Con histórico acuerdo, la UE pone bases de la reconstrucción económica

Foto: La UE aprobó un plan para la crisis provocada por la pandemia. La presidenta de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo se saludan durante una rueda de prensa / AFP

Un fondo de 750.000 millones de euros fue pactado por los 27 mandatarios para enfrentar la crisis.

Por: Idafe Martín Pérez

EL TIEMPO

La Europa de 2020 se parece poco a la de hace una década. Si de la crisis financiera que arrancó en septiembre de 2008 salió arrastrándose, ajustando y dejando cicatrices en forma de condiciones draconianas a cambio de salvatajes como pedradas, con un Banco Central Europeo que tardó casi cuatro años en reaccionar, la crisis que trajo la pandemia del covid-19 la enfrentó con una celeridad y una contundencia impensables hace apenas tres meses.

Los 27 gobiernos del bloque acordaron este martes en la madrugada, después de una maratón de reuniones de cuatro días en Bruselas, los presupuestos de la Unión Europea (UE) para el período 2021-2027 (1,074 billones de euros) y, sobre todo, dieron un salto de gigante en la construcción económica del bloque. Fue, según el presidente francés, Emmanuel Macron, el día más importante de Europa desde la introducción del euro.

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Esa nueva creación es un fondo pospandemia de 750.000 millones de euros que se usará al 70 por ciento en solo dos años y distribuirá 390.000 millones en transferencias a fondo perdido, que los gobiernos no tendrán que devolver nunca.
El resto, 360.000 millones, irá en préstamos a 30 años a una tasa que podría rondar el 1 por ciento anual, inaccesible para la mayoría de los gobiernos del bloque.

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La innovación mayor llega en la forma de financiar esos 750.000 millones. Si los presupuestos de la UE se financian con contribuciones nacionales según el peso económico relativo de cada Estado miembro, este fondo se financiará a través de una emisión de deuda que hará la Comisión Europea en nombre de la UE.

Usará como aval el propio presupuesto comunitario, así que los gobiernos serán los avalistas finales, pero solo hasta el tope de su contribución a esos presupuestos.

La UE no empezará a pagar esa emisión de deuda hasta 2028, y entonces tendrá 30 años para pagarla. Los gobiernos no pagarán nada, lo hará la UE con una pequeña parte de sus presupuestos y con la creación de nuevos impuestos comunes, como una tasa al plástico no reciclado, una tasa al carbono y, posiblemente la más potente, una tasa a los gigantes digitales –principalmente de EE. UU.– que entrará en vigor, en principio, en 2023.

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Esa forma de financiar esos 750.000 millones genera que, en la práctica, los europeos estén poniendo los pilares de un Tesoro común, que se hagan responsables solidariamente de una deuda común. Algo que hace tres meses era un tabú y que la canciller alemana, Angela Merkel, dijo en 2012 que no se haría mientras ella viviera.

La UE ya había acudido a los mercados financieros para emitir deuda –empezó a hacerlo a principios de los años 70–, pero siempre usaba ese dinero para prestar a alguno de sus miembros –con condiciones, con intereses, con estrictos controles–, no para financiar inversiones a fondo perdido.

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Cinco gobiernos (el austríaco, el danés, el finlandés, el holandés y el sueco) intentaron primero evitar la creación del fondo, después pretendieron que solo entregara préstamos o imponer ajustes fiscales al sur. Pero sin los británicos –camino del brexit– y con los alemanes de la mano de París, Roma y Madrid, su peso en el bloque fue insuficiente para condicionar el nuevo fondo.

El holandés Mark Rutte, líder de ese grupo, quería derecho de veto. Nadie más lo secundó. A cambio de que esos gobiernos aceptaran, la UE aumenta los cheques compensatorios que reciben por ser contribuyentes netos a los presupuestos del bloque. Cheques a los que también tendrían derecho países como Bélgica, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo e, incluso, pronto Eslovenia y España, pero que no piden.

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El otro gran cambio con respecto a hace una década es la condicionalidad. La UE no entrega nunca plata, y los gobiernos hacen con ella lo que quieren. Todos sus fondos se distribuyen tras presentación y aprobación de proyectos concretos. Si en la anterior crisis esa condicionalidad consistía en recortar pensiones, inversión y salarios públicos, privatizar y ajustar déficit a martillazos, en esta se dice ya que no habrá ajustes ni este año ni en 2021.


Tomado de portal del diario EL TIEMPO