Reinhold Messner, a 40 años de su legendaria escalada al Monte Everest

Foto: Reinhold Messner llega a la cumbre del Everest, el 8 de mayo de 1978 / @Picture-Alliance /dpa / R. Messner

Esta semana se cumplen 40 años de la escalada del italiano Reinhold Messner, uno de los más famosos alpinistas, a la montaña más alta del mundo. En entrevista con DW, Messner recuerda las anécdotas.

Era agosto de 1980, y en medio del monzón, una época en la que los alpinistas suelen evitar el Monte Everest debido a las fuertes lluvias, Reinhold Messner viajó al Tíbet con su novia en ese entonces, la canadiense Nena Holguin, para completar su ambicioso proyecto en el lado norte del Everest. Después de que el alpinista italiano escalara la montaña más alta del mundo, por primera vez sin oxígeno, a través del lado sur de Nepal, junto al austriaco Peter Habeler en 1978, esta vez quería hacerlo completamente solo.

La tarde del 20 de agosto de 1980, en el tercer día de su ascenso, alcanzó el punto más alto, a 8.850 metros. «Estaba más exhausto que nunca», recuerda Messner cuatro décadas después en entrevista con DW. «Estaba tan agotado en la cumbre que me dejé caer en la nieve y me desvié. Por suerte, después de una hora de jadear sin aliento tuve la fuerza para levantarme y volver a bajar».

Cuando Messner regresó al campamento base, a unos 6.400 metros de altura, un día después de su éxito en la cumbre, su novia apenas lo reconoció.»Descendía como si estuviera borracho y no parecía el mismo hombre que se había ido hace cuatro días. Me miró con lágrimas en los ojos.Su cara estaba amarilla, sus labios resecos y agrietados», escribió Holguin en su diario.

Física y mentalmente al límite

Irónicamente, el día que ascendió a la cumbre, Messner había dejado su tienda, mochila y provisiones en su último campamento, a 8.220 metros de altura. El clima había cambiado: la niebla había subido y había empezado a nevar ligeramente. «De repente tuve miedo de perder la orientación. Si no hubiera encontrado mis huellas, que sólo estaban un poco tapadas por la nieve, cuando volví a bajar, me habría perdido allí. Así que traté de subir un poco más rápido», cuenta Messner.

Pero esto no funcionó debido a la baja presión de oxígeno. En la cumbre del Everest, el oxígeno sólo es presionado hacia los pulmones con un tercio de la presión  como en el mar. «Así que, por un lado, estaba la preocupación de que fuera peligroso», dice Messner, ahora de 75 años, «y, por otro lado, el poco aire que me frenaba”. Sin olvidar la tensión psicológica al estar solo en la montaña: «Ahí no se puede compartir las preocupaciones y los miedos. Eso es difícil de soportar, porque los humanos no estamos hechos para estar solos».

El ascenso en solitario de Messner al Everest, durante el monzón, sin máscara de oxígeno y en una ruta parcialmente nueva, fue celebrado como un hito en el alpinismo del Himalaya.»Mi ascenso en solitario al Nanga Parbat (en el verano de 1978) fue más importante», cree Messner, «porque fue el primer paso hacia las ‘ocho mil’ por mi propia cuenta». Es que más tarde se apresuró para escalar las 14 cumbres más altas del mundo, las llamadas «ocho mil”, todas en el Himalaya. En 1986, Messner fue la primera persona en lograrlo, y lo hizo sin oxígeno embotellado.

Pocos ascensos en solitario

Ha habido pocos intentos comparables de escalar el Monte Everest, como lo hizo Messner por su cuenta en una montaña solitaria. Ninguno de esos intentos se logró con éxito. El invierno pasado, por ejemplo, Jost Kobusch dio la vuelta en la cresta oeste del Everest a una altura de 7.400 metros. «Es fácil promocionar algo como la gran aventura de todos los tiempos, sabiendo de antemano que sólo será un fracaso. Tiene poca o ninguna idea de lo que realmente hacía allí», señaló Messner sobre el alemán de 28 años.

El hecho de que sólo existan pocos intentos en solitario para ascender a la montaña más alta del mundo se debe también a que el montañismo allí ha cambiado fundamentalmente en las últimas cuatro décadas. Hasta principios de los años 80, sólo los mejores alpinistas del mundo iban al Everest para abrir nuevas y difíciles rutas. Ahora, el Monte Everest es una montaña comercializada, escalada más de 10.000 veces.

Sin embargo, en el año del coronavirus, el Monte Everest está casi tan solitario como en el momento de la escalada de Messner, hace 40 años. En el lado norte chino-tibetano, sólo se le permitió escalar a una única expedición china, mientras que en el lado sur nepalés la montaña permaneció completamente cerrada debido a la pandemia.

(cp)


Tomado del portal alemán DW