Sin Policía, produciendo y con acuerdos civiles voluntarios, pasan la Cuarentena en el otrora convulsionado, Cañón de Las Hermosas

Foto: Suministrada

Así transcurre la vida en el campo surtolimense en medio de la pandemia.

La «remesa», así llaman las familias campesinas al mercado que regularmente compran en Chaparral cada ocho días, llega en la Chiva de la mañana.

El viejo vehículo parte apenas aclara el día desde el pueblo, recorre temerariamente una de las geografías más abruptas del Tolima para llegar, casi seis horas después, al caserío de San José de las Hermosas.

En la ya lejana, pero memorable para muchos,  “época del ruido” llegaron vallunos, paisas y hasta costeños, en busca de fortunas que supuestamente escondían estas montañas con el cultivo de la amapola. Todo acabó. Pocos decidieron quedarse y hoy las contadas casas de San José se erigen en una planicie arrullada por el río Amoyá.

El poco ruido de este tiempo lo mantienen estudiantes del colegio de bachillerato. Llegan ansiosos de sus fincas cada fin de semana; por lo regular, muchos a pie, otros en La Escalera, la misma Chiva, a conectarse a internet y reforzar conocimientos en las materias de las que ya recibieron fotocopias al comienzo del regreso a clases ordenado por la Secretaría de Educación del Tolima, días atrás.

Para acceder al ciberespacio, los padres de familia, previamente, debieron pagar $10 mil pesos, valor que les da derecho a un mes de servicio por estudiante.

Semanas antes, los educadores que trabajan en la zona se distribuyeron la elaboración de los talleres; luego los fotocopiaron y se los entregaron a los padres de familia, cuyo rol cambió, definitivamente, con la pandemia.

La señal de celular llega por ratos a las “flechitas” que en su mayoría tienen y hay que subir a la loma más alta para lograr capturar algunos mensajes.

Los educadores a cargo de un poco más de 600 estudiantes residentes en las 28 veredas del mítico Cañón de Las Hermosas viajan cada semana, en sus motocicletas, con el ánimo de revisar los talleres.

 Precisamente, esta semana los profesores entregarán decenas de tabletas que desempolvaron de los viejos anaqueles y que el formador de Sistemas actualizó con nuevos contenidos y varias materias. Para hacer esa tarea se internó en el colegio por varios días, con la sorpresa de que ya muchos de esos elementos tecnológicos quedaron obsoletos. En fin, cosas del avance de las nuevas Tics.

El Ejército en la región, tan extensa como gran parte del departamento del Quindio, ya ofreció la emisora, puesta al aire hace varios años para “adoctrinar” lugareños en contra del Frente 21 de las desaparecidas FARC. Años después, por allí irán las clases de refuerzo a los estudiantes.

Los educadores reciben mensajes diarios de sus estudiantes. Les piden que vuelvan, los que pueden se conectan temprano y permanecen gran parte del día allí. Muchos reconocen a sus “profes” que el trabajo en el campo es duro y prefieren madrugar a las clases. Los padres de familia también llaman a los educadores para decirles que se sienten expertos en muchas de las materias y que también están aprendiendo.

Desde tiempos inmemorables, los hermosunos sólo han visto a los policías por televisión. Así lo reconocen sus líderes campesinos. No obstante,  desde comienzos del Aislamiento Preventivo Obligatorio los habitantes de las 28 veredas se organizaron, fijaron sus propias reglas de ingreso y respetaron los acuerdos entre finqueros, líderes comunales y organizaciones indígenas.

Prácticamente,  nadie que no sea, comprobadamente, de la región puede ingresar. La directriz también incluye dos retenes: uno en el sector de El Pando, en la intersección Chaparral-San Antonio. El otro fue instalado en Vega Chiquita, en el antiguo Camino Real que conducía al caserío de La Virginia.

A través de la empresa privada consiguieron elementos de protección y desinfección. Los guardas se turnan, verifican documentos, preguntan a los viajeros, fumigan vehículos y entregan protocolos y advertencias. Toda una autoridad civil que respeta la gente.

En Las Hermosas ya se empezó recoger la cosecha cafetera y solo se están empleando cosecheros de la región. Esta vez, no permitieron la llegada de cogedores del Valle, Antioquia y otros departamentos donde ya hay contagiados. Las reglas son claras y se cumplen. Se trata de una región con clima óptimo cuyas plantaciones del emblemático café crecen, aceleradamente, en las laderas de veredas como Rionegro, Santa Bárbara y otras. La producción la están vendiendo en la Cooperativa local y a comerciantes particulares que les canjean por víveres.

Como dato curioso, y como no sucedía hace años, el precio de compra de la carga de café no se ha desplomado; distinto a lo que sucede con el otro renglón clave de la economía hermosuna: la producción de leche. La venta de queso sobre cayó estrepitosamente porque las cafeterías y los restaurantes cerraron.  Un ganadero que cuajaba 10 arrobas semanales, ahora cuando más, logra vender una arroba. Ellos, sí están “llevando del bulto”. Tampoco están vendiendo ganado en pie, porque los matarifes no volvieron.

De las seis chivas o escaleras que llegaban a San José antes de la pandemia, sólo transitan dos en el día.  Ahora, los ayudantes o auxiliares de estos vehículos mixtos tienen otra función: se volvieron “encargueros” porque las familias campesinas restringieron su “salida al pueblo” sólo en casos extremos, de absoluta necesidad y se limitan a encargar víveres, medicinas, pago de servicios  y elementos de aseo personal.

Las gentes de Las Hermosas lo han soportado todo y han sobrevivido a todo. Más de 50 años de confrontación no los arrasó. La paz ha significado el retorno y las ganas de cultivar. En laderas, otrora enmalezadas, florecen los surcos de café y otros cultivos.  Son disciplinados y ahora lo hacen voluntariamente y con respeto a normas civiles de convivencia que ellos mismos acordaron. No necesitan medidas coercitivas, ni policía que los vigile, porque saben que la vida tiene un valor inalienable e irrenunciable; lo aprendieron con años de conflicto que parecieron interminables. Por eso se cuidan unos a otros.

Escuchan, atentamente, a los medios de comunicación, especialmente, la radio local.  Reconocen el valor que tienen porque, a su juicio, se han convertido en orientadores, educadores y acompañantes inseparables de la vida diaria. Están atentos a saber qué sucederá después del 11 de mayo; mientras tanto las madrugadas y los amaneceres en el legendario Cañón de Las Hermosas están matizados por el sonido que producen las torrenciales aguas del rio Amoyá cuando se estrellan con las piedras a lo largo del abrupto recorrido.  Ese sonido es inconfundible, solo quienes viven allí lo reconocen.


Tomado de la servicio de prensa de la Gobernación del Tolima