Evangelio del día: viernes 6 de enero de 202

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 7-11
En aquel tiempo Juan predicaba diciendo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Meditación
Juan el Bautista movido por el Espíritu Santo prepara el camino del Señor, anunciando que el Mesías bautizaría con Espíritu Santo. Jesús dignifica las aguas del Jordán, siendo presentado por el Padre como el Hijo amado en quien tiene su complacencia.

En el contexto de la navidad, acogemos este pasaje, dejando que el Espíritu Santo confirme en la firmeza de la fe para confirmar en nuestra vida la necesidad de custodiar la gracia de la presencia del Señor que ha venido a salvarnos. Es una oportunidad de avivar el don del bautismo que nos ha dado la dignidad de hijos de Dios. “Todos somos hijos de Dios”. Esto es lo que el Santo Niño nos dice. Nos recuerda nuestra identidad más profunda. Todos somos hijos de Dios, miembros de la familia de Dios. San Pablo nos ha dicho que hemos sido hechos hijos adoptivos de Dios, hermanos y hermanas en Cristo. Eso es lo que somos. Ésa es nuestra identidad” (Papa Francisco).

¿Vivimos con alegría nuestra identidad como hijos amados por Dios? ¿Nos dejamos guiar por la acción del Espíritu Santo? ¿Somos testigos del Señor que es el Camino, la Verdad y la Vida? Estas preguntas nos permiten centrarnos en lo fundamental. No somos cristianos porque conozcamos muchas cosas del catecismo ni porque hayamos nacido en un ambiente religioso; somos cristianos porque hemos conocido y hemos creído en quien nos ha amado hasta llamarnos hijos suyos. Somos cristianos porque tenemos la certeza de la fe, es decir, que el encuentro personal con Jesucristo nos ha abierto a una vida nueva y plena. Qué importante es recrear la dignidad que nos ha sido dada.

Entonces como Juan Bautista, asumimos una gran tarea, ser la voz que clama en los desiertos de la humanidad y proclama la presencia viva de Aquel que “puso su morada entre nosotros”. Ser testigos, con palabras y obras, del Amor que salva. Asumamos con valentía y generosidad nuestra misión.

P. John Jaime Ramírez Feria