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Laicos son los fieles cristianos, el pueblo de Dios, quienes tienen esperanza y fe en el espíritu Santo siendo testimonio de vida.

Los laicos son los  todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que están en estado religioso reconocido por la Iglesia, es decir, los fieles cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el bautismo, constituidos en Pueblo de Dios y quienes están función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen, por su parte, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.

Además, a los laicos se pertenece por propia vocación, el  buscar el reino de Dios, obrando bien. Aquellos que viven la cotidianidad, quienes tienen una vida familiar, quienes laboran, quienes tienen fe en todos los campos de la vida; quienes a pesar de las dificultades, siguen a Dios, teniendo fe y esperanza.

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Pues bien, allí están llamados por Dios cumpliendo su palabra, quienes tienen la palabra de Cristo en sus corazones y dan testimonio. Así mismo construyen un mundo mejor, lleno de amor, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad. Son todos aquellos que tiene como propósito ayudar a los demás, ser ejemplo de vida, brillar con luz propia, llenos de amor y fe, vinculados con el espíritu santo.

Los laicos tienen su papel activo en la vida y en la acción de la Iglesia, como partícipes que son del oficio de Cristo como Sacerdote, profeta y rey. Su acción dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria que sin ella el mismo apostolado de los pastores muchas veces no puede conseguir plenamente su efecto. Pues los laicos de verdadero espíritu apostólico, a la manera de aquellos hombre y mujeres que ayudaban a Pablo en el Evangelio (Cf. Act., 18,18-26; Rom., 16,3), suplen lo que falta a sus hermanos y reaniman el espíritu tanto de los pastores como del resto del pueblo fiel (Cf. 1 Cor., 16,17-18).

Juan Pablo II ha dicho de los laicos: “El Reino de Dios, presente en el mundo sin ser del mundo, ilumina el orden de la sociedad humana, mientras que las energías de la gracia lo penetran y vivifican. Así se perciben mejor las exigencias de una sociedad digna del hombre; se corrigen las desviaciones y se corrobora el ánimo para obrar el bien. A esta labor de animación evangélica están llamados, junto con todos los hombres de buena voluntad, todos los cristianos y de manera especial los laicos”. (Cfr. Centesimus annus, número 25).

Las personas que creen en Dios ejercen en la fe, en la esperanza y en la caridad, que derrama el Espíritu Santo en los corazones de todos los miembros de la Iglesia. Más aún, el precepto de la caridad, que es el máximo mandamiento del Señor, urge a todos los cristianos a procurar la gloria de Dios por el advenimiento de su reino, y la vida eterna para todos los hombres: que conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo (Cf. Jn., 17,3).

Los fieles Cristianos trabajan dando el mensaje divino de la salvación, aceptando las dificultades y a todas las personas en cualquier parte del mundo, brindado siempre lo mejor de si, llenos de amor, fe y esperanza.

 

A continuación, los diez puntos del Decálogo (mandamientos)

  1. Un laico que ha hecho la experiencia personal de Jesús, que alimenta su vida de fe en los Sacramentos, en la Palabra y en la oración personal y comunitaria.
  2. Un laico que ama apasionadamente a la Iglesia y a Cuba y que atento a los signos de los tiempos se compromete con el mejoramiento de la sociedad.
  3. Un laico consciente de su identidad laical, que vive su compromiso cristiano con espíritu misionero, siendo sal y luz en su familia, barrio, centro de trabajo o estudio.
  4. Un laico preocupado por su formación permanente, conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia, para dar razón de su fe y colaborar en la transformación de sus ambientes.
  5. Un laico misericordioso, cercano al mundo del dolor y de los necesitados, que se muestra dispuesto al servicio, al diálogo y la reconciliación, que sabe perdonar.
  6. Un laico que vive y contagia alegría y esperanza desde su vocación evangelizadora y descubre al Resucitado en el prójimo.
  7. Un laico sensible a la realidad social, política, económica y eclesial, con espíritu profético, que anuncia el Evangelio con su palabra y con su vida, y denuncia todo lo que se opone al Reino de Dios.
  8. Un laico con sentido de pertenencia a la comunidad eclesial, dispuesto a asumir los servicios y ministerios que se le soliciten, que sabe trabajar en equipo y es generador de fraternidad y de comunión.
  9. Un laico comprometido con el cuidado de la vida humana y del medio ambiente.
  10. Un laico que con su testimonio de vida coherente contribuye a la transformación del mundo.

    Redacción: Annie Rincón 

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