Celibato, la causa de la fricción entre Francisco y Benedicto XVI

Foto: Ettore Ferrari / EFE

El libro ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’ abrió debate sobre regular al papa emérito.

Por: Darío Menor Torres

EL TIEMPO

Los 0.44 kilómetros cuadrados de la Ciudad del Vaticano nunca resultaron tan apretados para albergar dentro a dos papas como ocurrió esta semana.

La publicación, el pasado miércoles, en Francia, de un libro en defensa del celibato sacerdotal que se presentaba en principio como si hubiera sido escrito por Benedicto XVI junto al cardenal guineano Robert Sarah, purpurado de referencia para los más conservadores, provocó la más grave fricción en los casi siete años de cohabitación entre Jorge Mario Bergoglio y Joseph Ratzinger.

También destapó el agrio culebrón vaticano, las dificultades de la Iglesia católica para afrontar la convivencia entre un Pontífice en activo y otro retirado, una situación inédita en la historia contemporánea y cuyo único precedente, y en un contexto muy diverso, es de hace más de seis siglos.

Para una institución con dos milenios a la espalda que hace de la tradición uno de sus pilares fundamentales, la novedad del Papa emérito supone un desafío para el que todavía le faltan respuestas.

En el centro de esta polémica está el libro ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’, en cuya portada aparecen los nombres y fotos de Benedicto XVI y de Sarah. Más que su contenido, que presentaba pocas sorpresas por ser de sobra conocidas las posiciones en defensa de la obligatoriedad del celibato sacerdotal tanto de Ratzinger como de Sarah, el volumen resultó una bomba mediática por su buscada sincronización con la actualidad eclesial.

El alegato de un cardenal considerado antagonista de Bergoglio, con el apoyo añadido de Ratzinger, llegó a las librerías a pocas semanas de que el Papa publique un nuevo texto magisterial, en el que se espera que se pronuncie sobre la ordenación sacerdotal de hombres casados en zonas remotas de la Amazonia con escasez de curas.

Los participantes en el Sínodo sobre aquella región, celebrado en octubre, se mostraron en su mayoría favorables a esta posibilidad, que, según los más conservadores, pone en peligro la continuidad del celibato sacerdotal obligatorio en la Iglesia católica de rito latino.

El revuelo provocado por la publicación de ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’, que fue visto por algunos como una injerencia de Benedicto XVI en el pontificado de su sucesor, se vio agravado por la torpe manera del entorno del papa emérito para intentar desactivar la bomba.

Primero se filtró a algunos medios que Ratzinger no había escrito a cuatro manos con Sarah el libro ni visto la portada, ante lo que el cardenal respondió mostrando las cartas en que el anterior Pontífice lo autorizaba para publicar un texto sobre el celibato sacerdotal que le había entregado.

Al final, la polémica se encauzó cuando el secretario personal del Papa emérito, el arzobispo Georg Gänswein, llamó a Sarah para pedirle que los editores quitaran a Benedicto XVI como coautor del volumen. Así se hará en las próximas ediciones, porque la primera tirada llegó a las librerías galas con las fotos de ambos en la portada.

El culebrón de estos días supuso un indudable desgaste para la figura de Benedicto XVI, abriendo el debate sobre si habría que legislar sobre sus funciones.

“El papa emérito es un obispo emérito. Ya existen normas para regular diferentes aspectos del sustento, comportamiento y residencia de los obispos eméritos”, explica Claudio Burgaleta, superior de los jesuitas de Jersey City y profesor adjunto de la Universidad de San Pedro en Nueva Jersey. “Si esas normas se aplicasen fielmente no habría necesidad de más legislación”, agregó.

Giovanni Maria Vian, catedrático en la universidad La Sapienza de Roma que en sus once años (2007-2018) como director de L’Osservatore Romano, el diario de la Santa Sede, trabajó tanto con Ratzinger como con Bergoglio, no considera que haga falta una regulación particular sobre la figura de un papa que haya renunciado.

“No soy canonista, pero creo que serían suficientes el sentido común y una buena coordinación”, apunta. Para Vian “estamos delante de una operación para contraponer al papa Francisco con su antecesor, lo que es muy lamentable. Pero ha pasado en otros períodos de la Iglesia, como ha ocurrido con Pío IX y León XIII o con Juan XXIII y Pablo VI. Entre un Papa y otro hay una continuidad de fondo, aunque cada uno tenga su propio carácter”.

Este historiador explica que uno de los mayores riesgos es que “los extremistas de uno u otro lado” traten de instrumentalizar al papa –“porque pontífice hay solo uno”, subraya–y a su antecesor. “Si se les da espacio a los ultras se corre el riesgo de burdas caricaturas, como en las películas ‘Los dos Papas’ de (Fernando) Meirelles y ‘The New Pope’ de (Paolo) Sorrentino. En la Iglesia hay que poder discutir sin ser tachado de hereje o de carca (retrógado) por nadie”.

La recomendación de Vian parece especialmente recomendable para el debate de fondo de esta polémica: la obligatoriedad o no del celibato sacerdotal. Aunque algunos levanten la voz advirtiendo que el papa Francisco pretende ahora acabar con él, hay multitud de declaraciones suyas que indican justo lo contrario.

Y con Benedicto XVI ocurre algo similar. Quienes lo ven como el gran defensor de esta disciplina eclesiástica, que nunca ha sido un dogma, se olvidan de sus posiciones cuando eran más joven. También desprecian implícitamente a los sacerdotes católicos casados que ya existen. Son los de rito oriental y los protestantes que piden entrar en comunión con Roma.

Entre ellos están los anglicanos, a los que precisamente Benedicto XVI les tendió una pasarela privilegiada en 2009 con el texto magisterial Anglicanorum coetibus. Fue el puente con el que los llamados sacerdotes ‘anglocatólicos’, acompañados por sus esposas e hijos, ‘cruzaron’ el Tíber.

Darío Menor Torres
Para EL TIEMPO
Roma


Tomado del diario EL TIEMPO