Evangelio del día: Dios quiere sanarte en un encuentro personal

Foto: paz estéreo

Lucas 18,35-43 – XXXIII lunes tiempo ordinario: Las situaciones de miseria y de conflicto son para Dios ocasiones de misericordia

Evangelio según San Lucas 18,35-43

Curación de un ciego de Jericó: En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!” Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” “Señor, que yo vea otra vez”. Y Jesús le dijo: “Recupera la vista, tu fe te ha salvado”. En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Así como el pueblo de Israel fue liberado gracias a la paternidad de Dios, también el ciego Bartimeo fue liberado gracias a la compasión de Jesús que acababa de salir de Jericó.

A pesar de que apenas había emprendido el camino más importante, el que va hacia Jerusalén, Jesús se detiene para responder al grito de Bartimeo. Se deja interpelar por su petición, se deja implicar en su situación. No se contenta con darle limosna, sino que quiere encontrarlo personalmente.

Jesús no le da indicaciones ni respuestas, pero hace una pregunta:

“¿Qué quieres que haga por ti”?

Podría parecer una petición inútil: ¿Qué puede desear un ciego si no es la vista?

Sin embargo, con esta pregunta, hecha “de tú a tú”, directa pero respetuosa, Jesús muestra que desea escuchar nuestras necesidades. Quiere un coloquio con cada uno de nosotros sobre la vida, las situaciones reales, que no excluya nada ante Dios.

Después de la curación, el Señor dice a aquel hombre: “Tu fe te ha salvado” Es hermoso ver cómo Cristo admira la fe de Bartimeo, confiando en él. Él cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos.

Hay un detalle interesante. Jesús pide a sus discípulos que vayan y llamen a Bartimeo. Ellos se dirigen al ciego con dos expresiones, que sólo Jesús utiliza en el resto del Evangelio. Primero le dicen: Ánimo, una palabra que literalmente significa “ten confianza, anímate”.

Sólo el encuentro con Jesús da al hombre la fuerza para afrontar las situaciones más graves. La segunda expresión es “levántate”, como Jesús había dicho a tantos enfermos, llevándolos de la mano y curándolos. Los suyos no hacen más que repetir las palabras de alentadoras y liberadoras de Jesús, guiando hacia él directamente, sin sermones.

Los discípulos de Jesús están llamados a esto, también hoy, especialmente hoy: a poner al hombre en contacto con la misericordia compasiva que salva.

Cuando el grito de la humanidad, como el de Bartimeo, se repite aún más fuerte, no hay otra respuesta que hacer nuestras las palabras de Jesús y sobre todo imitar su corazón. Las situaciones de miseria y de conflicto son para Dios ocasiones de misericordia. Hoy es tiempo de misericordia. A

[…] Al final, Bartimeo se puso a seguir a Jesús en el camino. No sólo recupera la vista, sino que se une a la comunidad de los que caminan con Jesús… Sigamos por el camino que el Señor desea.

Pidámosle a él una mirada sana y salvada, que sabe difundir luz porque recuerda el esplendor que la ha iluminado… (Misa de conclusión del Sínodo de Obispos, 25 de octubre de 2015)

Oración de Sanación

Señor mío, ilumina mi corazón para siempre escoger los caminos que llevan a una vida plena en tu amor, velar por la salud de mi alma y no dejarme derrotar por malas seducciones.

Cuando siento que ya no puedo continuar y las fuerzas se me escapan, Tú mano me sostiene y me anima a dar lo mejor de mí, apartando de mi corazón todo sentimiento de derrota.

Tú eres fuente radiante de sanación y de poder. Vas derramando tus bendiciones a todo aquel que, con humildad, se acerca Ti y vuelva su rostro hacia tu corazón.

Necesito la fuerza de tu alegría, pues mi alma se encuentra sumergida en una ceguera espiritual que no me permite ver la esperanza de tu Reino.

Ayúdame a transitar con fe esos caminos difíciles, a asumir mis sufrimientos con coraje y recobrar la visión de tu amor y santidad con mucha claridad.

Señor, Hijo de David, ten compasión de mí, es la súplica constante de este abatido servidor enceguecido por mis malas andanzas y mis hábitos pecaminosos.

Escucha el clamor de mi alma y ven pronto a socorrerme para nunca más sentirme sólo y apartado en aquellos inhóspitos caminos llenos de soledad.

Ven Señor, abre mis ojos, abre los oídos de mi alma, abre todo mi entendimiento y sana todas mis heridas y aflicciones. Ven, Hijo de David, ven y sáname con tu amor y tu poder. Amén.

Propósito para hoy

Realizar una introspección acerca de mi vida y observar cuáles son esas cegueras que no me han permitido dedicarle más tiempo al servicio del Señor.

Frase de reflexión

“El Señor siempre nos espera para acogernos con su amor: es algo estupendo, que nunca deja de sorprendernos”. Papa Francisco

Escucha también:

Comentarios del Evangelio en audio: Reflexión del día http://hwcdn.libsyn.com/p/b/e/9/be9aedfbee13b5ee/o331006a.mp3?c_id=13339946&cs_id=13339946&expiration=1542645780&hwt=c7f30f4941ae42ee992ca05ec426f46a


Redacción Paz Estéreo. Con información de portal píldoras de fe

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