Fotografía Vatican media

El Papa Francisco nos invita acercarnos más a Dios, ese Dios que esta allá en el cielo, pero de igual forma en la tierra; “ÉL no está lejano, ni es indiferente, está siempre en el pueblo, un pueblo que cree en el amor”.

EL Santo padre explicó el significado de la fiesta de la Santísima Trinidad, la cual celebró la iglesia el día de ayer y recuerda que Dios es una comunión de amor, que no es indiferente ni lejano, es quien siempre, estará y  velara por cada uno de sus hijos.

Cerca de 25 mil personas asistieron al rezo del Ángelus el 27 de Mayo en la Plaza de San Pedro, en esta reunión el Pontifice habló sobre  “las lecturas bíblicas de hoy nos hacen comprender cómo Dios no quiere tanto revelarnos que Él existe, sino más bien que es el ‘Dios con nosotros’, cercano a nosotros, que nos ama, que camina con nosotros, que está interesado en nuestra historia personal y cuida a cada uno, comenzando con los más pequeños y necesitados”.

Además, El patriarca Universal destacó la celebración de la Santísima Trinidad, que es la que  permite a los fieles “contemplar y alabar el misterio del Dios de Jesucristo, que es Uno en la comunión de tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Para celebrar con estupor siempre nuevo a Dios-Amor, que nos ofrece gratuitamente su vida y nos pide difundirla en el mundo”.

Por otro lado, resaltó a “San Pablo, que en primera persona ha experimentado esta transformación obrada por Dios-Amor, nos comunica su deseo de ser llamado Padre, más bien ‘Papá’ –Dios es nuestro Papá– con la total confianza de un niño que se abandona en los brazos de quien le ha dado la vida”.

Del mismo, Pidió “que la Virgen María nos ayude a cumplir con alegría la misión de testimoniar al mundo, sediento de amor, que el sentido de la vida es llegar al amor infinito, el amor concreto del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

“El Espíritu Santo –recuerda también el Apóstol– actuando en nosotros hace que Jesucristo no se reduzca a un personaje del pasado, no, sino que lo sintamos cercano, nuestro contemporáneo y experimentemos la alegría de ser hijos amados de Dios”.

Entonces, continuó hablando de la Santisima trinidad “la fiesta de la Santísima Trinidad nos hace contemplar el misterio de Dios que incesantemente crea, redime y santifica, siempre con amor y por amor, y a cada criatura que lo acoge le permite reflejar un rayo de su belleza, bondad y verdad”.

El Santo Padre dijo también que “en el Evangelio el Señor resucitado promete quedarse con nosotros para siempre. Es gracias a esta presencia suya y a la fuerza de su Espíritu que podemos realizar con serenidad la misión que Él nos confía. ¿Cuál es esa misión? Anunciar y testimoniar a todos su Evangelio y así ampliar la comunión con Él y la alegría que de ella deriva. Dios, caminando con nosotros, nos llena de alegría y la alegría es un poco el primer idioma del cristiano”.

En su Discurso resaltó “Desde siempre, Él ha optado por caminar con la humanidad y forma un pueblo que es una bendición para todas las naciones y para cada persona, nadie está excluido. El cristiano no es una persona aislada sino que pertenece a un pueblo: este pueblo que Dios forma. No se puede ser cristiano sin tal pertenencia y comunión. Somos un pueblo: el pueblo de Dios”.

El Pontífice concluyó reflexionando y mandando un mensaje a todos los fieles “Él es ‘Dios allá en los cielos’, pero también ‘aquí en la tierra’. Por lo tanto, no creemos en un ente lejano, ¡no!, en un ente indiferente, ¡no! Al contrario, creemos en el Amor que ha creado el universo y ha generado un pueblo, se ha hecho carne, ha muerto y resucitado por nosotros, y como Espíritu Santo todo lo transforma y lo lleva a su plenitud”.


Redacción: Paz Estéreo