Hoy como hace 2000 años, el “escándalo” de abrazar a los pecadores

Foto: Vatican Media

La evangelización se basa en la centralidad de la compasión. Un mensaje que también pone en tela de juicio ciertas actitudes de los medios de comunicación católicos dedicados diariamente a la condena

Por: Andrea Tornielli – Panamá

Vatican News

Ayer, en la fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, hablando a los obispos centroamericanos, el Papa hizo referencia a algunos medios de comunicación católicos. En primer lugar, dijo que el resultado de la evangelización no se basa en la riqueza de los medios, ni en la cantidad de eventos que organizamos, sino en «la centralidad de la compasión». «Me preocupa cómo la compasión ha perdido centralidad en la Iglesia, – agregó Francisco. Incluso los grupos católicos la han perdido o  la está perdiendo, para no ser  pesimistas. También en medios de comunicación católicos la compasión no está. Está el cisma, la condena, el ensañamiento, la valoración de sí mismo, la denuncia de la herejía…” Es la «fotografía» de una realidad que desgraciadamente está bajo la mirada de todos: la difusión incluso entre los medios de comunicación que se proclaman católicos, de la costumbre de querer juzgar todo y a todos poniéndose en un pedestal y ensañándose sobre todo con los hermanos en la fe que tienen opiniones diferentes. Y que no se crea que esta actitud profundamente anticristiana (aunque sea transmitida por siglas «católicas») sea un fenómeno transitorio, ligado sólo a la crítica cotidiana del pontificado actual. En el origen de esta actitud hay algo más profundo y menos contingente: la creencia de que para existir y afirmarse, mi identidad necesita identificar diariamente un enemigo contra el cual arremeter. Alguien a quien atacar, alguien a quien condenar, alguien a quien juzgar hereje.

También sobre este punto el testimonio de Jesús se presenta como un cambio total, que socava las tradiciones adquiridas y los comportamientos estratificados, desafiando los «biempensantes” de cada época y lugar. Lo vimos una vez más en el encuentro que Francisco tuvo hoy, 25 de enero, en el Centro de Cumplimento de Menores ‘Las Garzas’ de Pacora, con la JMJ panameña que por algunas horas entró en la cárcel, acercándose a aquellos jóvenes imposibilitados de participar en los eventos. Un conmovedor testimonio de compasión y misericordia, que no nace porque se haya aprendido en un manual, sino porque esa compasión y esa misericordia se experimentaron primero en uno mismo para poder convertirse en la mirada hacia el otro, hacia el pecador, hacia quien se ha equivocado.

Francisco explicó a los huéspedes de la prisión juvenil que Jesús no tuvo miedo de acercarse a aquellos que, por un sinfín de razones, llevaban la carga del odio social. Comía en casa de publicanos y pecadores, escandalizaba a todos. Porque «Jesús se acerca, se compromete, pone en juego su reputación e invita siempre a mirar un horizonte capaz de hacer nueva la vida y la historia”. Pero muchos no pueden soportar esta elección del Hijo de Dios, prefieren congelar y estigmatizar el comportamiento de aquellos que han cometido errores, etiquetando no sólo el pasado sino también el presente. Y haciendo así, explicó Francisco, todo lo que se produce es división, separando los buenos y los malos, los justos y los pecadores. Se levantan muros invisibles, creyendo que marginando y aislando el problema se ha resuelto. En cambio, casi todas las páginas del Evangelio nos muestran una actitud diferente, una revolución copernicana, que pasa a través de los ojos de Jesús capaces de mirar a la gente no por los errores, pecados o los crímenes que habían cometido, sino por lo que sus vidas pueden llegar a ser si son tocadas por la misericordia, por la compasión, por el amor infinito de un Dios que te abraza antes de juzgarte.

Esta mirada, dijo el Papa, viene del corazón de Dios. «Comiendo con publicanos y pecadores -agregó Francisco hablando a los menores detenidos – Jesús rompe la lógica que separa, excluye, aísla y divide físicamente entre «buenos» y «malos». Y no lo hace por decreto o con buenas intenciones, tampoco con voluntarismos o sentimentalismo, lo hace creando vínculos capaces de posibilitar nuevos procesos; apostando y celebrando cada paso posible”. Porque la mirada del Señor, que podemos experimentar en el sacramento de la penitencia, «no ve una etiqueta ni una condena. Sino que ve hijos.»


Tomado del portal Vatican News