Sexo, crímenes y el origen del mundo: la misteriosa historia de los Nibelungos

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Se suspendió una nueva escenificación de “El anillo de los Nibelungos” en el festival de Bayreuth debido al coronavirus. Un buen momento para conocer de cerca este mito germano que inspiró a músicos y escritores.

En la saga de los Nibelungos, una amistad entre hombres conduce a una siniestra alianza y, finalmente, al ocaso de todo un pueblo. Así son los hombres, parece. Pero las mujeres tampoco salen bien paradas: una reina orgullosa ofende tanto a su igualmente orgullosa cuñada, que esta planea el asesinato del marido de su rival. La mujer se llama Krimilda, y el hombre, Sigfrido. Este es fuerte y valiente, y posee una espada muy especial, con la que mata a un dragón. La sangre de la bestia lo vuelve invencible. Pero ahí aparece Brunilda, reina de Islandia, y la cuestión se complica.

Al final solo sobrevive el segundo esposo de Krimilda, el rey Etzel (Atila). El Cantar de los Nibelungos termina con esta frase en alto alemán medio: «Hie hât daz maer ein ende: daz ist der Nibelunge nôt” (Aquí la pesadilla llega a su fin: este es el ocaso de los Nibelungos).

Una epopeya de tiempos remotos

La amenaza de una desgracia inminente recorre como un hilo rojo toda la historia: un joven héroe mata a un dragón, se baña en la sangre del animal vencido y así se vuelve invencible, o casi. El supuesto lugar donde esto sucedió es el Drachenfels (Peñón del dragón), a unos pocos kilómetros de la sede en Bonn de Deutsche Welle, en el Siebengebirge, un conjunto de siete colinas que, vista desde lejos, tiene la apariencia de la cresta de un dragón que yace en el suelo.

El Cantar de los Nibelungos es un cantar de gesta germánico, de autor desconocido, que consta de 2.400 estrofas y data de los años 1200 hasta 1205. Eso se sabe con bastante exactitud, ya que el texto contiene indicios claros de esa época. Y aun cuando la trama tiene lugar, en gran parte, a orillas del río Rin, referencias más precisas revelan que surgió probablemente en el valle del Danubio, entre Passau (Alemania), Viena (Austria) y Estrigonia (Hungría).

Hay diferentes versiones textuales del Cantar de los Nibelungos, así como poemas y narraciones en prosa que están presentes en todo el ámbito cultural germánico antiguo. Estas expresiones se diferencian, sobre todo, en los detalles, ya que la narración se basa en hechos históricos que no sucedieron en absoluto en el siglo XIII, sino ya en el siglo V, y que fueron transmitidas exclusivamente de manera oral durante 800 años.

Incluso en la época en la que ocurrieron los sucesos narrados allí -el ocaso del primer reino de las tribus germánicas que poblaron las orillas del Rin, los burgundios, en el año 436- ya las figuras de Sigfrido y el dragón eran conocidas desde tiempos anteriores.

Los Nibelungos están por todas partes

En Alemania es común toparse con las huellas de la epopeya de los Nibelungos. En Hesse, por ejemplo, se puede viajar en el tren “Nibelungenbahn”, que une algunos de los pueblos mencionados en la saga. En Worms, Renania-Palatinado, donde se desarrolla la mayor parte de la historia, se realiza todos los años, desde 2003, el Festival de los Nibelungos. Pero esta temporada fueron cancelados debido a la pandemia del nuevo coronavirus. También muy lejos de Alemania, en algún lugar de la Antártida, hay un “Valle de los Nibelungos”, libre de hielo.

La leyenda de los Nibelungos también se eternizó en el lenguaje. En alemán existe la expresión “Lealtad de Nibelungo” (Nibelungen-Treue), es decir, la lealtad sin límites de un señor hacia sus vasallos. Es por eso que los hermanos de Krimilda no le entregaron al asesino de su esposo, Hagen von Tronje. Preferían morir a entregar a uno de sus hombres, según el Cantar de los Nibelungos. Pero, a más tardar desde el III Reich, ese concepto del que se apropiaron los nazis tiene una oscuro matiz ideológico que hace que se lo asocie con un pueblo que sigue a su líder incondicionalmente, incluso, o justamente, en momentos de peligro de catástrofe.

La saga de los Nibelungos fue filmada varias veces. Ya en 1924, el director alemán Fritz Lang la llevó a la pantalla grande. Y ahora, luego del éxito de “Juego de tronos”, el mundo estaría listo para otra versión cinematográfica, según el productor de cine Nico Hofmann.

Pero la versión más conocida del texto épico es “El anillo de los Nibelungos”, del compositor Richard Wagner. Su obra narra nada menos que la historia del mundo, desde su nacimiento hasta su ocaso. Una nueva puesta en escena del ciclo wagneriano de cuatro óperas estaba planeada para el Festival de Bayreuth de 2020, pero una fuerza más poderosa que el anillo mágico se extendió por el planeta: el coronavirus hizo que se cancelara.

La inquietante historia de los Nibelungos

Sin embargo, Wagner no se atuvo demasiado al Cantar de los Nibelungos, sino a la variante islandesa, la Edda poética o Edda Mayor, una colección de poemas en nórdico antiguo preservados en el manuscrito medieval islandés conocido como Codex Regius, que también data del siglo XIII. Los vikingos transmitieron la narración al ocupar Islandia, en el siglo VIII.

En los cantares islandeses, los nibelungos son enanos que buscan oro en un reino subterráneo, acumulando así el mayor tesoro del mundo. El nombre “Nibelungo” alude a la niebla (Nebel, en alemán), lo que indica que ese pueblo vivía en un lugar neblinoso, o que sus pobladores eran gente de talante oscuro y misterioso.

En la narración épica en alemán alto medio, sin embargo, no se habla de un pueblo de enanos, sino de Schilbung y Nibelung, hijos del rey, y de una disputa por la herencia. Los hijos no se pueden poner de acuerdo sobre qué le toca a cada uno, y le piden a Sigfrido que asuma esa decisión. Pero este aprovecha la pelea entre hermanos y los mata, a ellos y a sus vasallos, convirtiéndose así en el propietario del tan mentado tesoro y él mismo en un nibelungo.

Más tarde, Sigfrido contrae matrimonio con Krimilda en la corte de Worms, y cuando, luego de su muerte, el tesoro es heredado al pueblo, los habitantes se convierten en “nibelungos”.

Para entender las divergencias entre estas versiones se debe tener en cuenta las deformaciones que sufren los relatos transmitidos por tradición oral. La saga de los Nibelungos se transmitió durante 800 años de esa forma, y no sorprende que existan diferentes variantes de la historia, con contenidos paganos y cristianos, dioses y figuras cortesanas en paralelo, o entrelazadas entre ellas.

(cp/ers)


Tomado del portal alemán DW