El extraño caso de Paul Whelan, el exmarine estadounidense que fue condenado por espionaje en Rusia

Foto: Paul Whelan sostiene un cartel al final de su juicio: "¡Juicio simulado! ¡Cirugía de albóndigas! ¡Sin derechos humanos! ¡La vida de Paul importa! ¡Se necesita una acción decisiva por parte del Presidente de EE.UU. y los PM! ¡Feliz cumpleaños, Flora!" / Getty Images

Paul Whelan está en la habitación 3324 del hotel Metropol de Moscú vistiéndose para la boda de un amigo, cuando oficiales de la Inteligencia rusa irrumpen en su cuarto.

Sarah Rainsford

BBC News

Whelan, ciudadano estadounidense, desaparece sin dejar rastro durante tres días, hasta que su hermano gemelo da una conferencia de prensa en la que anuncia que Whelan había sido acusado de espionaje.

Eso ocurrió la noche del 31 de diciembre de 2018 y fue el comienzo de un caso que involucró a cuatro gobiernos y puso una descomunal presión en las relaciones de EE.UU. con Rusia, que ya estaban en un momento crítico.

Unos 18 meses después, Whelan fue encontrado culpable del cargo de espionaje -recibir documentos con información secreta rusa- tras un corto juicio que se llevó a cabo a puertas cerradas.

El exmarine -que también tiene ciudadanía británica, irlandesa y canadiense- siempre insistió en su inocencia y esta semana, antes de que acabara el juicio,se describió a sí mismo como una víctima de «la desvergonzada e incompetente política rusa».

Mientras su familia lucha por traerlo de nuevo a casa, funcionarios en Moscú han dado pistas de que es posible un intercambio de prisioneros. Lo que no hace sino añadir sospechas de que este hombre, originario de Michigan, es solo un peón en un juego político que está a punto de empezar.

Justicia rigurosa

El pasado 15 de junio le tomó solo un minuto y veinte segundos a un juez en Moscú llegar a un veredicto.

«Esta tribunal de la ciudad de Moscú encuentra a Paul Nicholas Whelan culpable», leyó el juez. Solo añadió que deberá cumplir la condena de 16 años en una prisión de alta seguridad, destinada a los criminales más peligrosos.

El juez entonces se dirigió al acusado, quien estaba dentro de un cubículo de vidrio custodiado por varios guardias.

«¿Whelan, entiende lo que he dicho sobre su condena?», le preguntó.

Whelan, que estaba vestido con el mismo saco azul que había utilizado en todas las audiencias y llevaba gafas – y lucía más como un bibliotecario que como un espía-, miró al juez y respondió:

«No me han traducido, su señoría«, dijo en tono de protesta el hombre, de 50 años.

Los jueces enviaron a un intérprete para que le tradujera el veredicto. De esa forma terminaba el juicio por espionaje que había tomado solo unas audiencias en solitario.

El confinamiento por el covid-19 había hecho que los procedimientos judiciales quedaran envueltos en un secretismo mayor al habitual, con la prensa y el público excluidos de las sesiones. Sólo se les permitió el acceso a la lectura del fallo con el que se cerró el caso.

James Bond o Mr. Bean

La primera vez que vi a Whelan en el tribunal, cerca de un año atrás, tenía una sonrisa simple y una caja de cartón apretada contra su pecho que contenía el almuerzo que le habían dado en la prisión: un sándwich.

Periodistas de distintas cadenas de televisión locales se agolpaban en el pasillo y se referían a él como el «espía estadounidense».

Whelan fue traído varias veces hasta la sede judicial, altamente custodiado, para comparecer en audiencias y apelaciones, y nunca se le permitió a los periodistas ingresar al recinto donde se adelantaban los procedimientos.

Aunque aun sin permiso, algunas veces pudimos conversar con él.

El primer día, sin embargo, aturdido todavía con todo lo que estaba pasando, habló poco.

Dos meses después de su arresto, comenzó a hacer declaraciones. Primero dijo que estaba intentando lidiar con el caso.

Pero cuando le preguntamos su versión de la historia, cambió por completo la expresión de su rostro: «Si hago eso, será perjudicial para mi. Ellos no quieren que hable con usted», me dijo durante una de esas audiencias.

Personas de su equipo de defensa nos revelaron que ha tenido una enorme presión por parte de la policía federal rusa (FSB, por sus siglas en inglés) para que confiese el crimen, todo esto después de numerosos interrogatorios sin su abogado presente.

«Ellos le decían ‘No hay salida para ti. Dinos la verdad. Eres un espía y vas a ser condenado por eso'», me contó Olga Karlova a mediados de 2019.

Whelan rechazó las acusaciones y se negó a declararse culpable. A medida que pasaba más tiempo bajo custodia, se volvía más audaz durante las audiencias en el tribunal.

El hombre, que al momento de su arresto era el jefe de seguridad de una firma estadounidense dedicada a la venta de autopartes, comenzó a contraatacar.

Señaló que la acusación de espionaje era ridícula y declaró que estaba siendo juzgado por un «tribunal ilegal».

Empezó a preparar un discurso por cada sesión, escribiendo en un papel que era revisado y sellado por los censores de la prisión.

«Rusia anota que atrapó al (agente secreto) James Bond en una misión de espionaje. Pero en realidad lo que han hecho es retener al (personaje de comedia) Mr. Bean mientras disfrutaba de sus vacaciones», dijo Whelan en una de esas sesiones.

Para esa instancia, quienes seguíamos el juicio ya sabíamos que Whelan había visitado Rusia varias veces. En diciembre de 2018, cuando fue capturado, estaba en el país para asistir a la boda de un amigo.

Pero Whelan no pudo disfrutar de la ceremonia. Fue arrestado en su cuarto.

Durante una audiencia el año pasado, le grité otra vez para llamar su atención y que me pudiera escuchar. Y allí le pregunté qué había ocurrido.

«No estoy autorizado a darte detalles, pero todo esto es un montaje. Yo no cometí ningún crimen», dijo Whelan y me contó que un amigo suyo se había presentado en el hotel de forma inesperada la noche antes de su arresto.

Cuando fue detenido, la policía federal rusa señala que halló un pendrive (o memoria USB) en su bolsillo con información clasificada rusa que había solicitado.

Whelan está convencido de que ese amigo que lo visitó en el hotel sin anunciarse fue quien plantó esa USB en su bolsillo, sin que él se diera cuenta.

«Ese amigo era un oficial de la FSB. Lo conozco desde hace 10 años», me contó por primera vez en esa audiencia.

«No hay ninguna razón por la que él tuviera que venir a mi cuarto y me diera un dispositivo», dijo.

Mientras hablaba conmigo, el juez ingresó en el tribunal y de nuevo ordenó que Whelan permaneciera en la cárcel. Su frustración se convirtió en estallido.

«Puedo hablar más fuerte que usted, señoría. Esto es una total insensatez«, gritó.

Fue en ese momento en que no se permitieron más cámaras dentro del tribunal y se limitó el ingreso de los periodistas.

«Con las manos en la masa»

El gobierno ruso ya había declarado a Whelan culpable mucho tiempo atrás.

Solo dos semanas después de su arresto, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, dijo que Whelan había sido agarrado «con las manos en la masa», mientras cometía un «acto ilegal».

El caso se volvió mediático, especialmente cuando se conoció que Whelan era ciudadano de cuatro países.

Nacido en Canadá, de padres británicos con ancestros irlandeses, él se mudó a Estados Unidos finalmente y de esa manera obtuvo esos pasaportes.

A principios de 2019, el drama de su arresto con repercusiones multinacionales se desarrollaba en un contexto político hostil, con sanciones mutuas por la crisis de Ucrania y la tensión este-oeste que no se sentía desde la época de la Unión Soviética.

Nueve meses antes, Reino Unido había acusado a Rusia de intentar envenenar a Sergei Skripa, un ex doble agente de espionaje, en las calles de Salisbury, una ciudad británica.

Y en esos días, Washington acusaba directamente a Moscú de haber intervenido en las elecciones que se habían realizado en 2016.

Así que, cuando el caso de Whelan se volvió público, se especuló con que se trataba de una retaliación por estas acusaciones.

Por esos días, la FSB ya había dado a conocer varios detalles del caso que iba a llevar hasta los tribunales.

La agencia de noticias rusa Russian Rosbalt, citando una fuente oficial, señaló que Whelan estaba trabajando para la inteligencia de EE.UU., con el objetivo de obtener la lista del personal que integraba «una de las instituciones secretas rusas».

El artículo indicaba que esa lista era de un «alto interés» para los estadounidenses y que Whelan había cultivado una red de potenciales colaboradores durante los últimos 10 años.

En los juicios de espionaje en Rusia, las pruebas no solo se ven y se escuchan en secreto, sino que el abogado defensor debe firmar un acuerdo de confidencialidad que aplica a todos los documentos y asuntos que se traten en el juicio.

Por lo que ninguna evidencia del caso -interceptaciones, grabaciones de cámaras de vigilancia y otros documentos- puede hacerse pública.

Otro aspecto que hizo ruido durante el juicio es que la defensa estaba pagada por el gobierno ruso. La familia de Whelan decidió no cambiarla porque les iba a costar cerca de US$150.000,«lo que era un montón de dinero para obtener cero resultados».

«Secretismo, provocación, falsificación, ese es el arsenal de nuestros oponentes», dijo Ivan Pavlov, un abogado de derechos humanos que se ha enfrentado a la FSB en múltiples ocasiones.

Pavlov representa mayormente a ciudadanos rusos acusados de vender secretos a Occidente y señala que ese tipo de casos ha crecido significativamente en los últimos cinco años.

El abogado anota que el FSB es el servicio secreto «más poderoso, no solo en Rusia» y usa a sus propios expertos para analizar cualquier evidencia en tribunales.

«Si quedas metido en algo así, será la historia más complicada de tu vida. Será muy difícil poder elaborar una defensa».

La conexión rusa

Los viajes de Whelan comenzaron hace más de una década.

«Esto es ‘Lubyanka’, donde la KGB tenía a nuestros espías encerrados en el sótano», bromeó en 2007 en un blog personal sobre una imagen suya junto a un edificio.

La imagen era el antiguo bloque donde funcionan los cuarteles del servicio secreto ruso – la KGB, de la cual la actual FSB es principal heredera.

Once años después, los funcionarios de la FSB lo llevaron a ese mismo edificio para interrogarlo.

La fotografía corresponde a la primera vez que Whelan viajó a Moscú, cuando todavía pertenecía al ejército.

Desde su arresto, el cuerpo de Marines de EE.UU. señaló que Whelan no pertenecía a la institución desde 2008, cuando fue pasado a retiro debido a «mal comportamiento».

Esa declaración generó sorpresa a su hermano gemelo.

«Él siempre fue bastante positivo sobre la experiencia de ser marine. Hay una bandera de los marine junto a la de EE.UU. en la casa de mis padres todo el tiempo», señaló David Whelan.

Pero incluso con esa experiencia, muchas personas se sorprendieron al conocer que Whelan había estado ante una corte marcial por la apropiación indebida de US$10.000 del gobierno de EE.UU.

Cuando este escándalo empezaba a reverberar tras bambalinas en Estados Unidos fue que Whelan viajó a Moscú por primera vez.

«Habiendo crecido durante la Guerra Fría, era un sueño visitar Rusia y conocer a los rusos que pusieron a temblar a Occidente por tanto tiempo», escribió en su blog personal.

En las páginas de ese documento se puede ver todo el viaje que realizó en aquella ocasión.

Una década después, él continuaba publicando o enviando mensajes a sus familiares donde expresaba el mismo asombro del principio.

Ese blog confirmaba las descripciones de Whelan que hacían sus contactos, colegas y familiares, quienes lo señalaban como un hombre que hacía amigos en cualquier parte y que tenía un gran interés por la cultura rusa.

«Recuerdo una conversación con él. Le dije ‘Viajas mucho por trabajo, ¿cuándo viajas por placer, a dónde vas?'», me contó una excolega suya, Skotti Fietsam.

«Él me respondió ‘a Rusia’. Y agregó que era un país hermoso, que le gustaba el frío y que tenía amigos allá», añadió.

Una sección de su viejo blog personal está dedicada a un cómic conocido como Cheburashka, que Whelan describe como una criatura de «grandes orejas» y «una de las cosas buenas que quedaron de la era soviética».

Otro enlace dentro de la página lleva a una guía básica del alfabeto cirílico (que se utiliza en Rusia) y algunas palabras elementales en ruso.

Sus escritos también empiezan a revelar sus primeras amistades con personal militar ruso.

Rusia insinuaría después, vía fuentes anónimas a la prensa, que la Central de Inteligencia estadounidense (la CIA) había seleccionado candidatos para que Paul Whelan cultivara como amistades y realizara sus labores de inteligencia.

Era notable, resaltaba el informe, que él solo escogió tener amistad con hombres y no «con hermosas mujeres rusas».

En EE.UU., Whelan también era amigo de jóvenes militares. Su página web describe su «respeto y admiración» por tres recién graduados de la Academia Naval que acababan de unirse a los Marines.

Lo cierto es que nunca ocultó sus intereses ni sus encuentros con otros hombres uniformados.

En 2009 viajó a Rusia con sus padres, a quienes les presentó a varios de sus amigos: jóvenes que vestían el uniforme del ejército ruso.

Mientras tanto, la página principal del blog invitaba a los usuarios a hacer clic en la imagen de un joven soldado ruso para conocer más sobre sus «hobbies y su servicio al ejército».

Nada sospechoso

Whelan siguió conociendo más amigos mediante la red social local VK.

Al revisar los perfiles de sus amistades, poco después de su arresto, se podía ver que la mayoría eran hombres más jóvenes que él. Algunos mostraban conexión con el mundo militar de forma abierta – posando en fotos con uniforme-, pero no era el caso de todos.

Y ninguno de los jóvenes que contestaron mis preguntas señaló que había nada sospechoso o algo que pudiese poner en duda los motivos de Whelan para conectar con ellos.

Uno de ellos me respondió que era estudiante y que trabajaba en un supermercado cuando Whelan lo contactó. Después se conocieron en persona por algunas horas en 2008, mientras Whelan estaba de turista en Rusia visitando a otros amigos.

«No creo que Paul sea un espía. No sé nada que le pueda interesar a un espía internacional», me escribió el joven, que pidió reserva de su nombre.

Otro hombre le dio un recorrido turístico por su propia ciudad ese mismo año. Éste no tiene ningún vínculo aparente con el ejército e incluso bromeó diciendo que elsupuesto espía estadounidense «no solicitó ver nada sospechoso :)»

Whelan también contactó a un peluquero de Moscú a través de Instagram hace unos cinco años. Hablaron de viajes al extranjero, pero nunca se conocieron en persona.

Otro amigo, que conoció en Rusia a través de la red social VK , me dijo que sólo era un cadete cuando primero intercambió mensajes con Whelan y que desde entonces chatean dos o tres veces por semana.

«Me pareció buena persona y estaba fascinado con nuestro país, la historia, nuestras tradiciones, la gente», me dijo, y añadió que lo que a él le interesaba de Whelan era su temporada en Irak como marine.

No tenía ni idea de que su amigo había sido arrestado cuando lo contacté.

«No lo puedo creer. Es el tipo más amable del mundo. Si él es un espía internacional, entonces yo soy Michael Jackson», señaló en una conversación.

¿Traición?

El hombre a quien Whelan acusa de haberlo traicionado es uno de sus más antiguos amigos en Rusia. Es actualmente un funcionario de los servicios de inteligencia.

Los abogados de la defensa dieron a conocer detalles de la relación entre ambos hombres cuando el caso apenas comenzaba, incluyendo datos de cómo Whelan había visitado a su amigo en su casa en la localidad de Sergieve Posad, en las afueras de Moscú.

También señalaron que el amigo le debía unos 80.000 rublos (US$1.147), que según la FSB fue un pago adelantado por esta información. La defensa replica que el ruso le había pedido un préstamo para comprarle un regalo para su esposa, como parte de la trampa.

Como todavía trabaja para la FSB, debemos preservar su nombre. Así que lo llamaremos Dimitri.

Ahora, Whelan habló abiertamente sobre él con otros amigos y familiares. De hecho, anotó que Dimitri estaba en la escuela de la FSB.

«¡Dimitri les dice hola!», recuerdan los padres de Whelan que una vez les dijo en medio de una llamada por Facetime. Parecería bastante inusual portarse así con alguien a quien estás tratando de reclutar para los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Asimismo, durante varios viajes los padres recibieron mensajes en los que Whelan describía que había ido a cenar o de visita a algún sitio con Dimitri.

«Todo esto suena increíblemente ingenuo ahora«, señala su hermano sobre la relación con Dimitri.

Su hermano, que logró acceder al computador personal del acusado, también indicó que los mensajes que había intercambiado en la red social rusa VK habían sido borrados.

«Él tiene amigos en muchos países que son o fueron militares. Creo que es algo social. Su amigo dela FSB no era un problema, hasta que fue engañado», dijo su hermano David.

De acuerdo a lo revelado por sus abogados, Whelan se volvió sospechoso cuando comenzó a contactar y hacerse amigo de militares en Rusia.

Pero el caso de espionaje fue elaborado sobre la base de su relación con este funcionario, cuya información fue recolectada poco antes del arresto en 2018.

«Si hubiera sido un tribunal independiente, el veredicto no podría haber sido otro que el de inocente«, dijo el abogado de Whelan, Vladimir Zherebyonkov, después de conocerse la sentencia.

«La evidencia solo fue examinada por personas incompetentes y que no son objetivas», añadió.

Pavlov está convencido de que la denuncia de Whelan, sobre que fue engañado y preso de una trampa, «siempre es posible» con los agentes de la FSB.

«La tentación es grande: por una promoción, por ascender de rango, por más estrellas en el uniforme. Esa es la forma de operar de la FSB», dijo.

Los oficiales suelen esperar hasta que les llegue el momento, explica, y lo llaman la «cría de terneros»: .

Si es así, parece que Paul Whelan estaba ciego ante la amenaza que tenía en ciernes.

En un intercambio de correos electrónicos durante su viaje a Moscú de principios de 2018, un pariente bromeó: «¡No te metas en ningún problema del que no podamos sacarte, jaja!»

«Estaré con muchachos dela FSB, ¡así que debería estar bien!«, respondió él.

Unas por otras

El resurgimiento de las tensiones entre Occidente y Oriente ha convertido al espionaje en un tema de agenda urgente, y bastante más complejo, durante los últimos años.

Después del caso de envenenamiento, a principios de 2018 en Salisbury, más de 100 diplomáticos rusos identificados como agentes de inteligencia fueron expulsados de embajadas alrededor del mundo en un acto coordinado de protesta.

Rusia respondió expulsando masivamente a diplomáticos de países de Occidente.

Por entonces, un embajador me dijo que esa expulsión de agentes alrededor del mundo había dado una estocada a la capacidad de captar inteligencia por parte de Moscú.

Lo que tal vez puede haber afectado también a los otros países.

Un año antes del arresto de Paul Whelan, un ciudadano noruego, que se alojaba en el mismo hotel Metropol, fue acusado de ser un espía.

Su arresto y su posterior condena a 14 años causaron un escándalo en Noruega, donde se reveló que civiles sin protección diplomática estaban siendo utilizados para trabajos de alto riesgo.

Varios exagentes de la CIA señalan que cualquier sugerencia que Whelan pudo haber operado sin inmunidad diplomática es impensable: que arresten a un espía de EE.UU. que no tiene inmunidad sería una «gran falla» para el país.

La embajada de EE.UU. y el gobierno han hablado bastante sobre la detención de Whelan.

«Él es inocente», me dijo el embajador John Sullivan.

«Ese juicio fue un chiste de la justicia», añadió.

Mientras que la salida deshonrosa de Whelan del cuerpo de los Marines muestra que hay aspectos de su vida que incluso su familia desconoce, quienes lo defienden señalan el cargo de robo como algo positivo.

«La comunidad de inteligencia nunca usaría a alguien con ese pasado. Especialmente en una situación donde vas a ser enviado a una zona muy difícil», me contó Ryan Fayhee, quien es el abogado familiar en EE.UU.

«Simplemente no ocurriría. La confianza es lo más importante cuando estás en un territorio así«, añadió.

La vida en Lefortovo

Tal vez Whelan disfrutaba los aspectos de peligro que implica coquetear con la FSB, saliendo con oficiales de inteligencia.

Un amigo que no quiso revelar su nombre describió a Whelan como alguien «un poco extraño», a quien le gustaba «estar al borde de lo permitido».

Y se pregunta si tal vez alguna broma o comentario fue lo que lo metió en este problema.

La defensa de Whelan nunca descartó esta posibilidad.

Skotti Fietsam, su excolega, siempre vio a Whelan como un tipo serio y solidario, pero también se rió de que haya insistido tanto en usar guardias fuertemente armados cuando visitó la fábrica que ella administraba en México.

«No sé si fue machismo o ganas de llamar la atención», dijo Fietsam. «Pero fue muy inusual».

En el antiguo blog personal de Whelan, junto con los libros de Harry Potter y «La guerra y la paz», su lista de lecturas recomendadas incluye una larga lista de thrillers de la Guerra Fría de Tom Clancy.

Pero no hay nada glamoroso sobre la vida en prisión en la localidad de Lefortovo.

«El cereal que me dan algunos días va directamente al baño«, me escribió Berg desde el norte de Noruega sobre su vida en la prisión de la FSB.

Ahora, el noruego está de vuelta en casa después de un intercambio de prisioneros.

Su propio compañero de celda en Lefortovo bromeaba diciendo que a los internos se les daba alimento para perros por las mañanas.

«Nunca vemos ni conocemos a otros prisioneros. Cuando asistimos a una reunión, los prisioneros están ocultos el uno del otro», describió Berg la rutina solitaria de la vida dentro de la cárcel edificada en forma de K, cuyas altas paredes exteriores ahora chocan contra los bloques de apartamentos soviéticos.

Whelan está detenido en el ala renovada, donde el noruego dice que ahora hay agua caliente en las celdas, así como una nevera, TV y baño. Pero el espacio mide 9,5 metros cuadrados y se comparte entre dos prisioneros. El ejercicio es de una hora al día en el piso de arriba de la construcción.

Los compañeros de celda se bañan una vez por semana, juntos, en el sótano. Una luz permanece encendida en la celda todo el tiempo.

Whelan y su familia dicen que las cartas que han enviado han sido retenidas durante meses por los investigadores y los paquetes, devueltos. No se le permitió una llamada telefónica a casa durante 16 meses. Y a su malestar se sumó el dolor crónico por una hernia que eventualmente estalló y resultó en una cirugía de emergencia.

Tienda de intercambio

Condenado a pasar los días en una prisión de alta seguridad, Whelan no se irá de Lefortovo todavía.

Sus abogados planean apelar el veredicto, pero otras fuerzas más grandes ya están en juego. En el momento en que el estadounidense fue condenado, el enfoque cambió a un posible intercambio de prisioneros.

«Quieren a Yaroshenko y Bout, esos son los que quieren recuperar», afirmó el hermano gemelo de Whelan, nombrando a dos prisioneros rusos de alto perfil en Estados Unidos.

«Esa es la única razón por la que han hecho esto», aseguró.

El abogado Vladimir Zherebyonkov dijo lo mismo, ahora alegando que la FSB había estado planeando un intercambio todo el tiempo.

«Nadie lo oculta, todos hablan de eso, todos los funcionarios», dijo a la prensa.

Entonces, el prisionero que siempre se ha considerado a sí mismo un rehén político ahora está esperando que los políticos hagan un trato para su liberación.

Todas las señales sugieren que Moscú tendría una oferta concreta: un intercambio por Viktor Bout, un traficante de armas que cumple 25 años de condena en Estados Unidos, y Konstantin Yaroshenko, que cumple 20 años por tráfico de drogas.

Este miércoles, un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores pidió a Washington que muestre «humanidad» y libere a Yaroshenko «y otros» rusos injustamente condenados.

EE.UU. ha dicho repetidamente que los dos hombres fueron hallados culpables en juicios abiertos y justos.

«No estamos buscando un intercambio, estamos buscando justicia para Paul», insistió el embajador Sullivan, justo después del veredicto.

La familia de Whelan ya está presionando para que el gobierno y distintas entidades hagan algo, después de lo que su hermano David llamó «un golpe en los intestinos».

Pero David también sabe que tomó meses de compleja y casi secreta diplomacia organizar un intercambio adecuado para Frode Berg, que finalmente involucró a agentes rusos en prisión en Lituania.

Noruega no tenía espías condenados para comerciar y tampoco los tiene EE.UU.

«Estoy tratando de concentrarme en objetivos inmediatos, así no me distraigo por lo horrible que es que él pueda pasar 16 años tras las rejas», me dijo David, imaginando el sentir su gemelo.

«Creo que a Paul le costará mucho. Es un tiempo extraordinariamente largo».


Tomado de portal BBC Mundo