Qué son las extrañas nubes noctilucentes y por qué podremos verlas más a menudo

Foto: Las nubes noctilucentes son normalmente demasiado débiles para ser vistas / Getty Images

Las nubes normales, las blancas que vemos en el cielo si no está despejado, se forman a una altura máxima de 15 o 16 kilómetros de la superficie.

Por: Cristina J. Orgaz

BBC News Mundo

Lo mismo sucede con las nubes de tormenta o las grises que amenazan con nieve.

A partir de ese nivel hay un cambio térmico y la nube ya no puede crecer. Ahí se acaba el mundo de las nubes que abarca toda la troposfera.

Sin embargo, existen otro tipo de nubes, muy llamativas por sus colores azulados y violáceos, que aparecen en latitudes terrestres bajas.

Se dejan ver poco, pero sus diferentes tonos rasgando el negro de una noche estrellada provocan un paisaje espectacular.

Estas son las nubes noctilucentes -técnicamente denominadas nubes mesosféricas polares-, que deben su nombre a que brillan por la noche y que se dan muy al norte o al sur.

Son un fenómeno que los científicos aún están investigando.

«Se forman a unos 80-85 kilómetros de altura. En parte son un misterio porque en esta capa de la atmósfera, que se conoce como la mesosfera, la humedad es bajísima», explica a BBC Mundo Alfred Rodríguez Picó, meteorólogo y director de la empresa Taiko Metereología.

Sin humedad, cuenta, las nubes no pueden existir.

Siempre necesitan núcleos de condensación.

Es decir, partículas secas que pueden ser de contaminación, hollín, polvo cósmico o restos de meteoritos, entre otras cosas.

«Pueden proceder incluso de enormes erupciones volcánicas. Estas partículas higroscópicas son las que absorben la humedad y forman la nube», dice el experto.

Elementos necesarios

Las nubes mesosféricas polares necesitan los dos elementos: partículas secas y humedad.

Y aunque en la mesosfera el vapor de agua es casi inexistente, hay una pequeña posibilidad, tal y como nos demuestra su colorida presencia.

«En esta altitud se calcula que el aire es unas 100.000 veces más seco que el del desierto del Sahara y la temperatura es de 140 ºC bajo cero».

Lo que sucede es que el escasísimo vapor de agua se adhiere a las partículas higroscópicas formando los pequeños cristales de hielo que, agrupados, dan origen a estas nubes.

¿Cuándo podemos ver las nubes noctilucentes?

Este fenómeno solo se produce en torno al equinoccio de verano de ambos hemisferios.

En el norte sería a finales de mayo, junio y julio, y en el sur de finales de noviembre, diciembre a enero.

Y solo se pueden ver después de la puesta del sol porque «al estar tan arriba, todavía reciben rayos de sol».

«Aunque en la Tierra hay una oscuridad total, a 80-85 kilómetros de altura el sol todavía les está tocando», afirma Rodríguez Picó.

En definitiva, este tipo de nubes solo se forman bajo condiciones muy precisas.

¿En qué países pueden verse?

La latitud -la distancia que existe entre cualquier paralelo y la línea del Ecuador- juega un papel importante aquí.

Cuánto más cerca del polo terrestre, más se ven.

Esto se debe sobre todo a la circulación del viento y la acumulación del aire frío en esa capa de la atmósfera.

«Normalmente estas nubes se ven a partir de los 50º de latitud norte. Es decir, de París o Londres para arriba y al otro lado del océano Atlántico, mucho más arriba de Nueva York», dice el meteorólogo.

En el hemisferio sur, solo se puede ver en el sur de Argentina, en el sur de Chile y en Nueva Zelanda.

Pero los meteorólogos han detectado que en los últimos años la presencia de estas nubes ha aumentado a latitudes más bajas.

Hace unas semanas, este fenómeno se pudo fotografiar en el estado de Oregón, en Estados Unidos, situado a 40-44º.

Es el equivalente a poder verlo desde Barcelona en Europa.

«Todo indica a que el aumento del CO2, el gas metano y el calentamiento global tienen que ver con esto. Sin embargo, esto no se pude decir taxativamente porque todavía faltan pruebas«, apunta el meteorólogo.

Sin embargo, un equipo de meteorólogos de la Universidad de Hampton junto con la NASA han publicado un estudio en el que liga el cambio climático a este fenómeno.

Su composición y formación entrañaban numerosas incógnitas hasta que el 25 de abril de 2007 se envió el satélite AIM (Aeronomy of Ice in the Mesosphere) para estudiar estas nubes.

James Russell, el investigador principal de la misión de AIM de la NASA le contó a la revista Space que las nubes noctilucentes podrían ser un indicador de la presencia de metano, uno de los principales gases de efecto invernadero.

«El metano, que proviene de los vertederos, los sistemas de gas natural y petróleo, las actividades agrícolas o la minería del carbón, se ha vuelto más abundante en la atmósfera de la Tierra desde el siglo XIX».

«Cuando el metano llega a la atmósfera superior se oxida por una serie compleja de reacciones para formar vapor de agua«, agregó Russell.

«Este vapor de agua es el que ayuda a formar los cristales de hielo de las nubes».

¿Por qué son importantes?

«Es importante conocer cómo se forman estás nubes porque nos indica cómo se mueven los vientos a esas capas de la atmósfera. Todo está interconectado. Lo que ocurre más arriba puede repercutir en lo que sucede más abajo», añade Rodríguez Picó.

Hay que estudiarlo para ver si hay relación entre estas nubes y los cambios de temperatura en la superficie, así como con movimientos de anticiclones o borrascas.


Tomado del portal BBC Mundo