María Teresa Vera, la gran dama de la trova cubana

Foto: María Teresa Vera, con Rafael Zequeira, en 1916

Voz imprescindible de la historia de la música habanera, grabó cerca de 200 canciones de diferentes estilos en sus 50 años de carrera, pero su repertorio tenía más de mil

Por: Alberto López

EL PAÍS (ES)

María Teresa Vera conoció desde niña los ambientes bohemios de principios del siglo XX, así que, cuando le aconsejaron aprender a tocar la guitarra no lo dudó y se abrió ante ella un mundo apasionante de posibilidades. Su primera actuación en público, a los 16 años, confirmó que se dedicaría a la música toda su vida, ya que interpretó la canción ‘Mercedes’ acompañada por su autor, y fue tal el éxito que tuvo que repetirla seis veces.

Desde ese momento comenzó una carrera musical que la llevó a formar numerosos dúos y sextetos, a viajar a Estados Unidos y, sobre todo, a popularizar los sones de la música cubana en sus diferentes estilos: capricho cubano, guaracha, rumba, clave, criolla, canción, bambuco, son, habanera, bolero, melopea,… pero destacando en uno, la trova, con el que se convirtió en la gran dama musical de Cuba y en voz imprescindible de la historia de la música en el país caribeño al ser de las pocas mujeres cantante en aquella época.

María Teresa Vera nació en la localidad cubana de Yaguajay el de 6 de febrero de 1895. Fue nieta de esclavos e hija de un militar español al que no llegó a conocer, pero creció al amparo de una familia adinerada en cuya casa su madre trabajaba como sirvienta.

En aquella mansión a la que acudían grupos de la trova tradicional cubana comenzó a relacionarse sin querer con un ambiente bohemio y a manifestar aptitudes musicales. Allí conoció al famoso autor Manuel Corona, que fue quien le aconsejó que aprendiera a tocar la guitarra y le enseñó algunas de sus canciones, convirtiéndose en la influencia más decisiva de la pequeña María Teresa.

Cuando tenía 16 años María Teresa Vera inició su carrera artística en un dúo con Rafael Zequeira, presentándose por primera vez en el teatro Politeama Grande de La Habana. Fue el 18 de mayo de 1911 e interpretó la canción ‘Mercedes’ acompañada por su autor. Fue tal el éxito y los aplausos que tuvo que repetirla seis veces. Desde entonces comprendió que ese era el camino a seguir.

En 1918 viajó a Nueva York para actuar en el teatro Apolo junto a Rafael Zequeira, con quien formó un dúo de leyenda grabando sus primeros discos y popularizando de inmediato muchas de sus canciones, como ‘A llorar a Papá Montero’. En esos primeros años viajó a Estados Unidos casi en una decena de ocasiones.

Su carrera musical dio un gran salto en 1922 al firmar un contrato por la casa discográfica RCA Victor. En esos años, hasta la muerte de Zequeira en 1924, María Teresa grabó 149 obras, primero con Zequeira y después con Manuel Corona.

Después de una etapa en la que actuó sola o acompañada esporádicamente por otro trovador, y después de varias uniones musicales, María Teresa terminó formando el famoso Sexteto Occidente. Estaba compuesto por músicos de brillantes carreras y supuso para ella una etapa de gran éxito dentro de la gran tradición cubana que había para los sextetos de son y de la demanda que existía de este tipo de agrupaciones musicales.

El grupo, a pesar del éxito, tuvo una corta carrera y realizó escasas grabaciones, sobre todo por la competencia de otro grupo de similares características, el Sexteto Habanero. Ambas formaciones desarrollaron la forma de tocar el son conocida como «a la habanera», y fueron los primeros en popularizar este tipo de música con características propias.

Dos circunstancias obligaron en ese momento a María Teresa a dar un giro a su carrera: la primera, el ciclón de 1926, uno de los más grandes y devastadores que ha sufrido la isla; y la segunda, que la religión que profesaba, la yoruba, le prohibía seguir con su carrera artística. La joven cantante y guitarrista aceptó esta segunda condición y vendió el sexteto, que pasó a denominarse Sexteto Nacional.

Diez años estuvo la ya famosa trovadora en silencio para el mundo. Decidió hacerse santera y dejó la música hasta 1936, dedicándose a sus barajas y lecturas de la religión afrocubana. Pasado ese tiempo obtuvo una dispensa de las autoridades yoruba y pudo continuar con su otra ‘religión’, la música y cantar.

Ese año reapareció de forma efímera en un programa de radio con un cuarteto compuesto por Justa García, Dominica Verges y Lorenzo Hierrezuelo. Con este último, a partir de ese momento formó un dúo que duró más de veinticinco años, y con el que María Teresa se reafirmó como la gran dama de la trova al revolucionar todo el movimiento musical habanero.

María Teresa y Lorenzo se identificaron tanto profesionalmente que se podían permitir el lujo de ensayar en contadas ocasiones. Con él realizó en 1947 una gira por México. Dos años después, en 1959, fue contratada por la emisora de radio CMZ, del Ministerio de Educación, y durante un largo periodo participó en diversas emisoras habaneras programas de divulgación del cancionero cubano.

Sin embargo, no todo fue esplendor y éxito. En lo profesional Vera también sufrió el momento del chachachá, del mambo y de los discos de larga duración y en lo personal hasta tuvo que ir a declarar a los tribunales por falta de recursos para pagar su alquiler. En medio de esta situación de embargo creó en el año 1957 otras grandes obras: ‘Sufrir y esperar’, ‘Ya no te quiero’ y ‘Te digo adiós’.

A lo largo de su vida artística, que se extendió por medio siglo, María Teresa Vera no compuso muchas canciones, y entre las que cantó destacan ‘Por qué me siento triste’, ‘No me sabes querer’, ‘Yo quiero que tú sepas’, y la conocidísima y siempre vigente ‘Veinte años’, considerada una de las más bellas canciones cubanas de todos los tiempos.

Los textos de sus canciones se los hacían amistades que escribían poesía, ya que era amiga de renombrados aunque nunca cantó canciones del teatro lírico ni boleros que no fueran los tradicionales, porque prefirió no quebrar su línea estilística.

Sus últimas presentaciones en público tuvieron lugar en 1961 y desde ese momento, enferma, se retiró de la actividad musical. Falleció el 17 de diciembre de 1965 en La Habana, a los 70 años de edad.

A pesar del tiempo transcurrido, Cuba la tendrá siempre entre sus figuras emblemáticas y hasta el propio Silvio Rodríguez ha reconocido que la voz de María Teresa Vera “era sin vibrato, seca; tocaba las notas y solo se prolongaba para ‘glisar’ de un tono a otro, lo cual le imprimía una gracia, o más bien un carácter, muy singular. Su emisión era aparentemente descuidada, natural, popular; incluso a veces se le rajaba la voz, pero sin desafinar. Siempre hacía variantes de las melodías originales, por lo que, en este sentido, también interpretaba creadoramente”.

En 1995, con motivo del centenario de su nacimiento, se editó un disco homenaje de título ‘A María Teresa Vera’, en el que intérpretes como Omara Portuondo, Martirio, Pablo Guerrero, Gema y Pável, Jacqueline Castellanos, Uxía y Argelia Fragoso interpretaron algunas de sus canciones.


Tomado del diario EL PAÍS (ES)