Fotografía: Paz Estéreo

La Iglesia recomienda silencio en varios momentos en que se celebra la Santa Misa. Esto como sinónimo de respeto.

Primer momento

Donde debería ocurrir este silencio no es en la Misa misma sino durante la preparación de ésta:

“Desde antes de la celebración misma, es laudable que se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía,  y en los lugares más cercanos para que todos se dispongan devota y debidamente para la acción sagrada”.

 Segundo momento

Este momento se da durante el Rito Penitencial en donde todos somos invitados a guardar silencio para traer a nuestras mentes un recuento de nuestros pecados. Es decir, nos reconocemos indignos de estar ante la santa presencia de Dios pero mostramos gratitud pues a pesar de estos pecados, Él nos ha llamado a adorarle.

La Colecta se da cuando el Padre dice “Oremos” y colecta todas nuestras oraciones y, como mediador, las ofrece a Dios a través de Cristo, nuestro Señor. Esta oración es tan importante que se reserva solamente para el sacerdote que celebra la Misa.

Tercer momento

Hacemos una pausa por un momento o dos después de la Primera Lectura (antes del Salmo Responsorial) y luego nuevamente después de la Segunda Lectura – antes del Aleluya.

Permitimos que la Palabra de Dios se filtre en nuestro interior. Quizás simplemente la recibimos o quizás evoca en nosotros una palabra o dos de adoración y/o agradecimiento.

Cuarto momento

Seguido de la solemne proclamación del Santo Evangelio encontramos la homilía – un componente vital de la Liturgia.

Es el momento en el que el Sacerdote o el diácono explican las lecturas y nos enseñan como vivir lo que ellas expresan. Debería haber un momento de silencio más prolongado (2-3 minutos) después de la homilía.

Para muchas personas, este período específico de silencio seguido del momento de silencio después de la Comunión pueden ser los más largos que experimentarán durante toda la semana dado nuestros ocupados y frenéticos (e incluso caóticos) calendarios semanales.

Quinto momento

Finalmente, después de la Comunión hay otra oportunidad de silencio prolongado. Es un momento para ofrecer nuestras oraciones de Agradecimiento por habernos alimentado con su propio Cuerpo en la Santa Eucaristía. Es un momento en el que las palabras fallan y un “Gracias” parece una miseria para darle a nuestro Padre Celestial.


Redacción: Paz Estéreo 

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