“Es mejor arder que apagarse lentamente”: la historia de uno de los versos más controvertidos del rock

Foto: Neil Young, con una lata de cerveza en la mano, hablando con la cantante Nicolette Larson en la presentación de la película y disco 'Rust never sleeps' (donde se incluye 'Hey hey, my my (into the black)'. La fiesta fue en agosto de 1979 en Los Ángeles. / Getty Images

Con ‘Hey hey, my my (into the black)’, Neil Young enfadó a los músicos de su quinta (con John Lennon a la cabeza) y comparó a Johnny Rotten con Elvis Presley. Cuando Kurt Cobain citó la frase en su nota de suicidio no hizo más que agrandar la leyenda de una canción que ha cumplido 40 años

Por: Jaime Lorite

Icon / EL PAÍS (ES)

Que la muerte de Elvis Presley y la publicación del disco Never mind the bollocks, de Sex Pistols, sucediesen en el mismo año, 1977, puede ser una curiosidad para los aficionados a las efemérides. Para Neil Young (Toronto, Canadá, 1945) fue mucho más que eso. El músico canadiense vio en ello un hecho poco menos que cosmogónico y así lo reflejó en una canción que empezaría a aparecer en su repertorio a partir del año siguiente, Hey hey, my my (Into the black). O My my, hey hey (Out of the blue), si se prefiere su versión acústica. Las dos canciones se publicaron en el disco en directo de 1979, Rust never sleeps. La tesis de Young: Johnny Rotten, líder de Sex Pistols, el energúmeno que iba de escándalo en escándalo vomitando insultos contra la reina de Inglaterra era, en esencia, el gran continuador del legado de Presley.

El crítico coetáneo Richard Meltzer lo veía de igual manera: “No es que el punk sonara como la música de los padres del rock, pero tenía la misma actitud. Manifestaba un rechazo absoluto hacia los valores estéticos, culturales y morales que habían convertido al rock en un instrumento fascista que tenía por finalidad controlar a la gente”. Imaginar que a Elvis, el mismo que ejercía de confidente del FBI para chivarse de colegas sospechosos de “antiamericanismo”, le hubiese gustado una canción como Anarchy in the UK seguramente sea aventurar mucho. Pero en Hey hey, my my los dos iconos comían en la misma mesa.

La idea central quedaba reflejada en el verso más conocido y controvertido del tema: “It’s better to burn out than to fade away” (“Es mejor arder que apagarse lentamente”), un préstamo de Jeff Blackburn originario de una canción de The Ducks, el supergrupo que habían formado juntos (Blackburn + Neil Young) brevemente en el verano de aquel convulso 1977. Neil Young matiza en sus memorias, El sueño de un hippie (2012), el significado de la letra de Hey hey, my my: «La escribí pensando en las estrellas del rock; si lo dejas cuando estás en tu máximo apogeo, así es como se te recordará, en el auge de tu carrera. Eso es el rock & roll”. Pero esa aclaración es solo una entre las muchas que al compositor le han reclamado desde entonces.

Para una gran cantidad de periodistas, músicos y también aficionados de la época, a través de esa frase (“es mejor arder que apagarse lentamente”), Young estaba haciendo una apología de la autodestrucción y animando a los jóvenes a seguir los pasos de Sid Vicious, el bajista de Sex Pistols muerto por una sobredosis de heroína a los 21 años. Así lo veía, desde luego, John Lennon, uno de quienes más beligerantemente cargaron contra el verso: “Lo odio. Hacer de Sid Vicious un héroe, o de Jim Morrison [cantante de The Doors fallecido a los 27 años], me parece una basura. A mí me gusta la gente que sobrevive. No quiero que a Sean [el hijo de Lennon] le gusten Johnny Rotten o Sid Vicious. ¿Qué te enseñan? Nada. Muerte. Si Neil Young admira tanto ese espíritu, ¿por qué no se lo aplica?”, declaró el exbeatle en una entrevista a Playboy en 1980, poco antes de ser asesinado.

Otro emblemático músico que no terminaba de simpatizar con la letra pertenecía al entorno más cercano del canadiense: nada menos que Graham Nash, compañero en el proyecto conjunto Crosby, Stills, Nash & Young. “Con esa actitud, a Neil debe de joderle un huevo seguir vivo”, ironizó Nash ante el periodista Jimmy McDonough. En declaraciones recogidas por McDonough en su libro Shakey: La biografía de Neil Young (2002), Nash expone: “De pequeño corría en el equipo de atletismo del colegio. Había muchísimos chavales que corrían a una velocidad de la hostia; a la tercera o a la cuarta vuelta ya no podían con su alma, empezaban a toser y a resollar, y eran incapaces de acabar la carrera. Yo siempre quería acabar la carrera, y siempre he aplicado ese mismo principio tanto en mi vida como en mi música. ¿Quién te dice que no vaya a componer algunos de mis mejores temas a los noventa?”. Nash tiene hoy 77 años y sigue haciendo música.

El Young de aquel tiempo, sin embargo, había dejado de pensar como muchos de sus compañeros de generación. Según su biógrafo McDonough, Young “tuvo claro el panorama con solo mirar de reojo: había que derrocar a la vieja guardia y unirse a las nuevas tendencias. Un puñado de mocosos arribistas les escupían a la cara a los dinosaurios del rock, y Neil Young era el único venerable reptil que los alentaba”. En una ocasión, llegó a decir a la periodista Mary Turner: “Me gusta que la gente disfrute con lo que hago, pero cuando no es así, tampoco me disgusta. A veces me encanta exasperar a la gente con lo que hago, creo que le viene bien”.

En aquel entonces, el canadiense había comenzado a frecuentar a los vanguardistas Devo, banda puente entre el punk y el tecnopop, a quienes incluso llegaría a contratar para aparecer en su película, Human Highway (estrenada en 1982, pero empezada a rodar en 1978). En el largometraje, la canción fue interpretada por la banda de Ohio junto a Young, y el cantante Mark Mothersbaugh –alias Booji Boy– introdujo las referencias a “oxidarse” que no solo se quedarían en la versión final de la letra, sino que darían título al disco donde aparecería, Rust never sleeps (“El óxido nunca descansa”, 1979). El origen: un eslogan de la empresa de productos anticorrosivos Rust-Oleum que hacía mucha gracia a Booji Boy y los suyos. El periodista y biógrafo Jimmy McDonough apunta que, en realidad, los propios Devo fueron los creadores del eslogan: estudiaban artes gráficas y diseñaron ellos mismos aquella campaña de publicidad.

“El espíritu del rock & roll no es sobrevivir a través de una larga decadencia, sino resplandecer en el presente, en este mismo segundo, no como una luz tenue que piensa en seguir brillando mañana”, declaró Neil Young en una entrevista en 1983 a Musician Magazine, preguntado una vez más por la posible influencia negativa de la canción entre su público. Sin embargo, pese a las insistencias del músico y al margen de las mejores o peores explicaciones vertidas a lo largo de los años, el destino iba a recubrir definitivamente de malditismo el verso cuando en 1994 el líder de Nirvana y rostro incuestionable de la música grunge, Kurt Cobain, se quitó la vida e incluyó la frase en su nota de suicidio: “Es mejor arder que apagarse lentamente”.

En El sueño de un hippie, Young rememora el día que se enteró del suicidio de Cobain: “Me tocó la fibra sensible. Me dejó bien jodido”. Y continúa: “Por pura casualidad, había intentado ponerme en contacto con él [Cobain] para decirle que me parecía un gran artista y que tenía que hacer lo que creyera mejor, y a tomar por culo todo lo demás. Le habían llovido muchos palos por suspender algunos conciertos. No era un mero artista del espectáculo, sino un músico, un compositor. No es lo mismo. Supe verlo y quise hablar con él para decirle que tocara cuando quisiera, bastaría con que fuese él mismo”.

La alusión de la que echó mano el líder de Nirvana para justificar su acto intensificó la importancia de Young como Padrino del Grunge. Young rindió tributo a Cobain con una canción titulada Sleeps with angels (“Duerme con los ángeles”), donde imaginaba la noche de su suicidio desde la perspectiva del cantante y de la de su esposa, Courtney Love. Ella, por su parte, reformuló más tarde el verso de Hey hey, my my en una canción de su grupo Hole, Reasons to be beautiful (“Motivos para ser hermosa”), donde cantaba “It’s better to rise than fade away” (“Es mejor alzarse que apagarse lentamente”).

La canción siguió siendo una de las imprescindibles en los espectáculos de Neil Young y, de acuerdo con la base de datos Setlist.fm (que recopila el histórico de repertorios en concierto de una enorme cantidad de artistas), a día de hoy es el tema que más veces ha interpretado el cantante junto a su banda Crazy Horse. No obstante, sí hubo un llamativo periodo largo de tiempo en el que Hey hey, my my desapareció de los directos, entre 2004 y 2010. A falta de justificaciones oficiales, 2004 fue el año en el que a Young se le diagnosticó un aneurisma que pudo haber acabado con su vida. Sobre cómo el hecho cambió sustancialmente su concepción de la futilidad reflexiona también en El sueño de un hippie, que escribió con 65 años: “Me gusta vivir. No quiero morir hasta dentro de mucho porque todavía no estoy preparado. Supongo que si pensara que voy a morir me prepararía, si tuviera tiempo para ello, pero no estoy seguro”.

Hey hey, my my es, sobre todo, un ejercicio de autoconsciencia. Funciona en dos sentidos: habla de la muerte que alcanzará a todo el mundo sin excepción, pero obviamente también de la caducidad inevitable de Young y sus colegas, que parecían envejecer una década por cada bramido de esos punks que pasaban de todo.

Paradójicamente, más de 40 años después, la canción está lejos de oxidarse. Jimmy McDonough opina en el libro Shakey: “Hey hey, my my parece ahora más pertinente que nunca. Ver a los ídolos de uno aceptar tambaleantes su inclusión en el Salón de la Fama del Rock o vender sus obras maestras para anuncios de televisión no produce la misma emoción que ver en directo, no sé, a un Bob Dylan a punto de implosionar en 1966. Con contadas excepciones, a diferencia del vino, el rock no envejece bien. «Rock & roll will never die» (‘El rock & roll nunca morirá’), nos canta Young, pero también entiende que el rock no está aquí para quedarse, que en parte es su futilidad lo que lo hace tan grande, y lo que a veces acaba consumiendo a sus artífices”.

¿Es irónico Young, por tanto, cuando sí afirma textualmente en la canción que “el rock & roll está aquí para quedarse”? Teniendo en cuenta que ese movimiento punk heredero del rock que pintaba en la canción estaría, en buena medida, ya disuelto cuando se publicó Rust never sleeps, y que Johnny Rotten (o John Lydon, su verdadero nombre) sigue vivo y no es ahora alguien que precisamente conquiste el corazón de los jóvenes, con toda seguridad a lo que se refería es a que los ídolos no solo caen, sino que tienen que caer, porque lo que prevalece es la música que planta cara a la autoridad y epata a nuestros mayores. Aunque se llamen Neil Young.

Por cierto, Rotten, uno de los mayores bocazas de la historia del mundo del espectáculo, tuvo una reacción extraordinariamente poco macarra a su mención en Hey hey, my my (la letra dice: «el rey se ha ido, pero no se ha olvidado/. Esta es la historia de un Johnny Rotten»): “Siempre he amado la música de Neil Young, así que me pareció asombroso. Adoro el ánimo y los tonos que pone en las canciones”.


Tomado de portal Icon del diario EL PAÍS (ES)