describir al artista que en su juventud hizo películas experimentales, después se puso al frente de producciones escénicas wagnerianas en Bayreuth y acabó representando a Alemania en grandes exposiciones, como la de Venecia y la ‘documenta’, de Kassel.

Viento en contra

Christoph Schlingensief fue siempre considerado controvertido. «Fue muy polémico en vida y hasta su muerte y, básicamente, no gustaba a mucha gente ni era muy apreciado», recuerda Bettina Böhler. Eso es algo que a menudo hoy suele olvidarse: «Cuando una persona ya no vive y deja una obra tras de sí, se ve convertido de repente en héroe. Pero no podemos olvidar que, durante su vida, afrontó mucho viento en contra y nunca obtuvo realmente el reconocimiento que ahora se le otorga».

Schlingensief no se sentía bien en los círculos burgueses ilustrados, más bien le interesaron la provocación, lo indecente y lo perturbador. Tal vez es ahí donde reside la esencia de su arte. Ya sea en el terreno del cine, en el teatro, en la ópera o en las calles, donde llevó a cabo sus performances en las principales vías comerciales de las ciudades, así como sus míticas acciones en la naturaleza, como en 1980, cuando protestó en el lugar de vacaciones del entonces canciller, Helmut Kohl. Schlingensief amaba provocar con grandes gestos llenos de humor, irónicos y, a veces, incluso algo estúpidos. Así logró enojar a muchos, tanto a políticos y a refinados estetas del arte, como a gran parte del público «habitual» del arte y a los más conservadores. Aunque también tuvo sus admiradores entre quienes no querían ver el arte anclado en el teatro subvencionado ni en los museos, es decir, entre quienes amaban la provocación y la polémica.

Más que un provocador del arte

Para Böhler, Christoph Schlingensief era una persona que vio el mundo a través de ojos muy especiales y que observaba de manera muy precisa todo lo que lo rodeaba, para después expresar su visión del mundo con el arte como instrumento: películas, teatro y acciones. Pero Schlingensief fue mucho más que un provocador artístico: «Fue una persona que miraba a las personas y a las cosas con una enorme empatía. Eso era algo que lo distinguía», dice Böhler, para quien el artista era una persona «básicamente cálida, pero que sentía ira hacia ciertas cosas de este país y de este mundo. Con su arte, dio rienda suelta a esa ira».

Contra el olvido, contra el silencio, contra la represión…

Christoph Schlingensief fue hijo de la generación del 68. Durante las décadas de los 80 y los 90, sus visiones artísticas luchan contra el olvido del período nazi y los sucesos históricos en Alemania. Las protestas estudiantiles de 1967 y 1968 fueron motor de transformaciones sociales, pero, según Schlingensief, muchas no llegaron a la gente. Y, de nuevo, la era Kohl trajo olvido. Precisamente contra esto quiso luchar Christoph Schlingensief.

Sin duda, fue un artista político. Su generación no fue la que se echó a las calles para protestar contra Vietnam o la que se extravió después en la ideología de la RFA. Él fue hijo de los 80 y los 90. Pero en esta generación permanecía la ira por el gran olvido del pasado que imperó en la época de posguerra: «Crecimos en familias con padres que vivieron conscientemente la guerra y el nazismo, aunque no como actores, pero es algo que los marcó y traumatizó en parte», relata Bettina Böhler, nacida también en 1960, al igual que Schlingensief. «Como ahora sabemos, en las décadas posteriores a la guerra, en este país no se hablaba prácticamente de lo sucedido en el pasado», agrega Böhler. Así se explica el título de su documental sobre el artista, que se basa exclusivamente en material de archivo y prescinde de comentarios.

(ms/cp)


Tomado del portal alemán DW