Celebración de la Palabra de Dios con imposición de la Santa Ceniza

Foto: Arquidiócesis de Ibagué

MoniciónQueridos hermanos: La fe nos enseña que Dios es perdón y misericordia y que ofrece a cuantos acuden a su bondad la oportunidad de reconocer su pecado y acudir, con confianza y alegría, al que puede renovar el corazón.  En esta celebración, inauguración del tiempo de la gracia y de la esperanza que se llama Cuaresma, abramos el corazón a la Palabra que salva y dejemos que el signo de la Ceniza nos recuerde, no solo nuestra fragilidad, sino también la infinita misericordia del que nos perdona porque nos ama.  Volvamos a escuchar la voz del Señor: “Conviértanse, porque está cerca el Reino de los Cielos” (Mateo 4, 17).

El que preside dice: 

Oración colecta: Dios nuestro, acompaña con tu benevolencia los comienzos de nuestro camino penitencial para que nuestras prácticas exteriores expresen la sinceridad de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

  1. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura de  segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios       5,20;6,2 

 Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les suplicamos: ¡déjense reconciliar con Dios! Pues dice él: En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Miren, ahora es el momento favorable; miren, ahora el día de salvación. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.

 Salmo 50 Respondemos cantando: Perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónalo, Señor.

  • Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
  • Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.
  • Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.
  • Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.
  • Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.
  • Señor, por tu bondad, favorece a Sion, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.

Canto interleccional 

Tu palabra me da vida, confío en ti Señor, Tu palabra es eterna, en ella esperaré.

 Si preside un ministro ordenado introduce el Evangelio con el saludo habitual. Si preside un ministro no ordenado, simplemente lo enuncia. 

Lectura del santo evangelio según san Mateo                                  6,1-6.16-18. 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 Cuando ores, no seas como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

 Cuando ayunes, no pongas cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad les digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».  Palabra del Señor.

Reflexión 

Limosna, Oración, Ayuno. Con cuanto amor nos llama hoy el Señor a revisar nuestra vida y prepararnos para la Pascua con este tiempo de gracia que vamos a iniciar, dejando resonar en el corazón la Palabra de Vida y escuchando una vez más la voz del Señor que nos dice: “Conviértanse, porque está cerca el Reino de los Cielos” Mateo 4, 17

Limosna. Esta expresión a veces la entendemos como dar de lo que nos sobra, desprendernos de lo que no usamos o salir al paso del que nos pide algo. En el lenguaje de la fe dar es entregar el corazón, es reconocer que el que espera algo de nuestra parte es presencia del Señor que sigue sufriendo en el que sufre, que sigue esperando en el que espera una palabra de aliento, un gesto de misericordia, un detalle de amor y de esperanza. Cuando compartimos con amor, estamos cerca del Reino de los Cielos.

Oración. Solo en la intimidad con el Señor encontraremos las luces necesarias para iluminar nuestra vida. Dios está siempre dispuesto a escucharnos, pero también nos presta el tesoro de su Palabra para que nuestra oración establezca una comunicación cordial y gozosa con quien sabemos nos ama. La Oración es también comunitaria y fraternal, une los corazones y convoca para que dirigiéndonos todos al mismo Dios, encontremos para todos bendición, misericordia, consuelo y paz. Cuando oramos con fe, acercamos a este mundo el Reino de los Cielos.

Ayuno. Saturados de tantas cosas, con el corazón puesto en tantas vanidades, es hora de abrir espacio a la gracia de Dios. Ayunar no sólo es privarse de algo, es ofrecer el corazón para compartir con el que no tiene, es desprenderse de tanas cosas vacías para que Dios vuelva a ser el centro de nuestro corazón. Cuando ayunamos de verdad, inauguramos el Reino de los Cielos en el que se nos permite colmarnos del amor de Dios.

El signo de la Ceniza nos recuerde que, siendo frágiles y pasajeros, el único que puede dar sentido a nuestro barro es aquel Alfarero que transforma nuestra vida y nos llena con la luz Pascual de su Hijo Glorificado, que transforma nuestra vida con la gracia de la Conversión.

Oración de los Fieles

Queridos hermanos: viviendo en la fe la llamada del señor a una vida nueva, pidamos la gracia de Dios para vivir este tiempo en la confianza y en la esperanza. Presentemos nuestras súplicas diciendo:  Te rogamos, óyenos. 

  1. Dios siempre fiel, te pedimos que tu Iglesia, en este tiempo de gracia y de esperanza, pueda SANAR con la fuerza del amor las heridas que el pecado ha abierto en el corazón de la humanidad.
  2. Dios rico en misericordia, te pedimos que, unidos a quienes nos dirigen y a quienes quieren construir un nuevo orden social, aprendamos a CONSOLAR a cuantos sufren y a ser signos de amor para cuantos aguardan un signo de nuestra caridad.
  3. Dios de la vida y de la paz, te pedimos que este tiempo que es un camino de vida y de fraternidad, nos enseñe a ESPERAR con fe, a orar con amor solidario, a sembrar alegría, a construir puentes de comunión que nos hagan hermanos de verdad.

 Digamos ahora juntos las palabras que Jesús nos enseñó: Padre nuestro…

Imposición de la Ceniza

 Ahora, el que preside dice: Oh, Dios que te dejas vencer por el que se humilla y encuentras agrado en quien expía sus pecados escucha benignamente nuestras súplicas y haz que descienda tu gracia sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza, para que, fieles a las prácticas cuaresmales, puedan llegar, con el corazón limpio, a la celebración del Misterio Pascual de tu Hijo, Él que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

Luego toma con toda reverencia la ceniza bendecida y dice: Acerquémonos, pues a la gracia de este signo en el cual el Señor nos invita a la conversión.  Luego se impone la ceniza, y a medida que la van recibiendo los fieles se entonan algunos salmos penitenciales o un canto apropiado como los que se sugieren más adelante. 

CONCLUSIÓN. 

Se concluye con estas palabras: El Dios de toda gracia, que los ha llamado en Cristo a su eterna gloria, los afiance y los conserve fuertes y constantes en la fe. R. Amén.

 Si preside un ministro ordenado, dice: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. R. Amén.

 Si preside un ministro no ordenado, dice: Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.


Tomado de portal de la Arquidiócesis de Ibagué