Evangelio del día: sábado 21 de enero de 2023

Lectura del santo Evangelio según Marcos 3,20-21
En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús

Meditación
Dos cosas encontramos en el pasaje del evangelio hoy: la gran actividad de Jesús en Cafarnaúm y la reacción de su familia que no comprende la misión del Señor.

Jesús asume con pasión la misión encomendada por el Padre. El Artesano de Nazaret hace milagros en nombre de Dios, va acompañado de un grupo de discípulos que incluye gente que, según las categorías de su tiempo, son impuros y de mala reputación; permite que en su ministerio tengan participación las mujeres; toca y sana a los enfermos, libera a los endemoniados, vive de la providencia y no tiene en su trato categorías y estratificación de personas. No se esconde ni puede permanecer indiferente ante quienes lo buscan en sus necesidades. Así los evangelios nos presentan la actividad comprometida del Señor.

Es precisamente esta realidad la que hizo que sus parientes no lo comprendieran. Él no se acomodaba a su modo de proceder y por esto pensaron que no estaba en sus cabales. Querían intervenir para llevárselo de regreso a Nazaret, pero él no permite que ellos lo alejen de la misión. Dice un autor “Jesús da el ejemplo. Cuando sus parientes llegan a Cafarnaún y tratan de apoderarse de él para llevarlo hacia la casa, él reacciona. En vez de quedarse encerrado en su pequeña familia, ensancha la familia (Mc 3,33-35). Crea comunidad. Pide lo mismo a todos cuantos quieren seguirle. Las familias no pueden encerrarse en sí mismas. Los excluidos y los marginados deben ser acogidos, de nuevo, en la convivencia y, así, sentirse acogidos por Dios (cf Lc 14,12-14)”.

Leyendo el evangelio de hoy el Papa Francisco escribe: “seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y escoger el bien, la verdad y la justicia, también cuando ello requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto divide también los lazos más estrechos. Pero atención: no es Jesús el que divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios”.

Así de este pasaje del evangelio brotan dos compromisos. En primer lugar, imitar a Jesús asumiendo con pasión, dedicación y generosidad la misión que se nos confía desde una actitud de servicio y acogida en nuestra familia y en todos los ambientes en los que nos movemos. Y en segundo lugar, contribuir para que nuestra familia sea un ambiente en el que se promueva y se acompañe la realización de cada uno de los miembros; hay mucho dolor cuando se viven incomprensiones y abandono en la familia.

Imitemos a la Santísima Virgen María que participó de la vida y la misión de su hijo Jesucristo. Ella guardaba todo en su corazón y permaneció fiel hasta la cruz. Ella nos puede ayudar a comprender la voluntad del Señor y a confirmar la misión que tenemos como familia.

P. John Jaime Ramírez Feria