Evangelio del día: sábado 7 de enero de 2023

Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino”. Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenen las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Saquen ahora y llévenlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
Comenta el Papa Francisco que “En el Evangelio de hoy encontramos el relato del primero de los milagros de Jesús, que el evangelista Juan llama “señales”. El primero de estos prodigiosos signos tiene lugar en el pueblo de Caná, en Galilea, durante una fiesta de bodas. No es casual que al comienzo de la vida pública de Jesús haya una ceremonia de boda, porque en Él Dios se ha casado con la humanidad… Realmente se estipula una Nueva Alianza y a los servidores del Señor, o sea a toda la Iglesia, se les confía la nueva misión: “Hagan lo que él les diga”. Servir al Señor significa escuchar y practicar su palabra. Es la recomendación simple y esencial de la Madre de Jesús, es el programa de vida del cristiano”.

Al contemplar el primer signo revelador de Jesucristo, en el contexto de esta navidad, se confirma que en Jesucristo estamos llamados a vivir la nueva alianza de amor con Dios. Como discípulos invitamos al Señor a nuestras vidas, le abrimos las puertas del corazón para que su presencia nos haga vivir en la plenitud de la nueva alianza. La presencia del Señor nos anima a continuar el camino; si él falta se acaba el vino de la gracia, de la alegría y de la paz; sin la presencia del Señor quedan vacías las tinajas de nuestro corazón y faltan la esperanza y la ilusión de lo nuevo y lo pleno. Como los novios de la boda vivamos la familiaridad de nuestros días en la presencia del Señor. Digámosle al Señor que si él no está la “fiesta de la vida” se convierte en vacío y frustración; sin su presencia en nuestra familia fácilmente reina la rutina y la desilusión.

Así en la cotidianidad la voz de María resuena: “hagan lo que él diga”. ¿qué nos pide Jesús? Que el vino nuevo del mandamiento del amor no se acabe: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Ahí esta el programa de vida. Obedecer la palabra del Maestro. Llenar nuestras tinajas para que él haga posible el servir un vino nuevo.

Estamos llamados a vivir un tiempo nuevo. Un tiempo en el que acontezca en lo cotidiana el milagro del vino nuevo. Y ahí esta nuestra tarea. Pongamos empeño en el seguimiento del Señor y con María demos el sí. Que crezca la fe en el Señor y nos sintamos animados a caminar con la certeza de su bendición.

P. John Jaime Ramírez Feria