La salvaje “Guerra de los huesos” lidiada por dos científicos en el Viejo Oeste de Estados Unidos

Foto: El cráneo de un Triceratops, uno de los muchos dinosaurios descubiertos durante la "Guerra de los Huesos". SCIENCE PHOTO LIBRARY

Pocas cosas cautivan más la imaginación de chicos (y grandes) que los dinosaurios.

Aunque sepas poco sobre estas criaturas prehistóricas, seguramente hayas escuchado hablar de especies como el Brontosaurio, el Estegosaurio o el Triceratops.

Increíblemente, todas estas familias de dinosaurios, y varios más, fueron descubiertas durante un breve período de años, entre las décadas de 1870 y 1890.

Antes de ese tiempo, casi nadie había escuchado siquiera la palabra dinosaurio.

Pero todo eso cambió repentinamente gracias a los impresionantes descubrimientos de dos hombres: los paleontólogos estadounidenses Othniel Charles Marsh y Edward Drinker Cope.

Marsh y Cope encabezaron lo que sería la época de oro de la paleontología, la ciencia que estudia los fósiles de vidas pasadas, en América del Norte.

Sus descubrimientos ocurrieron, apropiadamente, durante la llamada Gilded Age (Edad dorada) en Estados Unidos, la época posterior a la Guerra de Secesión durante la cual el país vivió un crecimiento económico y demográfico sin precedentes.

Pero así como ese período estuvo caracterizado por grandes desigualdades que generaron graves conflictos sociales -de hecho el término «Edad dorada» fue acuñado de forma satírica por el escritor Mark Twain- también la época de mayor brillo de Cope y Marsh terminó en escándalo y se convirtió en la peor disputa en la historia de la paleontología.

Aunque entre ambos lograron que esa ciencia diera un salto increíble, con el descubrimiento de más de 120 nuevas especies de dinosaurios en apenas tres décadas, la brutal rivalidad entre ellos -que pasó a la historia como «La guerra de los huesos»- dejaría a los dos pioneros social y económicamente arruinados.

Qué pasó

En el documental radiofónico de la BBC The Bone Wars («La Guerra de los huesos»), la periodista e historiadora Tracey Logan cuenta que en un comienzo, Cope y Marsh eran amigos y colaboradores.

Se habían conocido durante una expedición en Alemania ,y al regresar a EE.UU., Cope invitó a Marsh a visitar su último proyecto: una excavación de fósiles en Nueva Jersey.

Marsh procedió a sobornar al dueño de la cantera para que le enviara las mejores muestras a él.

Fue así como en 1876 logró realizar un importante hallazgo que en realidad le correspondía hacer a Cope.

«Marsh dio el disparo inicial de la Guerra de los huesos», cuenta Logan. «Y desencadenó un duelo que duraría 30 años».

Existen distintas teorías sobre los motivos que tuvo Marsh para su turbio accionar.

Una es que el académico, que se había graduado de la prestigiosa Universidad de Yale, donde luego se convirtió en el primer profesor de paleontología del país, no confiaba en las capacidades de su colega, al que consideraba un amateur, ya que había recibido muy poca educación formal.

Otra es que simplemente estaba celoso de Cope, quien además de venir de una familia más rica y ser más joven, también era considerado más apuesto y encantador.

Viejo Oeste

Como en las películas de vaqueros, el duelo académico entre Marsh y Cope tuvo como trasfondo el Viejo Oeste de EE.UU.

La expansión hacia el occidente de ferrocarriles, asentamientos y bases militares había impulsado la recolección de fósiles en lugares como Texas, Colorado y Wyoming.

Como señala Logan, realizar excavaciones en medio del Wild West (Salvaje Oeste), famoso por sus bandas de forajidos, era una tarea sumamente riesgosa.

También estaba el conflicto con los pueblos originarios, que eran desplazados por los blancos que llegaban y obligados a vivir en reservas.

Y continuaba el gold rush, o fiebre del oro, que había nacido unas décadas antes en California y ahora se expandía hacia el noreste.

En medio de todo esto, la pelea entre Marsh y Cope para ver quién realizaba los mayores descubrimientos hizo que incluso una actividad cultural como la paleontología adoptara métodos salvajes.

«Algunas de las técnicas que usaron los cazadores de fósiles en las canteras se parecían a las tácticas de los desperados», le contó a la BBC el historiador de la Universidad de Cambridge Jim Secord, un experto en este período.

«Había rumores de peleas a pedradas, de canteras que eran dinamitadas para evitar que el otros accediera a ellas. Hoy en día creemos que esas versiones eran exageradas, pero el contexto de las amenazas externas que existían en la época era muy real», afirma.

Guerra de palabras

Lejos de las canteras, sentados en sus respectivas oficinas -Cope en Filadelfia y Marsh en New Haven-, ambos científicos continuaron sus diatribas.

Los dos gastaron mucho tiempo y dinero atacando al otro, desacreditando sus obras científicas y buscando arruinar la credibilidad de su rival.

Utilizaron todo tipo de métodos, incluyendo el sabotaje y la corrupción, para intentar dejar al otro sin financiación para sus proyectos.

Ambos recurrieron al nepotismo para tratar de lograr la supremacía en su campo.

Cope utilizó el dinero de su rica familia cuáquera para financiar su prodigiosa publicación de trabajos –unos 1.400 papers a lo largo de su vida-.

Y Marsh contó con el apoyo de su rico tío, George Peabody, quien fundó el Museo de Historia Natural de Yale, donde pudo exhibir sus hallazgos.

Al final, más allá de sus increíbles aportes a la paleontología, Cope y Marsh se hicieron más famosos en su época por su empedernida rivalidad que por sus asombrosos hallazgos.

Errores

Otra consecuencia de la guerra entre los dos principales paleontólogos de EE.UU. fue la cantidad de errores embarazosos que cometieron por apresurar sus conclusiones, con tal de llegar primero y mostrarse superiores.

A Marsh le gustaba relatar como, durante su juventud, su rival una vez había pegado la cabeza de un dinosaurio sobre su cola, creyendo que se trataba del cuello.

Sin embargo, él también metió la pata en más de una ocasión. Por ejemplo, cuando anunció en junio de 1877 que había descubierto un nuevo y gigante dinosaurio al que llamó Titanosaurio, sin darse cuenta de que ese nombre ya había sido tomado.

Cinco meses más tarde tuvo que republicar su trabajo, dándole un nuevo nombre a su criatura: Atlantosaurio, al que categorizó como una nueva familia de dinosaurios, afirmación que luego se disputaría.

El profesor Paul Barrat, paleantólogo del Museo de Historia Natural de Londres, afirma que muchos de los nombres que eligieron tanto Marsh como Cope eventualmente fueron recategorizados.

Sin embargo, el experto resaltó la gran cantidad de especies que hallaron entre ambos, cuyos nombres sobrevivieron hasta hoy.

«Muchos de los dinosaurios más famosos que conocemos fueron descubiertos y nombrados por ellos. Por ejemplo, el Diplodoco, el Triceratops y el Estegosaurio, todos fueron hallados por Marsh«.

«Y el Camarasauro fue descubierto por Cope«.

Mirando esa lista, no te sorprenderá saber que eventualmente Marsh, quien inició la Guerra de los huesos, fue considerado el ganador de esta contienda paleontológica.

Esto, a pesar de que Cope fue, por lejos, quien escribió la mayor cantidad de trabajos científicos.

«No sé si el éxito de Marsh fue que simplemente tuvo más suerte, o si tuvo mejor ojo, o si se debió a que tuvo acceso a mejores materiales de dinosaurios que Cope«, dice Barrat.

Brontosaurio

Pero a pesar de su buena fortuna, Marsh sufrió un gran traspié con su descubrimiento más famoso: el Brontosaurio, que fue motivo de controversia durante más de un siglo.

La historia es así: en 1877, Marsh descubrió los restos de uno de los animales más grandes que han existido en la Tierra. Lo llamó Apatosaurio, y fue el primer gran saurópodo hallado en el mundo.

Dos años más tarde, descubrió otra familia de dinosaurios gigantes a los que llamó Brontosaurios. El nombre se convertiría en una de las especies más icónicas de dinosaurio.

Pero lo curioso es que, a pesar de su fama, el Brontosaurio en realidad no fue considerado como una especie distinta durante casi todo el siglo XX.

En 1903, tras el hallazgo de otro esqueleto similar al del Apatosaurio y el Brontosaurio, científicos del Museo Field de Chicago determinaron que en realidad ambas especies pertenecían a la misma familia.

Así, el icónico Brontosaurio perdió su nombre, y pasó a llamarse Apatosaurio excelsus, ya que esa especie fue la que se había hallado primero.

Sin embargo, como cuenta Barrat, la cultura popular nunca dejó de usar el nombre Brontosaurio, por lo que se dio el curioso fenómeno de que por más de un siglo se siguió popularizando una especie que en realidad había dejado de existir como tal.

Pero el gran Brontosaurio, y quien lo nombró, Marsh, lograrían imponerse al final.

En 2015, un minucioso estudio realizado por científicos de la Nueva Universidad de Lisboa, en Portugal, que comparó las diferencias entre las muchas especies de saurópodos que habían sido descubiertas hasta la fecha, determinó que Marsh había estado en lo cierto.

El Brontosaurio fue nuevamente reconocido como una especie diferente al Apatosaurio y el popular dinosaurio recuperó su nombre más famoso.

«Puedes imaginar el gesto presumido que hubiera tenido Marsh cuando hicieron el anuncio», bromea Logan.

«Ciertamente hubiera encontrado inmensamente placentero que otro de sus nombres sobreviviera para echarle en la cara a Cope», coincide Barrat.

Rivalidad eterna

Sin embargo, también es probable que, si hubiera estado con vida, Cope no hubiera perdido la oportunidad de recordar como Marsh le colocó a su famoso esqueleto de Brontosaurio la cabeza de un Camarosauro, el dinosaurio más famoso que halló él.

«Lo que ocurrió es que cuando Marsh encontró los restos del Brontosaurio estaban mezclados con fósiles de un Camarasauro y, por accidente, colocó el cráneo de un Camarosauro en el esqueleto del Brontosaurio».

Este error perduró por muchísimo tiempo y recién fue advertido y corregido en la década de 1970.

«Marsh se hubiera revolcado en su tumba si supiera», se ríe Logan.

«Por lo menos no estuvo vivo para verlo, porque sospecho que su ego no lo hubiera podido tolerar«, comenta Barrat.

Para el experto, si bien los aportes de Marsh resultaron más importantes y duraderos, el legado de Cope también fue muy relevante debido a la amplia gama de temas que investigó.

«Yo diría que si bien Marsh ganó la Guerra de los Huesos en términos de dinosaurios, Cope tuvo la mayor influencia en términos de biología evolutiva en general».

Lo que podríamos llamar un empate técnico.

Puedes escuchar el documental radiofónico de la BBC «The Bone Wars» (en inglés) aquí


Tomado de portal BBC Mundo