Protestas contra el racismo: la guerra de las estatuas

Foto: En todo el mundo han comenzado a car estatuas de personajes asociados con el racismo /EL ESPECTADOR

La muerte del afroamericano, George Floyd, por abuso policial en Estados Unidos desató una ola de protestas contra la discriminación en el mundo, además de la destrucción de estatuas racistas.

A medida que las protestas por la justicia racial se apoderan de Estados Unidos y otros países, en donde miles de personas han salido a denunciar el racismo y la desigualdad, aumentan los ataques contra símbolos y estatuas consideradas racistas.

En Bristol, Reino Unido, una estatua del comerciante de esclavos del siglo XVII Edward Colston fue derribada y arrojada al río Avon. La ciudad belga de Amberes retiró este martes una estatua vandalizada del exrey Leopoldo II, controvertido personaje del pasado colonial de Bélgica; una estatua de Cristóbal Colón fue decapitada en la noche del martes en Boston y otra figura del mismo personaje fue arrancada el martes de noche en Richmond, Virginia, y arrastrada hasta un lago, según un diario local.

La estatua del navegante genovés que llegó a América en 1492 financiado por la Corona española se halla sobre un pedestal en el parque Cristóbal Colón, en el corazón de la ciudad. Desde hace varios años era blanco de polémica, como otras estatuas de Colón en el país y en el mundo, y ya había sido grafiteada.

Colón, a quien los libros escolares presentaron durante siglos como «el descubridor de América», es considerado por muchos ahora como uno de los responsables del genocidio de indígenas, y denunciado tanto como los defensores de la esclavitud.

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El sábado, en el parque Monroe de Richmond fue el monumento del general confederado Williams Carter Wickham, el que fue derribado. En ese mismo parque, utilizado como hospital de campaña durante la guerra, hay dos estatuas dedicadas a personalidades confederadas, una de ellas Fitzhugh Lee, general confederado y sobrino del mítico Robert E. Lee, figura que el gobernador ordenó retirar.

Otros sitios históricos de la región de Nueva Inglaterra (EE. UU.) están en la mira de los manifestantes, comenzando por el edificio municipal -actualmente un centro comercial- Faneuil Hall, así designado en honor del comerciante de esclavos Peter Faneuil, que ordenó su construcción en el siglo XVIII antes de donarlo a la ciudad.

Los manifestantes en Reino Unido han sido los más radicales con estatuas. Sobre el memorial del exprimer ministro británico Wiston Churchill escribieron el mensaje: “Era racista!”. Además en la estatua de Gandhi, situada en la Plaza del Parlamento de Londres, los manifestantes pusieron una pancarta que decía: “Reino Unido NO es inocente”.

La polémica

A medida que las protestas por la justicia racial se apoderan de Estados Unidos, aumenta la presión para el retiro de los monumentos a la Guerra Civil del proesclavista Sur. Esta semana se desmantelaron varios monumentos y se programa el desmonte de otros.

El debate sobre qué hacer con los símbolos de la Confederación ha estado en la palestra en los últimos años y llegó a su punto de ebullición con la muerte de George Floyd, el afrodescendiente asesinado por un policía blanco en Minneapolis.

El gobernador de Virginia, Ralph Northam, anunció el jueves que una estatua del general Robert E. Lee en Richmond, la capital de la Confederación durante la Guerra Civil (1861-1865), será retirada «tan pronto como sea posible».

«Sí, esa estatua ha estado allí durante mucho tiempo, pero estaba mal entonces y está mal ahora. Así que la vamos a quitar», dijo el gobernador demócrata. «En 2020 ya no podemos honrar un sistema que se basaba en la compra y venta de personas», agregó Northam. Sin embargo, un juez ordenó suspender el retiro de la polémica estatua.

Lee sirvió como comandante del Ejército de Virginia del Norte durante la Guerra Civil entre el Norte y el Sur proesclavista. El reverendo Robert W. Lee IV, descendiente del general, apoyó la medida de retirar el monumento a su antepasado, al considerarlo un «símbolo de la opresión».

«Hoy es un día de justicia, no para mi familia, sino para las familias de innumerables personas esclavizadas que han luchado continuamente por la justicia, tanto antes como después de la Guerra Civil», dijo Lee.

Mientras, en la ciudad sureña de Mobile, Alabama, una estatua del almirante confederado Raphael Semmes fue sacada el viernes. «Mover esta estatua no cambiará el pasado», dijo el alcalde de Mobile, Sandy Stimpson, en un comunicado. «Se trata de eliminar una posible distracción para que nos centremos en el futuro de nuestra ciudad».

Los defensores de preservar los símbolos confederados argumentan que recuerdan una orgullosa herencia sureña y que su eliminación borra la historia.

Trump dice NO

El presidente Donald Trump ha condenado la eliminación de estatuas confederadas al considerarlas «una tontería» y ha afirmado que la cultura y la historia del país están siendo «desgarradas». Para agregar más leña al fuego, ayer la idea de cambiar de nombre a una decena de bases militares bautizadas en honor a generales confederados y defensores de la esclavitud, a pesar de las denuncias de activistas de que eso glorifica un pasado racista.

Este lunes, el secretario de Defensa de EE.UU., Mark Esper, y el secretario del Ejército del país, Ryan McCarthy, anunciaron que están «abiertos a una conversación bipartidista sobre el tema» de cambiar el nombre a las diez bases del Ejército de tierra estadounidense que toman su nombre de generales confederados.

Pero Trump dio carpetazo a esa posibilidad con una serie de tuits este miércoles, en los que aseguró que esas «bases monumentales y muy poderosas se han convertido en parte de una gran herencia estadounidense, una historia de ganar, de victoria y de libertad».

«Los Estados Unidos de América entrenaron y desplegaron a nuestros HÉROES en estos lugares sagrados, y ganaron dos guerras mundiales. Por tanto, mi Gobierno no considerará siquiera la idea de cambiar el nombre a estas instalaciones militares magníficas y legendarias», escribió Trump.

El mandatario zanjaba así un debate que el Pentágono había accedido a abrir años después de que numerosos activistas por los derechos civiles pidieran cambiar el nombre de las bases por considerar que enaltecían a generales que defendieron la esclavitud de los afroamericanos durante la Guerra Civil de EE.UU. (1861-1865).

Esa contienda terminó con la derrota de los estados secesionistas del sur -y favorables a la esclavitud- de la Confederación frente a la Unión (estados norteños), pero los símbolos referentes al bando perdedor siguen presentes en numerosas estatuas y lugares del país, a pesar de las denuncias de que homenajean a figuras racistas.

Las bases militares a las que se refirió Trump incluyen la instalación militar estadounidense más grande del mundo, la de Fort Hood en Texas.

Tanto esa como el resto de las bases están situadas en estados sureños: Fort Bragg (Carolina del Norte); Fort Benning y Fort Gordon (Georgia); Fort Pickett, Fort A.P. Hill y Fort Lee (Virginia); Fort Polk y Camp Beauregard (Louisiana), y Fort Rucker (Alabama).

La portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, aseguró a los periodistas que Trump incluso llegaría al punto de vetar un proyecto de ley que sustituyera el nombre de los generales confederados por otros de la Unión, el bando liderado por el presidente que abolió la esclavitud, el republicano Abraham Lincoln (1861-1865).

La tajante postura de la Casa Blanca choca con la tendencia que se está registrando en estados del sur como Alabama o Virginia, que están retirando algunos símbolos confederados a raíz de las denuncias de racismo que han surgido en las protestas espoleadas por el homicidio del afroamericano George Floyd.

En Misisipi, el único estado que aún incluye el emblema confederado en su bandera oficial, el Congreso estatal está redactando un proyecto de ley para retirar ese símbolo.


Tomado del diario EL ESPECTADOR