El pueblo ancestral de Colombia que dejó siglos de aislamiento para luchar contra el cambio climático

Foto: Los indígenas arhuacos sienten que tienen la misión de cuidar la naturaleza / Derechos de autor de la imagen CHRISTOPHER P. BAKER/BBC TRAVEL

«El Hermano Menor está dañando el mundo. Está en el camino de la destrucción. Debe entender y cambiar su forma de ser, o el mundo morirá», se lamenta Luis Guillermo Izquierdo, que camina a mi lado mientras mastica lentamente un fajo de hojas de coca.

Christopher P Baker

BBC Travel

Luis Guillermo es un mamo, un líder espiritual de los indígenas arhuacos en Colombia, asentados en los alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta, en la costa norte del país.

Mientras caminamos, la música de una flauta que fluye en medio del bosque nos guía hacia Pozo de Yaya, una piscina natural sagrada que sirve como lugar de rituales de limpieza.

Luis Guillermo se quita las sandalias, se apoya en una roca y se sienta con las piernas cruzadas junto a un arroyo que corre veloz.

Me pide que me quite los zapatos y me meta en el agua. Luego me entrega un trozo de hilo, que representa el cordón umbilical que me ata a la Madre Tierra, y me pide que vierta mis pensamientos en el hilo.

Luis Guillermo tiene una cabellera espesa y lleva un gorro blanco tejido de forma cónica, que usa como reverencia a los sagrados picos nevados de la sierra.

Viste pantalones gruesos, blancos como la nieve, y una frazada hecha de fibra de maguey atada con una correa en su cintura.

Me recuerda a un Jedi de «La Guerra de las Galaxias»: un sabio miembro de la noble orden de protección capaz de entrenarse mentalmente para aprovechar la «Fuerza» metafísica en busca de soluciones pacíficas y justas.

«Queremos que los hermanos menores sepan más sobre nuestra cultura. De esa manera podemos evitar que destruyan el mundo«, dice, refiriéndose al mundo moderno más allá de las montañas.

Los Arhuaco, junto a sus vecinos los Kogi y los Wiwa, son uno de los tres pueblos cuyos ancestros estaban conectados a la antigua y avanzada civilización Tayrona.

Durante el siglo XVI fueron brutalmente subyugados por los conquistadores españoles y los sobrevivientes se retiraron hacia la Sierra Nevada de Santa Marta.

Esta zona es la cadena montañosa a orillas del mar más alta del mundo. En ella se pueden encontrar todos los ecosistemas climáticos de Colombia, desde los humedales costeros y la selva ecuatorial, hasta la tundra alpina y los picos glaciares.

En 1979 fue declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera de la Humanidad. En 2013, la revista Science la nombró la reserva natural «más irremplazable» del mundo.

Los Arhuaco, los Kogi y los Wiwa suman en total una población de 90.000 habitantes de la sierra, según datos de la organización sin ánimo de lucro Cultural Survival.

Estos grupos ancestrales se llaman a sí mismos los «Hermanos mayores» y se rigen por los mamos, quienes mantienen una antigua cosmovisión basada en el culto y cuidado de la naturaleza.

Para ellos, la Sierra Nevada de Santa Marta es, literalmente, el corazón del mundo.

A las personas que provienen de ambientes urbanos y de costumbres citadinas les llaman los «Hermanos menores».

En defensa del planeta

Los mamos se consideran poseedores de una sabiduría mística única.

Luis Guillermo, al igual que los demás mamos, pasó toda su juventud en un intenso entrenamiento espiritual.

Según sus creencias, los mamos son elegidos por un destino divino. Durante 18 años, desde su nacimiento hasta su adultez, son confinados en ambientes oscuros cerca de la cumbre de la sierra.

Les inculcan los valores sociales hasta que logran dominar una conciencia cósmica, que ellos consideran que les permite comunicarse con el planeta de manera directa.

«Aprenden a trabajar como parteras de espíritus ocultos para mantener el equilibrio de la vida», explica Alan Ereira, documentalista y fundador de la ONG Tairona Heritage Trust.

«Los pensamientos de nuestros antepasados están incrustados en cada roca y en cualquier otro elemento con el que los humanos tienen contacto», dice Luis Guillermo, quien se aferra a la creencia arhuaca de que existimos en un universo donde todas las cosas materiales tienen vida y conciencia.

Para ellos, resulta inconcebible que el «hombre moderno» no crea que la Tierra sienta el daño que le causamos.

«No pueden entender por qué hacemos lo que hacemos con la Tierra», dice Wade Davis, un antropólogo que trabajó como explorador de National Geographic y que pasó muchos años estudiando y viviendo entre los arhuacos.

Dejar el aislamiento

Estos pueblos viven en medio de una jungla casi inaccesible. Durante cinco siglos vivieron aislados casi por completo, protegiendo firmemente su territorio contra cualquier intrusión.

A pesar de este aislamiento, su conciencia y cosmovisión les impone la responsabilidad de mantener la armonía de la naturaleza y el universo en nombre de toda la humanidad.

En las últimas décadas, los arhuacos quedaron atrapados en el fuego cruzado entre el ejército colombiano, las guerrillas de las FARC y los paramilitares.

Hace unos 30 años, los pueblos indígenas de la Sierra se dieron cuenta de que sus picos nevados se estaban derritiendo. Los páramos se estaban secando. Los anfibios y las mariposas estaban desapareciendo.

En 1987, preocupados porque el cambio climático estaba afectando el cosmos, establecieron la Organización Indígena Gonawindúa Tayrona para representar a los mamos a nivel gubernamental.

Los Kogi eran el grupo más tradicional y retirado y, según Ereira, temían que su trabajo de cuidar el mundo se viera afectado por el contacto con el exterior.

Pero en 1990 sus mamos decidieron que sin un cambio drástico todo se perdería, por lo que convencieron a su gente de que tenían que hacer un llamado público.

Así fue como invitaron a Ereira a filmar el documental «Desde el corazón del mundo: la advertencia de los Hermanos mayores».

Pero su dolorosa alerta por la falta de armonía ecológica y posible desastre cayó en oídos sordos. Dos décadas más tarde llamaron a Ereira para hacer una secuela: «Aluna».

«Tuvieron que esforzarse, impulsados por el miedo de lo que ven venir», dice Ereira.

A medida que el mundo se acelera hacia la calamidad, la autoconciencia de los pueblos de la Sierra como forma de protección para el bienestar ecológico ha adquirido un sentido de urgencia.

Dentro del corazón del mundo

Mientras estaba en Bogotá investigando para una guía de National Geographic sobre Colombia, me presentaron al Gran Hermano Danilo Villafañe Torres, líder político de los arhuacos.

Villafañe, conocido como «El Canciller», heredó a los 23 años el manto de líder de su padre Adalberto, quien fue asesinado por narcotraficantes en 1996 por oponerse a las plantaciones ilegales de coca.

Fue él quien me invitó a visitar el «corazón del mundo», que está bajo el cuidado de Luis Guillermo Izquierdo.

«El Hermano Christopher está aquí para compartir nuestro mensaje con los Hermanos Menores», dice Izquierdo al guardia de fronteras. Mete la mano en una mochila tejida a mano y saca un puñado de hojas de coca. El guardia hace lo mismo. Intercambian hojas como símbolo de buena voluntad.

Intentamos ingresar al Resguardo Arhuaco, un territorio que ocupa una vasta extensión en las laderas del sur de la Sierra.

En 1983, el gobierno colombiano reconoció legalmente este resguardo. Los Kogi habitan su propio resguardo en la ladera norte, y los Wiwa al sureste.

El guardia, hosco, me revisa con desdén.

Izquierdo, conocido de manera honorífica como el «Mamo Menjavi», vuelve a hablar, esta vez con más autoridad.

Escucho que dice las palabras ‘National Geographic’. En ese momento el conserje sonríe y las enormes puertas se abren.

El camino empedrado que va desde la aldea de Pueblo Bello hasta arriba en la montaña sería un desafío incluso para una cabra.

Pocos vehículos hacen este viaje al corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta. Me sentí honrado. El permiso para que los «bunachis» (forasteros) visiten Nabusimake, la «capital» del Resguardo Arhuaco, rara vez se otorga.

Permitir la entrada al santuario de Nabusimake es algo inusual. «La entrada de los no indígenas está prohibida», se lee en un letrero sobre la puerta de entrada. A los pocos afortunados que logran entrar, se les prohíbe tomar fotos.

Los mamos celebraron un consejo la tarde de mi llegada y me dieron permiso para entrar.

En la aldea varios niños merodeaban por el lugar. Las mujeres se apartaban cuando me acercaba.

Los hombres, distantes, inexpresivos y orgullosos, evitaban el contacto visual, impenetrables ante mi presencia. Pasaban de largo, misteriosos como fantasmas. Varios llevaban sombreros de vaquero y otros accesorios que destacaban su atuendo blanco de Arhuaco.

Luis Guillermo Izquierdo, por el contrario, sonreía serenamente. Parecía complacido con mi presencia.

Como un rompecabezas

Infatigable e inspirado, Izquierdo es un mamo seguro de sí mismo que está a la vanguardia de una tercera ola de iniciativas arhuacas que representan un gran salto más allá de las advertencias lanzadas desde su refugio en la montaña.

Izquierdo está a favor de que el resguardo se abra al etnoturismo y se busque la autonomía económica, por medio de actividades como la venta de artesanías a los Hermanos menores.

Desde 1995 varias comunidades Arhuaco se han organizado en cooperativas para producir y vender café orgánico con calidad de exportación. Pero a medida que el cambio climático empuja la producción de café hacia las laderas de montañas más frías y más altas, ahora trabajan para complementar las ganancias del café con la venta de cacao.

Como líder espiritual de Puerto Bello (el pueblo de la puerta de entrada en la base de las montañas), Izquierdo ha promovido el cultivo local de la caña de azúcar para producir panela (azúcar morena orgánica sin refinar) para la exportación.

«La idea también es que el mundo sepa más sobre nuestra cultura», dice Izquierdo. «Queremos transmitir el mensaje de que no es simplemente cultivar, sino cultivar con conciencia«, agrega, refiriéndose a la agricultura orgánica, sin pesticidas dañinos ni otros insumos, en armonía con la Madre Naturaleza.

Al integrarse a la economía monetaria, los Arhuaco están ganando reconocimiento cultural al tiempo que obtienen ingresos para recomprar, parcela por parcela, territorio ancestral que ahora es propiedad de los Hermanos Menores, explica.

El objetivo es que el pueblo Arhuaco controle más de 190.000 hectáreas, reconstituyendo territorios ancestrales como un rompecabezas, pieza por pieza.

Observo, fascinado, cómo Izquierdo humedece un palito de madera con saliva y lo sumerge en un poporo (una calabaza llena de cal de conchas marinas en polvo), un remanente de la civilización precolombina.

Izquierdo toma un poco de cal, lo esparce sobre un fajo de hojas de coca para aumentar su efecto estimulante y se lo lleva a la boca. A esto le llaman poporear.

El residuo de cal que se acumula en la calabaza es una biblioteca viviente de los pensamientos de los arhuacos.

Para ellos, cada pensamiento o sueño de un individuo queda literalmente grabado mediante la acción metafórica de poporear.

«Escribimos nuestros pensamientos en él», dice Izquierdo. «Es un registro de toda la vida de un hombre».

Del mismo modo, cada nudo en sus mochilas y vestimentas de intrincado diseño representa un pensamiento o una memoria.

Observo a hombres posados en taburetes de madera tejiendo en antiguos telares, concentrados mientras sus hábiles dedos entrelazan el mundo material con el espiritual.

Cada aspecto de la vida de los arhuacos está impregnado con el simbolismo del tejido. «Su principal metáfora es un telar», dice Davis. La Sierra Nevada de Santa Marta es el eje desde el cual se desenrolla el hilo de la Madre que todo lo sabe, convirtiendo lo posible en realidad, sueños y memoria. El poder del pensamiento constituye el tejido de su cosmovisión.

De repente, el significado del hilo de maguey que me había entregado Luis Guillermo se hizo evidente. Mi experiencia con el Arhuaco se imprimió de manera indeleble en ese metafórico cordón umbilical.

Un cordón que une el pasado y el presente, los mundos espirituales y materiales, y mi entendimiento -mis pensamientos, sueños y recuerdos- de la cosmovisión de los Arhuaco, para que sea compartida con el mundo.

Puedes leer la versión original de este artículo en inglés en BBC Travel.


Tomado del portal BBC Mundo