Evangelio del día: lunes 4 de abril

Lectura del santo Evangelio según san Juan 8, 12-20
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida». Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale». Jesús les respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y si juzgo, mi juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado. Y en vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da testimonio de mí». Entonces le decían: «¿Dónde está tu Padre?» Respondió Jesús: «No me conocéis ni a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre». Estas palabras las pronunció junto al arca de las ofrendas, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús

Meditación

El pasaje del evangelio de hoy nos permite meditar tres realidades importantes: caminar en Cristo que es la luz del mundo, evitar la ceguera espiritual y dar un testimonio veraz de la vida nueva que recibimos del Señor y que estamos invitados a compartirla.

¿Qué significa caminar en Cristo que es la luz del mundo? Jesús se presenta como la luz del mundo; luz que no se extingue y que irradia la vida, luz que se convierte en fuente de eternidad y alegría, luz que sostiene y disipa las tinieblas del error, el pecado y la muerte. Cristo es la luz que indica el camino que debemos seguir; en Cristo no hay fracaso, tristeza ni destrucción, su presencia renueva y da plenitud a nuestra existencia.

Entonces caminar en él es tener la luz de la vida, como dice san Pablo: “Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús” (Filipenses 8,14). Caminar en Cristo es tener vida nueva, despojándonos de las tinieblas y probando la gracia que nos orienta hacia la meta.

¿Qué es la ceguera espiritual? Los fariseos no creyeron en Jesús y decidieron permanecer en sus seguridades que los apartaban de la novedad que la luz del Enviado. Vivían en la ceguera del corazón endurecido y en la cerrazón. Dice san Pablo que enceguecidos por el diablo caen en la incredulidad y en ellos no resplandece la luz del Evangelio de la gloria de Cristo (Cf. 1 Corintios 4, 4). Que nuestras cegueras se vean superadas por la humildad y apertura a la Palabra que nos conduce a la misericordia y a la novedad del amor de Cristo.

Dice el Papa Francisco: “¿Qué es lo que hace enfermar los ojos, los ojos de la fe? Nuestros ojos están enfermos: ¿cuáles son las cosas que “los debilitan”, que los ciegan? Los vicios, el espíritu mundano, la soberbia. Jesús mismo, la luz, dice: Ten valor: déjate iluminar, déjate ver por lo que tienes dentro, porque soy yo quien te lleva adelante, para salvarte. No te condeno. Yo te salvo”.

Y por último, nos preguntamos: ¿qué es dar un testimonio veraz de la vida nueva? Quien se encuentra con Jesús y acepta su amor liberador nunca vuelve a ser igual. La presencia de Cristo en la vida del creyente se refleja en el estilo de vida que llevamos. Jesús lo ha dicho: ustedes son la luz del mundo… brille su luz para que viendo sus buenas obras crean en su Padre que está en los cielos (Cf. Mt 5, 14-16).

Que durante esta jornada que el Señor nos confía caminemos en la alegría de caminar en el Señor y comuniquemos la vida que el Señor nos da.

P. John Jaime Ramírez Feria