Hoy 21 de octubre la Iglesia Católica celebra a Santa Laura de Santa Catalina de Siena  quien sirvió a Dios en medio de los indígenas.

Santa Laura Montoya nació el 26 de Mayo de 1874, en Jericó, Antioquia. Sus Padres fueron Juan de la Cruz Montoya y Dolores  Upegui.

El nombre que tuvo la primera santa colombiana, no fue escogido por sus padres, sino por el sacerdote que la bautizó el mismo día que nació. El padre quería nombrarla Dolores y su madre quería Leonor, pero el presbítero la nombró Laura. Este último se deriva de laurel que significa inmortalidad.

Hoy la Iglesia en Colombia celebra a Santa Laura Montoya.

A la edad de cinco años, el abuelo materno llevó a Dolores Upegui y a Laura Montoya a vivir al departamento de Amalfi. Allí realizó su primera comunión. De Amalfi pasó al pueblo de Donmatías,  en donde su madre residió algunos meses, ejerciendo de maestra. Luego fue a residir en Medellín, en el barrio Robledo.

Ella fue una víctima del sectarismo partidista, vivió tiempos turbulentos: revoluciones, la devastadora Guerra de los Mil Días y sus consecuencias. Estudio en la Normal Antioqueña de Medellín y fue profesora en distintos colegios. Fue directora del Colegio la Inmaculada de Medellín.

En 1907 fue nombrada oficialmente como maestra en la pequeña población de Marinilla, a pocos kilómetros de Medellín. Estando en esa población como maestra, una tarde después de terminar sus clases fue a visitar el Santísimo, tuvo su encuentro místico con la Paternidad de Dios, cumbre de su experiencia trinitaria.

Laura Montoya Upegui, movida por el Espíritu de Dios, decide a “catequizar” personalmente a los indios. Concibe una comunidad diferente que se sale de modelos existentes para realizar una misión liderada por mujeres y llevada a cabo en lugares selváticos e incomunicados. Por tal motivo crea una congregación que se pone al nivel del indígena, del negro y marginado.  Vive, comparte y trata de pensar como ellos, se deja guiar por el amor, no impone por la fuerza sino que convence con el testimonio, con la vida misma de pobreza, humildad, sencillez, bondad y amor eficaz.

Con la aprobación de Monseñor Maximiliano Crespo Obispo de Santa Fe de Antioquia, con un pequeño grupo de mujeres esforzadas sale hacia la región del Urabá antioqueño, donde la selva y los ríos se entrecruzan. Entonces El 4 de Mayo de 1914, se empezó con el ánimo de ser maestras y catequistas.

Luego, el  7 de agosto de 1914, con el fin de explorar el terreno y buscar modos y lugares dónde establecer centros misioneros, o de visitar los enfermos distantes y darles enseñanza transitoria. Eran esas excursiones realizadas de la manera más prudente, aunque no

dejaban de ser de mucho peligro por lo desconocido. En estas correrías, como en general en todo el trabajo apostólico, Dios obró verdaderos prodigios en favor de los indios.

Desde enero de 1949 su salud empezó a decaer notoriamente, día tras día. Sus fuerzas, antes inagotables, para el trabajo intelectual, iban disminuyendo y gustaba entonces de entretenerse en arreglar hilos y sedas para los indios, aunque se fatigaba.

En semana santa de 1949, le aparecieron en las piernas unos lamparones rojos que le causaban acerbo dolor. A pesar de ello, asistió, en cuanto pudo, a los divinos oficios y reunió varias veces a la comunidad para platicarle de cosas del espíritu. El domingo de Pascua, que fue siempre para ella día de júbilo, lo pasó llena de decaimiento y de tristeza.

Ella falleció en Medellín el 21 de octubre de 1949. Al morir, su congregación tenía 467 religiosas y 93 novicias. Ayudó a fundar 122 casas, en donde se trabajaba con 22 tribus en tres países: Colombia, Venezuela y Ecuador.



Redacción: Paz Estéreo