Enrique Bunbury: «La comunicación se utiliza como arma buscando la discrepancia»

Foto: Warner Music

El cantautor español lanza un trabajo íntimo donde continúa explorando los sintetizadores en la línea de sus últimos trabajos. ARCADIA habló con él sobre su décima producción como solista.

Por: Revista Arcadia

Con una trayectoria larguísima, millones de álbumes vendidos, cambios de estilo a menudo radicales y una personalidad que congrega y divide seguidores, Enrique Bunbury es por derecho propio un nombre clave para entender no solo el fenómeno del rock en español, sino el desarrollo de la música hispanoamericana de los últimos treinta años. Pasando por el gótico y el hard rock en Héroes del Silencio, tras su separación desarrolló una carrera solista donde dejó entrar ritmos como el folk, flamenco, el tango, el cabaret o incluso la ranchera o la cumbia. En el proceso, trabajos tan aclamados como Flamingos (EMI, 2002), su álbum con Nacho Vegas El Tiempo de las Cerezas (EMI, 2006) o su álbum de covers del cancionero latinoamericano Licenciando Cantinas (OCESA, 2011) lo consolidaron de distintas maneras como un referente a seguir.

A lo largo de la segunda década de los 2000 Bunbury cambia nuevamente de estilo. La grabación de Palosanto (Warner Music, 2013) y Expectativas (Warner Music, 2017) lo encontró dejando de lado en buena medida el tono retro que lo caracterizaba hasta entonces en favor de un estilo por momentos más orquestal, con una notable presencia de sintetizadores y en definitiva más sintonizado con las maneras anglo. Ahora en 2020 encara el lanzamiento de Posible, que en líneas generales sigue por el estilo de sus antecesores y del cual se revelaron cinco adelantos antes de su lanzamiento en todas las plataformas el día de hoy. ARCADIA habló con el cantautor zaragozano de Posible, su vida en aislamiento, la música que escucha por estos días, y de Nick Cave.

Cuando anunció Posible advirtió que “nada es lo que parece en la primera escucha y que son canciones abiertas de par en par a lo inesperado”. Creemos que eso podría aplicar a toda su trayectoria en solitario, ¿está de acuerdo?

(Risas) Pues sí. Por lo menos a unos cuantos discos. En este caso concreto, me refería a que los sonidos del álbum no necesariamente provienen de donde te imaginas. Hay guitarras que parecen teclados, saxos que no se sabe bien qué son… También en la sección rítmica. Sonidos que parecen programados, están tocados por un músico, batería o percusionista.

Junto a su voz y sus versos, Posible mantiene un protagonismo de los sintetizadores que se manifestó particularmente en Expectativas. ¿Son discos hermanos para usted? ¿Qué diferencias fundamentales encuentra entre ellos en música y temas?

Posible cierra la trilogía que empezó con Palosanto (2013) y continuó con Expectativas (2017). Son discos que tienen matices importantes que los diferencia, mis discos contemporáneos, alejándome de la raíz. En el caso de Posible, creo que se acentúa el uso de los sintetizadores y las secuencias, los bajos sintetizados. Es más minimalista, hay menos guitarras… Es un disco más actual a mi parecer. Y principalmente, las letras de las canciones son introspectivas, a diferencia de los dos discos anteriores que tenían una mirada social y comprometida.

En varios cortes, particularmente en “Deseos de usar y tirar”, se alcanza una especie de trance, con una cadencia que camina entre el bolero y el estilo crooner de Nick Cave, a quien menciona en la canción. ¿Considera a Cave como una influencia importante en este nuevo estilo? Y, por el lado de la letra… ¿qué lección le deja vivir en días de usar y tirar?

Nick Cave siempre fue una influencia importante. Su música ha sido un referente para mí, desde finales de los ochenta, cuando descubrí su música. Me gusta su apreciación y que vea su huella en una canción como “Deseos…” que precisamente es la única de este álbum que tiene una base de origen tradicional latino. La canción habla del amor duradero, del valor de lo que aguanta el paso del tiempo, por encima de la prisa y rapidez con la que se consume todo, incluso lo más importante de la vida, que es el amor.

Con un ritmo punzante, “Las Palabras” vibra, y a muchos seguidores les recordó su inmortal frase “Las palabras fueron avispas” de “La Chispa Adecuada”. ¿Cómo es ese diálogo actualmente entre el Bunbury fogoso de esos días con Héroes, y el Bunbury más reflexivo de los últimos tiempos? 

Precisamente “Las Palabras” es una de las canciones más agresivas del álbum. Poco que ver con “La Chispa Adecuada”, la verdad. “Las Palabras” habla del lenguaje y su razón de ser, que es el entendimiento y la comunicación, y cómo nos olvidamos de su poder, para acercar pareceres y lugares de encuentro. En cambio, se utiliza tantas veces como arma, buscando la discrepancia y el desencuentro.

Describa por favor su sociedad con Ramón Gacias. ¿Cómo es y cómo difiere de la que tuvo con otros músicos en el pasado?

No se parece en nada a la relación que he tenido con ningún músico. Ramón sólo hay uno. Es mi mano derecha. Es quien mejor entiende mis búsquedas y quien traduce lo que pasa por mi cabeza a un lenguaje entendible por músicos y máquinas.

¿Esta grabación se hizo, al igual que Expectativas, en forma análoga?

No, a diferencia de la mayoría de mis álbumes este se ha grabado en digital. Creo que el resultado final es distinto con respecto a mi obra anterior, con matices de encuentro, claro. Viniendo desde Expectativas la distancia es menor que si vienes de Licenciado Cantinas (2011) o desde El Tiempo de las Cerezas (2006) o desde Pequeño (1999).

Comparta sus memorias más vivas de Colombia. ¿Alguna anécdota que lo haga reír? ¿Conmoverse? 

En Colombia tenemos muchos amigos y siempre lo pasamos bien. Quizás demasiado. Obvio que hay anécdotas interesantes. Muchas no son aptas para todos los públicos y recibirían la censura de tu publicación y el sonrojo de los lectores. Recuerdo con mucho cariño nuestras presentaciones en Bogotá, en Cali, en Medellín, en Pasto, en Pereira… Tengo muchas ganas de volver. Y saludarnos con los queridos Aterciopelados, Diamante Eléctrico y Revolver Plateado.

En aislamiento, ¿cómo ha cambiado su rutina, su relación con su espacio? ¿Qué lee? ¿Qué escucha? ¿Qué cine mira? ¿Escribe letras y música?

En realidad, sigo con mis rutinas habituales. Escribo, medito, hago yoga, toco piano y guitarra, leo, veo películas, pinto… Estoy terminando de leer la biografía de Yogananda, que es un volumen grueso, denso, profundo e inspirador. Estoy disfrutando mucho el disco nuevo de Tony Allen, el de Fiona Apple, el de Natalia Lafourcade, el de Perfume Genius… Y sí, ¡estoy escribiendo nuevas canciones!


Tomado del portal de la Revista Arcadia