Ellos eligen a sus autoras favoritas

Fernández Cubas, Giménez-Bartlett, Edurne Portela o Elena Medel, entre las preferidas de Aramburu, Cercas, Azúa, Zanón…

Por: Inés Martín Rodrigo

ABC

Para conocer una realidad, y también para describirla, nada mejor que recurrir a los datos. Porque las cifras nunca mienten y a objetividad no les gana nadie. Hoy se celebra el Día de las Escritoras en España, un país en el que el 30% de las novelas contemporáneas publicadas son obra de autoras. El porcentaje empeora en la educación: sólo un 11% de los escritores citados en los libros de texto de Secundaria sobre literatura del siglo pasado son mujeres. Y se vuelve irrisorio cuando toca reconocer el mérito literario: el premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras hispánicas, ha sido otorgado, hasta la fecha, a cinco mujeres, lo que representa un 10% de los galardonados, mientras que el Planeta, el mejor dotado de la edición en español, con 601.000 euros, ha distinguido a 18 mujeres desde su creación, en 1952.

Eso sí, en nuestro país, el 68,3% de las mujeres lee libros en su tiempo libre frente al 56% de los hombres. De hecho, el perfil del lector en España es una mujer mayor de 55 años, con estudios universitarios y que vive en un área urbana. Así las cosas, y para festejar un día que ojalá en algún momento no llegue a ser necesario celebrar, ABC ha pedido a un grupo significativo de escritores que se fijen en ellas, en sus colegas de oficio, y elijan sus mejores obras para reivindicarlas.

Para Javier Cercas, «el fenómeno más llamativo de la literatura española en los últimos años es la aparición de un grupo bien nutrido de escritoras jóvenes que están haciendo cosas muy buenas». Pero, «quizá por eso», hoy quiere recomendar «un libro de una escritora que ya no es tan joven, ni es narradora ni poeta, y que me impresionó mucho: “Francisco Umbral, el frío de una vida”, de Anna Caballé». Otra biografía, pero en este caso de «Galdós» y obra de Yolanda Arencibia, es la elegida por Fernando Aramburu, quien destaca que se trata de «una obra monumental, exhaustiva, amena, minuciosamente documentada y bien redactada. Una obra que no se escribe en dos tardes, sino que requiere una dedicación de años». A Félix de Azúa, por su parte, le resultó «irresistible» que en «El sueño de la razón», de Berna González Harbour, «la clave de los crímenes se encuentre celada en la obra de Goya» .

Héctor Abad Faciolince pensó aconsejar la lectura de «El infinito en un junco», de Irene Vallejo, pero, consciente de que «en este momento, en España, sería llover sobre mojado», se decantó, finalmente, por la escritora colombiana Piedad Bonnett. «Toda su poesía. Y entre sus libros de prosa, el desgarrador “Lo que no tiene nombre”, sobre el suicidio de su hijo Daniel, que se arrojó al vacío desde una azotea en Nueva York». Sin salir de Colombia, Manuel Vilas se decanta por «Cómo maté a mi padre», novela en la que Sara Jaramillo Klindert «aborda el asesinato de su padre a manos de unos sicarios. Desde la violencia se levanta un gran ejercicio de introspección que conmueve y emociona. A mí me ha estremecido por su verdad y por su fuerza».

La poesía, sí, pero también la prosa, el ensayo y la ficción destaca Javier Montes de Mercedes Cebrián, «una escritora total que afina y afila el lenguaje como casi nadie de nuestra generación en España. En sus versos y sus frases cada idea y cada palabra es justa y necesaria. Creo que ese es el mayor elogio que podemos hacer o desear en este oficio». Lean «Muchacha de Castilla».

Carlos Zanón y José Ovejero se fijan en dos veteranas de nuestra literatura. El primero, en Alicia Giménez-Bartlett y su «Secreta Penélope», «un libro ajeno a Petra Delicado, pero que tiene todo lo bueno de Giménez-Bartlett: limpieza de escritura, solvente construción de una trama, ritmo, tono y construcción psicológica de sus personajes, en especial, la protagonista, Sara, inolvidable. Estoy convencido de que a Patricia Highsmith le hubiera encantado firmarlo». Y, sin abandonar el género, Ovejero apuesta por «El ángulo del horror», de Cristina Fernández Cubas, «porque, hoy que vuelve a estar de moda el relato de terror no está de más releer lo que escribió hace ahora justo treinta años una de las maestras del género. Para mí este libro es un clásico».

Exquisiteces

Lorenzo Silva le gusta «apuntar a lo menos visible» y, como considera que Begoña Huertas es «menos conocida y leída de lo que debiera», pues es «una prosista elegante y excelente», se decanta por su obra «Una noche en Amalfi», «un libro delicado y misterioso, de rara sutileza, que queda en la memoria y despierta el deseo de revisitarlo». Huertas es también la autora elegida por Gonzalo Torné, quien destaca «El desconcierto», «un testimonio primorosamente escrito sobre la enfermedad desde el punto de vista del cuerpo, pensado no para posar ni quedar bien sino para aumentar la comprensión del lector. Una joya».

Siguiendo con las exquisiteces, Luisgé Martín considera que «Mejor la ausencia», de Edurne Portela, es «una novela que no puede no leerse. Tiene personajes potentes, posee una voz narrativa que demuestra el virtuosismo técnico de la autora y trata todos aquellos asuntos que se nos mezclan en la vida junto a todos aquellos asuntos que se mezclaron en la historia reciente de España». Y Andrés Neuman alaba «La casa de los conejos», de Laura Alcoba: «Vivida en castellano, recordada en francés y narrada con la extrañeza de quien vuelve a una infancia inverosímil, la autora convierte su experiencia como hija de guerrilleros en un brillante ejercicio de traducción íntima».

Santiago Roncagliolo cruza el charco para reivindicar, ahora más que nunca, a la estadounidense A. M. Homes y su última obra publicada en España, «Días temibles». «Vivimos tiempos con poco sentido del humor. La ironía se ha vuelto una ofensa insoportable. Nos reclamamos como serios justicieros. Y somos tan comprometidos que hacemos un montón de likes a gente que dice cosas comprometidas. Luego compramos a grandes compañías que llaman autónomos a los trabajadores que explotan. Hasta las cervezas que bebemos sufren por el medio ambiente. Este planeta y sus contradicciones no se pueden entender sin ironía. Y los libros de A.M. Homes son una refrescante ducha de vitriolo con chorros de ácido y mala leche. Entre tanto grito tribal, ella te recuerda de qué se trata la inteligencia».

Sin abandonar el país norteamericano, a Miqui Otero le fascina «ese crack emocional, o ese clic narrativo, en las novelas de Jane Smiley. En “Un amor cualquiera”, por poner como ejemplo la última que ha rescatado Sexto Piso en castellano. El ruido, casi inaudible salvo para el que lo sufre, de cuando algo se rompe en la intimidad, aunque no sea de un modo aparatoso. Lo que hace ella es mirar por ese roto y explicarnos la historia: cómo lo sintió en su día y las consecuencias que ha tenido. Normalmente ese rasgón de la felicidad lo sufre gente que vivió según lo aceptable y lo recomendado durante parte de su vida, hasta que sintió que no era feliz. Entonces, una infidelidad o una pequeña deslealtad (que se manifiestan en forma de mensaje, susurro o secreto desvelado) pone en peligro todas las certezas, toda una vida de actuación modélica. Algo así como escuchar la otra versión de Cheever o de Yates».

Gran literatura

De vuelta a España, Sergio del Molino elige «Hijos del carbón», de Noemí Sabugal, «un ensayo fundamental y fundacional sobre un mundo que desaparece frente a nuestros ojos. La obra trasciende con mucho el impulso antropológico y testimonial que la anima y trae ecos de gran literatura». A Agustín Fernández Mallo le pareció «todo un hallazgo» «La revolución de las flaneuses», de Anna María Iglesia, «recuperación y estudio de las mujeres que en el siglo XIX, en París y en otras latitudes, decidieron dejar de ser meros modelos de los estudios de pintores o simples acompañantes, y adoptaron como acto revolucionario la idea de caminar las calles, tomar espacios urbanos para ellas, no sólo por independencia creativa sino por pleno derecho a mirar y ser vistas tal como ellas decidían».

Y, para terminar, Carlos Pardo está convencido de que «Las maravillas», de Elena Medel, «va a ser una novela muy leída durante mucho tiempo: primero, porque retrata a tres generaciones de mujeres “humilladas y ofendidas”, agentes anónimas y activas de la Historia que también, en primer término, la padecen. Las mujeres pobres que aún hoy siguen emigrando a “la capital” y cuyo heroísmo es conservar una dignidad que puedan transmitir. Pero también por la rara perfección formal del libro: el ensamblaje de tiempos y ese estilo lleno de capas, limpio y agraciado, de Medel».

[Las herederas de Virginia Woolf toman la palabra]


Tomado del portal español ABC