Nito Mestre: «Los reggaetoneros… ¿habrán escuchado a los Beatles alguna vez?»

Foto: Alejandro Oropeza.

Desde Buenos Aires, el legendario músico rememora sus días en Sui Generis y algunos pasajes junto a Paul McCartney y Charly García. «A mí me encanta que estén las mujeres, antes era todo algo más machista, ahora es más normal», dice sobre la actual escena musical argentina y asegura que no votará en las presidenciales de octubre.

Por: Johanna Watson

Culto / La tercera (Ch)

Nito Mestre se relacionó naturalmente con la música desde niño. Su papá, Eduardo Mestre, era médico cirujano y paralelamente violinista profesional. La madre era danesa, le gustaba escribir y cantar. De esa unión nació un niño con dotes artísticos e inquietud musical, que a los siete años se integra al coro de su colegio, la Escuela Nº3 de Caballito. En ese momento se da cuenta de que su voz es especial: desafinaba a propósito y la profesora le decía «Mestre, ya sé que sos vos». A los ocho años ingresa al grupo folclórico del colegio y pronto comienza a incursionar en el mundo de los instrumentos. El primero, una flauta dulce, regalo de su abuela. A pesar de que más adelante estudiaría cuatro años de medicina, ya era un hecho, Nito Mestre desarrollaba su relación con la música y con estos hitos forjaba el camino que transitaría durante toda su vida.

Nos reunimos con él un lunes por la mañana en Palermo, en un café moderno sugerencia de él. Cuando llegamos sonaba Björk. Conversamos un par de horas acompañados de buena música y cafés. Cuando terminamos, sonó la mítica «Twist and Shout» la primera canción que Nito escuchó de los Beatles, banda que cambiaría el sonido de su vida.

¿Cuál fue tu primer long play?

Tenía nueve años y quería tener un disco, mis papás me dieron la plata. Mis viejos me dijeron «queremos escuchar con vos» —hasta ese momento yo escuchaba la música de ellos—. Fue toda una ceremonia, puse el tocadiscos Winco, se sentaron en un sofá y lo puse: «Cuando calienta el sol» con Enrique Guzmán, el cantante de los Teen Tops, de los primeros que cantó rock en castellano. La reacción de mis viejos fue «ah, está bien». Supongo que si hubiese salido con una cumbia villera o un reggaetón me tiraban el tocadiscos por la cabeza.

¿Cuándo aparecen los Beatles en tu vida?

Justo fallece mi viejo, yo tenía 11 años, estaba en sexto grado. Tuve un profesor divino, Julio Ricardo, era comentarista de fútbol y a la vez maestro de escuela. Él fue a Inglaterra y nos cuenta que había un fenómeno que se llamaba Beatlemanía. Al tiempo salió Anochecer de un día agitado, la primera película de los Beatles. Con un compañero le dijimos al maestro y fuimos a verla. Cuando la vi dije «esto es lo que me gusta». Compramos el disco a medias con mi amigo, lo escuchamos doce mil millones de veces y le dije a mi maestro: «me voy del conjunto folclórico, quiero armar un grupo de rock» y también «me quiero dejar el flequillo largo, y quiero comprarme las botitas de los Beatles». Entonces armé mi primer grupo.

¿Cuál es tu Beatle favorito?

Paul, obviamente. Por carácter y por visual. Pese a que Ringo también me llamaba la atención. Casualmente no era John Lennon, porque la cosa de líder no es para mi.

Entonces Paul era tu referente.

Sí, siempre lo seguí por ese lado, aparte era el que más lindo cantaba.

Sobre las preguntas de tu pasado musical, dijiste en una entrevista que tu encuentro con Paul McCartney cambió tu visión al respecto.

Yo le pregunté si iba a cantar canciones de los Beatles, si no le aburría. Entonces me dijo «cómo me va a aburrir —aún vivía George Harrison— yo soy uno de los tres Beatles». Además dijo «todos los días, escenarios y públicos son distintos, y uno tiene la capacidad de jugar con las mismas canciones». Luego de eso pensé «también es extremadamente egoísta tocar sólo temas nuevos» yo también voy a conciertos como público, ¿qué voy a querer escuchar? Paul también lo dijo: «el feedback con la gente, eso es un concierto». Un concierto tiene que ser un evento especial, memorable, donde cantamos canciones que traen recuerdos, otros escuchan en vivo por primera vez, es una comunión.

¿Pensaste alguna vez que ibas a conocer a Paul McCartney?

Cuando lo vi en el cine de pibe tuve un sueño: «ojalá alguna vez conozca a los Beatles o a alguno de ellos». Entonces dije «voy a estudiar medicina, me voy a recibir, los colegas amigos de mi padre me darán una beca para ir a terminar una especialización a Inglaterra y voy a conocer a los Beatles». Siempre digo que se cumplieron varios de mis sueños. Yo lo pedí a los once años —en el año 64— y lo conocí el 93, no siempre se da cuando uno quiere, pero no dejé de pensar que algún día se podía dar.

¿En qué contexto lo conociste?

Cuando vino a la Argentina pedí ser su telonero —para conocerlo, no para tocar antes—. Yo soy fan absoluto, y cuando me enteré que venía fui a ver a Daniel Grinbank (productor). Le dije: «Si estuviese vivo John Lennon tiene que ir Charly, pero como es Paul, tengo que ser yo». En agosto me dijeron que iba a tocar. Desde ahí hasta diciembre ensayaba cada tema como si fuese el último show de mi vida. Aparte era el disfrute de saber que estaba ensayando para esa fiesta. Las cosas duran muy poco, hay que ir disfrutándolas de antes.

¿Cómo fue el día que hablaste con él?

El día que llegó averigüé la hora en que llegaba al estadio, pero antes fui a los camarines que están en un pasillo. Elegí el mío que estaba pasando el de él, así no me podían prohibir el paso. El primer día fue gracioso porque cuando llego al estadio, escucho que están tocando y me siento en medio del piso de la cancha y digo «¡buenísimo! Estoy mirando a Paul McCartney en River yo solo». Fue un lujo que duró cinco minutos, se acercaron y me dijeron «Paul quiere que esté despejado aquí».

Conseguí un pase para entrar a la conferencia de prensa, me siento con los periodistas en una tribuna. Pensé en hacerle una pregunta a Paul y en cuanto entro, me llaman para que vaya a tocar —yo tenía que ir a abrir el show de él—. Cuando termino de tocar, voy en el pasillo, veo a un guardaespaldas y a Paul. Me hago el boludo, paso como si nada, me doy vuelta, lo miro y le digo «Paul, yo soy el cantante soporte, me llamo Nito Mestre» todo bien rápido, me mando a saludarlo y el guardaespaldas me frena. Paul le dice que me deje. Corrí a los concejales que estaban con él y les dije «ustedes tienen tiempo de sobra para darle las ‘llaves de la ciudad’, yo lo estoy esperando desde los once años». Lo primero que Paul me pregunta es «¿cómo te fue con la gente?» —yo pensaba, ¿qué le importará cómo me fue, si soy un piojo resucitado?— «Bien», le dije. «¿Y cómo te parece que me va a ir a mí?», me pregunta. Yo lo había estado esperando toda la vida y en dos segundos era como estar hablando con un compañero de barrio.

Paul tuvo varios conciertos esa vez, ¿tuviste la chance de interceptarlo de nuevo?

Al segundo día me pasó lo más glorioso: estoy tocando —River lleno— después del primer tema me doy vuelta y está Paul con su hijo viendo el show desde el costado del escenario. Yo le digo al público «excuse me» y fui a saludarlo. Se quedó a mirar todo el show y después me llamó a su camarín, fuimos todos.

En esa época no había celulares, llevé una camarita chica y me la puse en la media por si me la requisaban. Cuando pasé por el camarín, Paul dice «¡vení, entrá!». Se cagó de risa cuando me ve sacar la cámara de la media. El último día me pidió ayuda con la pronunciación de un texto en castellano que tenía que leer al público. Fue una experiencia maravillosa. Cerré el círculo.

Fueron justamente los Beatles los que te hacen conectar musicalmente con Charly cuando se conocen.

Claro, eso fue en la secundaria, en tercer año, en el colegio Dámaso Centeno. Yo iba al turno de la mañana y él iba en la tarde, cada uno tenía su banda. Lo conocí en el recreo, él estaba tocando piano en la sala de música. Nos pusimos a hablar: «¿qué música te gusta?» cosas de pibes de quince años.

Hoy en día sería «¿Te gusta Bad Bunny o Maluma?».

(Risas) Claro, «¿te gusta Bad Bunny?», «¿Tenés tatuajes?». Esa cosa no existía. Nos hicimos amigos en seguida por los Beatles y la música clásica, él había estudiado. También había unos programas de televisión Shingling y Hullabaloo donde mostraban los comienzos del rock en Inglaterra: Led Zeppelin, Hendrix, Jimmy Page, Peter, Paul and Mary. Ese programa no lo veía nadie, lo pasaban los sábados en la noche cuando todos salían, pero yo lo veía y Charly también. En el colegio no se hablaba de eso, cuatro o cinco tipos nada más. Los más fervientemente seguidores éramos Charly, Piegari y yo.

¿En ese momento fusionan sus bandas?

Claro, viene el bajista de Charly, Alejandro Correa, y me dice «Charly quiere hablar con vos para que entres a cantar en la banda». Le dije «ok, estoy con Piegari». Con Charly nos empezamos a ver como compañeros muchísimo más. Me iba a dormir a su casa, él tenía una cama «nido» y me podía quedar. Íbamos a todos lados juntos: al cine, hacíamos pruebas a ver si nos contrataban para tocar en las fiestitas, siempre con la meta de grabar un disco.

Sui Generis parte tocando en cumpleaños de quince…

Sí, en fiestitas, íbamos con la guitarra a cantar con Piegari, Charly y yo. Después Piegari se fue, la madre no lo dejó seguir en el ambiente de la música, ella era de otra clase social. Una vez tocamos en el barrio «La Boca» que es muy «popu». Fuimos a un programa de televisión de colados a tocar con playback. Con Charly nos metíamos en todos lados, después el productor que tuvimos nos dijo «los músicos somos como prostitutas: no elegimos al cliente, ellos nos eligen a nosotros». Tocábamos en un piso de la calle Libertador para gente de altísimo nivel, o en una villa de emergencia con calle de tierra. Íbamos a todos lados donde nos llamasen. Una vez estaban por matar a alguien y nosotros en una trifulca «¡paren, paren!» Cuando terminamos de tocar, nos fuimos a camarines y nos enteramos que lo mataron. Tocábamos en lugares heavys. Los de Manal iban armados con «jumbos». Todo eso nos sirvió para foguearnos. No éramos «los nenes de mamá que tocan donde eligen». Llegamos a tocar nueve veces un fin de semana.

«Hicieron calle», como se dice en Chile.

Hicimos calle, de lo cual me alegro. Fue la mejor escuela, para ver si funcionábamos, contactarnos con la gente, estar atentos con los nervios, etc. Lo que yo le digo a los pibes que tocan ahora: tienen que salir, tocar y tocar. Ahora son más exquisitos, arman una banda y dicen: «quiero tener un manager». Nosotros cargábamos los equipos en tren, los bajábamos en una camioneta, teníamos que saber algo de electricidad, conectar todo. Era sacrificado pero divertido, cuando tenés diecisiete años ¿qué te vas a poner «fifí»?. Eso fue bárbaro.

El nombre de Sui Generis proviene de una anécdota escolar. ¿Podrías contarla?

Charly dice que lo puso él (risas). Si le preguntas a Charly, él lo hizo todo… creó el mundo (risas). Pero está bien, Charly es así, cada uno tiene su forma. Fue el profesor de matemáticas, no sé por qué motivo dijo frente al curso: «El semen tiene un olor muy ‘Sui Generis'». Todo el mundo salió a recreo diciendo «hey lo que dijo el profesor, que buen nombre para un grupo» y quedó «Sui Generis». Al profesor le gustaban las chicas y hacía comentarios medios fuera de lugar. Decía cosas ridículas. Nuestro colegio era bastante ridículo.

El Dámaso Centeno era un colegio dependiente de militares, ¿no?

Si, pero ni Charly ni yo teníamos familia militar, nosotros fuimos ahí porque nos quedaba cerca. El director era militar, el subdirector era un militar que había perdido un ojo por una explosión de algo y era de terror, nos tenía cagando, mal. Teníamos una materia que se llamaba «Defensa civil», nos enseñaban a perseguir comunistas. Enseñaban técnicas. Había un libro que se llamaba Cómo defender a la Patria. Teníamos que ir a Tiro Federal, tirábamos con máuser, las chicas con calibre 22 en otra sección. Si veíamos a alguien con barba, había que sospechar porque era comunista. A nosotros nos condicionaban al revés, les salió el tiro por la culata, éramos rebeldes absolutos.

¿Cómo recuerdas las grabaciones del disco Vida?

Nos contrata el productor Jorge Álvarez para grabar el disco. Íbamos a grabar temprano usualmente, a las 8 de la mañana, nos metían en los agujeros de tiempo: si había un cupo, nosotros íbamos. ¿Quién quiere grabar a esa hora? La grabación de «Canción para mi muerte» fue tempranísimo. Se me escapó un gallo y vi que todos se cagaron de la risa al otro lado. Tuvimos que hacerlo de nuevo, nosotros grabábamos toma uno y toma dos a lo sumo, no había presupuesto para una grabación larga, era nuestro primer disco. Estábamos tirando el lance, sabe Dios qué iba a pasar. Jorge Álvarez fue como el padre nuestro, el productor, muchas ideas brillantes de Sui Generis se le ocurrieron él.

¿Cómo cuáles?

Estar en la Biblia, hacer el Adiós Sui Generis, grabar Confesiones de invierno, pasar a un estudio mejor, grabar con orquesta: él lo hizo posible con un arreglador fantástico, Gustavo Beytelmann, que vive en Francia ahora. Meternos en el barro y aparecer en la película Hasta que se ponga el sol, que salió antes del disco. Tuvo un montón de ideas, a veces discutíamos, pero el tipo tenía un ojo clínico, donde ponía el ojo, ponía la bala. No era músico pero tenía visión.

¿Cómo hicieron la foto del disco Vida?

La tapa la hizo Juan Oreste Gatti un tipo genial que trabajó con Almodóvar haciendo el diseño de arte de una película. Es un capo, salvo la primera tapa del disco, cuando la vi me quería matar. Pusieron el color marrón que no soporto. Ahora quedó como un ícono, pero yo digo: «¡qué tapa fea por Dios!» Tardamos nada en sacar la foto, vino un fotógrafo americano, se llamaba Erick. Fuimos donde vivía Charly en calle Vidt 1955 en Palermo. El edificio aún está, Charly vivía en el noveno piso del lado de atrás. Bajamos, había un muro, nos sacamos las fotos ahí y después caminamos por la plaza, veinte fotos debemos haber sacado y se fue.

Cuando comienzan a vincularse con el rock sinfónico mandan a pedir instrumentos que no sabían utilizar.

Sí, cuando nos pusimos a escuchar King Crimson, Yes, y bandas que usaban sintetizadores. Aprendimos todo sobre la marcha. Había un teclado que tenía sonido de cuerdas, era una especie de mellotrón. Habíamos escuchado que los Beatles habían usado uno, este era un símil mucho más chico, lo usamos en «Instituciones». Había un piano acústico que era incomodo de amplificar, pese a que era chico. Pasamos al Rhodes que era una belleza de piano eléctrico, cambió mucho el sonido de la banda.

¿Cómo componían?

Los temas los componía Charly y los terminábamos de ensayar en conjunto. Las voces salían automáticamente, él presentaba un tema y nos poníamos a cantar. El director musical siempre fue Charly. Nos mirábamos los cuatro y decíamos «vos vas arriba y yo abajo» era natural, nos aprendíamos las cosas muy rápidamente.

Tenían memoria y sentido musical.

Sí, Charly tenía oído absoluto y me decía «vos tenés oído relativo, aprendés las cosas volando». Escucho una vez y a la vez siguiente ya sé la voz que hay que hacer. Con Charly era así, cuando empezás a trabajar con alguien a menudo, casi ni hablás, todo iba sobre ruedas.

¿Por qué se acabó Sui Generis?

Por varios motivos, uno de ellos era que no pasaba nada nuevo. Tocábamos muchísimo en Buenos Aires y alrededores. Íbamos una y otra vez a Rosario, Santa Fe, Córdoba, Tucumán, Mendoza y vuelta otra vez. Nosotros queríamos ampliar y salir al extranjero, «sí, sí, ya va». Nos enteramos tarde de las excusas que daba la compañía: «que no les resultaba conveniente editar discos afuera, que no iba a pasar nada». Después salió Instituciones que no tuvo repercusión en ese momento, la grabadora dejó de dar apoyo, venía el gobierno militar en el 74. López Rega, de la Triple A —Alianza Anticomunista Argentina—, empezó a perseguir a todo lo que se le cruzara que no le gustara: Mercedes Sosa, Jorge Cafrune, Nacha Guevara, actores. A nosotros nos hizo cambiar letras o sacar temas de Instituciones, había una contra feroz y después se puso peor.

Están en medio de las elecciones en Argentina, ¿cómo ves el panorama?

No hay ninguno que me guste, todos hacen agua por todos lados, estas elecciones son zafarranchos. Hay personajes sueltos en todas partes, es un quilombo, prometen cualquier cosa. No hay alguien que tenga una línea de conducta, se pasan de bando… yo tengo una ventaja, en octubre no voy a estar en la Argentina así que no voy a votar, no sabría por quién… votaría en blanco.

¿Cuál es tu relación actual con Charly? ¿Se ven, hablan, se relacionan?

Mi relación con Charly es muy buena pero nos vemos poco. Nos queremos mucho. Vivimos cerca. Él anda siempre con grupos de gente, ¿me entendés? Cuando me junto con un amigo, me gusta juntarme con él, o con él y su mujer, tener una relación más normal. Desde hace un tiempo si es él, son cuatro más, ¿viste? Cuando sale hay que llamar una limusina, con dos tipos más y esto y lo otro, eso a mí me embola, si necesita ayuda para caminar es comprensible, pero andar con secretarios y toda la historieta… yo estoy acostumbrado a otra cosa.

Las últimas veces que nos reunimos con León, Charly, Porchetto y yo —más dos que vinieron con él— yo le decía algo a Charly y contestaba el otro, hasta que llegó un momento que dije «mejor no hagamos nada porque yo quiero que me contesten», es muy complicado, no es mi forma sencilla de encontrarse, para mí Charly es un compañero de colegio, la otra parte me aburre enormemente, la fama y los chupa medias que están al lado diciendo «ay Charly que grande que sos» me da un poco de vergüenza ajena. Con él me llevo fenómeno, me cago de risa.

¿Cómo has visto su proceso de desintoxicación?

No sigo de cerca esa parte, se ha pegado un golpe feroz, eso se veía venir. Yo le dije hace mil años «Charly si vos te pinchás y sale sangre, sos humano. O sea, prepárate porque pega». Yo tuve problemas con el alcohol, hace veintidós años dejé de tomar, por lo tanto sé de qué se trata. Por supuesto yo hubiese deseado que esto lo hiciera hace quince años, pero bueno, a cada uno le toca en su momento.

Fue Palito Ortega el que tomó las riendas en ese asunto.

Sí, bueno esa historia es como para un libro, pero fue él y varios más. Palito hizo una cosa enorme que fue poner su casa en el campo para que se rehabilite, que tiene un estudio de grabación a un costado. Me invitó a cantar alguna vez, fuimos a Rosario y cantamos en el Luna Park.

En unos meses más se organizará un festival de rock chileno paritario, se llama la Cumbre del Rock. ¿Qué te parecen esas iniciativas?

Yo tuve la primera banda de hombres con una mujer el año 76, no tuve padre y me crié con una mujer que hizo a la vez de padre y madre. Con lo de la mujer obviamente respeto absoluto, pero no pasa por si es mujer u hombre, si tiene talento o no es lo importante. Me parece fenómeno que la mujer tenga presencia por supuesto, porque cuando armen la grilla equitativa, será fenómeno. Yo hago «el Abecedario de rock» una charla de mi vida, que he dictado en Colombia, Ecuador, Chile, Perú, Argentina, y cuando hago los recorridos a veces abren bandas de mujeres, chicas de dieciséis-diecisiete años y vos decís «¿cómo no son conocidas?». Apoyé hace poquito a un dúo que se llama Salvapantallas que tiene una chica que canta bárbaro. A mí me encanta que estén las mujeres, tendrían que aparecer un poco más, antes era todo algo más machista, ahora es más normal.

Dijiste en una entrevista que te considerabas un poco millennial.

Por todo el asunto de lo digital y las redes sociales, me comunico y lo utilizo, estoy bastante familiarizado. Cuando dejé de tomar alcohol estaba empezando el Internet y me regalaron una computadora. Como tenía que estar ocupado hice un curso a una cuadra de casa y me empezó a gustar todo lo referente a los programas para editar videos, fotos, después para grabar. Me resulta fácil la lógica.

¿Y cómo ves los gustos musicales de los millennials?

Hay de todo. Sacando el reggaetón, que me parece una mierda, porque no hay otra forma de decirlo, me parece una música fea, fea… es una cosa… no, no puedo con eso. Lo querés comparar con una música en serio y no se puede, es todo igual, muy básico, las letras también. Musicalmente fue un declive, ahora se están corrigiendo, se dieron cuenta un poco tarde que las letras eran una barbaridad gigante en contra de la mujer. Dijeron «vamos a darle un poco la vuelta». En una de esas puede llegar a evolucionar a algo mejor… Los que hacen reggaetón, ¿habrán escuchado a los Beatles alguna vez en su vida?

O Sui Generis.

(Risas) Claro… como bien dice Charly, la música está compuesta por melodía, armonía y ritmo. El reggaetón tiene ritmo no más. No llega a ser música.

¿Cómo te gustaría que te recuerde la gente?

Como no voy a estar, no sé. Un tipo que tuvo un lindo oficio… una buena persona por sobre todas las cosas. Lo de músico y todo corre por un lado de haber colaborado a hacer a alguno más feliz en la vida, puede ser eso porque me lo dicen, entonces, acompañé en los momentos difíciles, cuando están solos o cuando eran épocas difíciles.

¿Te gustaría que tu música trascienda a las nuevas generaciones?

Un poco más claro, ahora trascienden y te agarran, espero no ver un reggaetón de un tema de Sui Generis. ¡Son capaces! Lo van a intentar. Pero les pido que no… por favor no.

Ya lo sabe la gente entonces: queda prohibido versionar cualquier canción de Sui Generis en clave reggaetón.

Absolutamente prohibido… y mirá, justamente ponen el primer tema que escuché en mi vida de los Beatles, «Twist and Shout».


Tomado de portal Culto del diairo La Tercera (Ch)