Entrevista a Mateo García Elizondo: «Narro el espectral descenso a los infiernos de un adicto»

«No me quedan más que tres mil pesos, doscientos gramos de goma de opio y un cuarto de onza de heroína, y con esto me tiene que alcanzar para matarme».

Boris Miranda (@ivanbor)

Especial para HayFestivalQuerétaro@BBC Mundo

La novela debut de Mateo García Elizondo (1987) se llama «Una cita con la lady» (2020, Vintage Español) y aborda el drama de su país, México, con las drogas.

Sin embargo, no sigue la narrativa más explotada y que se concentra en carteles poderosos y capos narcos a los que les dedican corridos.

Es más bien un relato sobre la autodestrucción de un adicto mexicano. De su «espectral descenso a los infiernos».

Una historia de ficción, pero que retrata con mucha intimidad la otra cara del narcotráfico de México.

La de los consumidores de drogas baratas que poco a poco se despojan de todo a merced de su adicción.

«Vine a Zapotal para morirme de una buena vez. En cuanto puse un pie en el pueblo me deshice de lo que traía en los bolsillos, de las llaves de la casa que dejé abandonada en la ciudad, y de todo el plástico, todo lo que tenía mi nombre o la fotografía de mi rostro», se lee en la novela.

BBC Mundo entrevistó al autor (nieto de los escritores Gabriel García Márquez y Salvador Elizondo) con motivo del Hay Festival de Querétaro, que se realiza esta semana de manera digital.

¿Cómo se le ocurrió narrar la vida de un adicto mexicano y esquivar el lugar común de enfocarse en los carteles o capos narcos?

En realidad la droga no me interesaba tanto. Resulto ser un poco incidental y necesaria para la historia. Es cierto que la heroína vino muy a la par de la historia y que este personaje del adicto iba con lo que quería contar.

Pero siempre contesto que a mí no me interesaba hablar del narcotráfico en todo caso. Terminé hablando de eso de cierta manera, pero lo que me interesaba era la experiencia interna de una persona que se encamina hacia la muerte. La heroína fue un intermediario para esto, que te atrae hacia eso.

Me interesó mucho la experiencia interna del adicto, escribir desde ahí.

No conozco a la heroína de primera mano, pero era una manera de construir al personaje. El estado de duermevela en el que la realidad y los sueños y se tocan. Me interesaba más la experiencia psicológica que algo social alrededor al narcotráfico.

Un elemento que me quedó mucho de la novela es el relato de la decadencia de la persona, cómo va dejando en el camino las cosas de su vida. ¿Cómo logró narrar esa pérdida constante en el personaje?

Era algo que corresponde mucho, me parece. Por lo que he hablado con la gente que está en esas situaciones es algo que sucede. Uno va perdiendo cosas en ese camino, incluyendo el contacto con su propia identidad y amigos.

Yo traté de construir esa idea. Casi como una religiosidad en torno a la heroína. Usé esa idea de que el personaje tenga esa visión e ir perdiendo todo, incluyendo el cuerpo y la identidad.

Yo lo comparo a un cierto ascetismo. Como hace un santo que se desprende de las cosas del mundo, pero en una versión mucho más oscura y decadente de desprenderse de todo.

¿Cómo construyó a ese personaje con detalles tan precisos como la terminología que se usa entre los consumidores habituales de drogas?

Hubo muchas vertientes. En la época previa a escribir el relato sí hable con amigos míos que habían pasado por experiencias cercanas. A ellos los escuchaba mucho hablar y cómo se referían.

La descripción de ese mundo viene de esas conversaciones con gente que estuvo ahí metida.

A mí me da mucho gusto que señalen que construí bien la terminología, el mundo de la droga y el efecto de la heroína.

Hablar de la heroína me da la impresión que no es casual. Tiene una relación con un estrato social como en el personaje que describe…

Eso yo lo dejo a la interpretación del lector. La elección de la heroína en el personaje es algo un poco arbitrario. Es una droga que cumplía todos los propósitos.

Como me dijeron, si mi personaje habría decidido suicidarse fumando marihuana la novela sería más larga. Y con la cocaína o el LSD la narrativa habría sido muy diferente. El tono habría sido muy diferente.

La heroína permite relatar entre el sueño y la realidad, entre la vida y la muerte. Te deteriora el cuerpo a un punto en el que empiezas a acceder a estar muerto. Por eso era la sustancia más adecuada para construir la historia.

¿Le interesaba contar el drama interno que genera la droga en una persona hasta esperar la muerte o hablar de la adicción como un fenómeno social?

En realidad a mí me impulsó la historia. Como en otras lecturas que tuve, quería explorar la decadencia.

Es hablar del conflicto de un personaje que está atado a la vida por algo que le provoca mucho deseo y esa misma cosa lo está alejando de la vida. Que lo está matando poco a poco. Es la historia de amor más vieja que existe.

A pesar de no conocer la heroína, las drogas es un tema que siempre me ha interesado. Los estados alterados de conciencia era algo que yo podía explorar a través de esta historia.

Quería explorar el decaimiento físico y personal de alguien enganchado y contrastarlo con esa búsqueda mística de tránsito hacia la muerte.

¿Qué opina de la narrativa predominante -en la que tiene mucho que ver la televisión- sobre las drogas en México?

Creo que podemos hacer algo diferente. Es lo que deberíamos hacer. Las historias de drogas hoy se centran mucho en el narcotráfico. Es una narrativa de western. Por eso creo que el público ya está un poco cansado porque a diario recibimos esas historias en los periódicos.


Tomado del portal BBC Mundo