¿Compartir más tiempo con mis hijos o trabajar como loco para que tengan un futuro envidiable?

Foto: cepfami.com

Hace mucho tiempo que trabajo con matrimonios. Quiero compartir algunas breves ideas con aquellos padres y madres de familia, que saben lo importante que es tener tiempo de calidad con sus hijos. Pero que debido al ritmo de trabajo en el que están envueltos, les parece algo casi imposible.

Quiero hacerles una pregunta. Directa, sin rodeos: ¿Cuál es su prioridad?, ¿El trabajo o sus hijos? Simple, pero trascendental. El video que les comparto a continuación muestra a una bebé, que elige siempre los objetos «valiosos». Me hizo pensar: « ¿No será suficiente que juegue con juguetes sencillos?, ¿tenemos que dar siempre lo mejor, lo «último», lo más avanzado?

La vida implica siempre renuncias

Según una nota de prensa de Edenred en España, casi el 70% de los padres trabajadores considera que no dispone de tiempo para estar con sus hijos. Efectivamente, ese es un problema que no sólo se presenta en España. Es tema común y obligatorio entre las parejas, la cantidad de ingresos económicos mensuales. Obviamente, hay cuentas que pagar, comida que comprar, educación que proporcionar a los hijos, etc.

El tema es muy amplio, y puede ser visto desde distintos ángulos. Además, otra variable que me queda clara, es que hay casos en que, prácticamente, la única manera de sostener a la familia, incluso para lo básico, implica necesariamente que padre y madre trabajen.

En este artículo, quiero referirme a los padres y madres de la «clase media superior». Aquellos que tienen la opción – dada su situación económica y social – de que solamente uno de los dos trabaje. Creo que explicar esto no es muy complicado. El punto es sencillo: ¿Qué comodidades y lujos quiero tener? Estas familias de clase media superior, tendrían lo suficiente para una vida más que digna, tan sólo trabajando uno de los dos.

La pregunta que hice al principio, por la prioridad que deciden tener como familia, se aplica pues, si se trata de querer viajar todas las vacaciones posibles, tener carros último modelo y de las mejores marcas, domicilios en barrios exclusivos, educación en los colegios más prestigiosos o querer codearse con la «alta sociedad». Si la respuesta es sí a todo lo que acabo de mencionar, es muy probable que los dos tengan que trabajar.

Sé que este tema genera mucha discusión. No es un tema fácil de conversar. Tiene muchas aristas. Pero alguien tiene que hacerlo. Perdónenme los que puedan perder un poco la paciencia, pero estoy pensando en el bien de sus hijos. Tienen que elegir cuál es la mejor opción. ¿Quiero pasar más tiempo con mis hijos, o quiero tener más dinero para vivir «mejor»? Una opción, siempre implica una renuncia.

Un testimonio conmovedor

Lo recuerdo como si fuese ayer. El testimonio de un padre de familia, que estuvo contra «la espada y la pared» (como se dice aquí en Perú). Se vio obligado a mudarse de la capital a una provincia. Su testimonio fue – confieso con el corazón en la mano – muy conmovedor.

No recuerdo con exactitud sus palabras, pero parafraseando lo que me dijo ese día, fue algo así: «Simplemente no creía que fuera posible vivir con menos de 1500 dólares. Siendo que antes, estaba acostumbrado a manejar un presupuesto de más de 5000». Una variable importante es que, las diferencias de gastos «per cápita», cambian mucho de país a país. Estoy hablando de una familia con 6 o 7 hijos.

Esa noche hablamos de cómo uno se acostumbra, literalmente, a vivir con una serie de estándares de vida que creemos son necesarios para el «bien familiar». Pero lo que más me conmovió y asombró que dijera: «Vivimos creyendo que para «estar bien» necesitamos una serie de requisitos. Olvidamos que lo esencial es el amor que se vive, gracias a la vida de fe. Esa que permite tener las prioridades claras en la cabeza, o mejor dicho, en el corazón familiar».

Equilibrio entro lo material y lo espiritual

Este padre se dio cuenta de que no necesitaba tantos bienes materiales para usufructuar de una serie de bienes proporcionados por la sociedad de consumo, como en la que vivimos hoy en día. ¡Ojo! Buscar la comodidad, querer viajar, buscar las opciones más vistosas, socialmente hablando, no es algo malo. Pero, de nuevo hago la pregunta: ¿Cuál es tu prioridad? Hay que aprender a experimentar el placer, el tener y el poder, de la manera adecuada.

Si no me creen a mí, por lo menos, déjense interpelar por las palabras del Apóstol San Pablo, en su carta a los Filipenses 3, 8: «Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo…»

Para terminar me gustaría que reflexionaran en el siguiente interrogante: ¿Tenemos como el centro del seno familiar a Cristo, o lo que el dinero puede proporcionarnos? Sé que es un tema muy polémico, pero no por eso, voy a dejar de hacer este tipo de preguntas radicales. Tienen que movernos a pensar bien, lo que estamos buscando para nuestros hijos, para nosotros mismos y para nuestra familia.


Redacción Paz Estéreo. Con información del portal CatholicLink.

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