Franco, exhumado del Valle de los Caídos

Foto: AFP

El Gobierno impide a la familia del dictador introducir la bandera preconstitucional en la basílica

Por. Natalia Junquera / Carlos E. Cué

EL PAÍS (ES)

Cuarenta y cuatro años después del entierro con la pompa de una dictadura, la democracia ha exhumado este jueves con sobriedad los restos de Franco para que el Valle de los Caídos deje de ser lo que el dictador quiso que fuera: un monumento a sí mismo que inmortaliza su victoria en la Guerra Civil. Con ese propósito de “desafiar al tiempo y al olvido” Franco hizo levantar una enorme cruz de 150 metros y un mausoleo que acoge más de 33.800 cuerpos, muchos extraídos de fosas comunes, sin el conocimiento de sus familias, para yacer hasta hoy junto al verdugo.

La exhumación ha empezado a las 10.30 de esta gélida mañana (seis grados) en Cuelgamuros, el lugar que Franco escogió en 1940 para levantar su mausoleo. 22 familiares del dictador (nietos, cónyuges y bisnietos) han acudido a la basílica, aunque solo dos han podido presenciar la extracción del féretro, dentro de una carpa en la que también se encontraban la ministra de Justicia, Dolores Delgado, como notaria mayor del Reino; el secretario general de Presidencia, Félix Bolaños; el subsecretario de vicepresidencia, Antonio Hidalgo; los operarios de la funeraria y un forense.

Las autoridades han sido las primeras en llegar. Los familiares de Franco lo han hecho con una corona de flores con la bandera española y en el caso de Francis Franco con una bandera preconstitucional en la mano, que el Gobierno le impidió introducir en la basílica. Antes de entrar en el Valle de los Caídos, el nieto del dictador ha dicho: “Hoy es un día muy triste. Quieren hacer ver que mi abuelo está solo, pero no lo está”.

El Ejecutivo sí permite que los familiares pongan “la bandera que quieran” en la reinhumación en Mingorrubio, un acto privado Todo lo contrario que la exhumación, cargada del simbolismo de una democracia consolidada que, con el impulso de una ley aprobada en el Congreso sin votos en contra, el respaldo de una sentencia del Tribunal Supremo por unanimidad y la decisión final del Gobierno, saca a su dictador de un lugar de honor para trasladarlo a una tumba también sufragada con los impuestos pero mucho más discreta. La sepultura es homologable a la de otros autócratas europeos como el italiano Benito Mussolini o el portugués Antonio Salazar, que yacen en lugares aún más austeros que el panteón de Mingorrubio.

Ocho familiares, cuatro de ellos nietos del dictador, han llevado a hombros el féretro hasta la salida de la basílica, pasando por delante de la tumba de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange, enterrado al otro lado del altar. También han atravesado el pasillo de criptas en las que yacen más de 33.800 víctimas de la Guerra Civil, enterradas sin nombre y apellidos y en muchos casos amontonadas, ya que filtraciones de agua han destruido las cajas de madera en las que fueron trasladadas al Valle de los Caídos, y mezclados los restos. Los familiares han lanzado gritos de “¡Viva Franco!” y “¡Viva España!” al abandonar la basílica.

El Gobierno quiere mover también la tumba de Primo de Rivera de su lugar privilegiado a uno de los laterales, devolver a los familiares que los reclaman los restos de los republicanos que fueron enterrados en las criptas sin su consentimiento y resignificar todo el complejo. Todo dependerá en todo caso, de lo que pase en las elecciones del 10 de noviembre.

La familia Franco se ha resistido hasta el final con una cadena de recursos ante los tribunales: desde el Supremo a Estrasburgo pasando por el Constitucional. “Es la primera victoria de los vencidos”, opinaba la ministra de Justicia, Dolores Delgado, a EL PAÍS una vez que el Gobierno se liberó de todos esos obstáculos para arrebatar el monumento a Franco.

Ningún otro presidente, tampoco los dos socialistas que estuvieron 22 años en el poder, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, dio este paso. El PP se abstuvo en la votación en el Congreso. Pablo Casado es el primer líder de este partido nacido en democracia. Albert Rivera, de la misma generación, llevó a Ciudadanos también a la abstención porque consideraba que este asunto no era prioritario. El PSOE y Unidas Podemos lo acogieron con entusiasmo, aunque Pablo Iglesias ha criticado ahora el momento en el que se hace —a dos semanas de las elecciones— y ha llegado a pedir que se retrase hasta después de los comicios.

Vox: la maldición de Tutankamon

Desde que se ideó la exhumación ha crecido en España, por primera vez desde los ochenta, un partido de extrema derecha, Vox, que tiene 24 escaños. Su líder, Santiago Abascal, es el único que se oponía con firmeza a la exhumación y se coloca al lado de los nostálgicos que hoy se manifiestan contra esta operación. “Quien remueve a los muertos acaba pagándolo, como la maldición de Tutankamon”, le lanzó Abascal el miércoles a Sánchez.

Los restos del dictador reposarán ahora junto a los de su esposa, Carmen Polo, en el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo (Madrid). El Gobierno ha invertido casi 40.000 euros en adecentar el panteón, que se encontraba “en mal estado”, y es el titular de la tumba, ya que la familia ha rechazado su oferta para comprarlo al precio tasado por metro cuadrado. Los gastos de mantenimiento y de seguridad (se ha colocado una puerta blindada, unas rejas y sensores de movimiento) correrán a cargo, todavía, del Estado.

Los relatores de Naciones Unidas que en los últimos años han visitado el Valle de los Caídos han recomendado a España en varias ocasiones que resolviera esa anomalía internacional e interviniera en un monumento que hasta hoy seguía dirigido por los mismos principios y decretos que el dictador dejó “atados y bien atados”. Unos 500 periodistas de 150 medios han sido acreditados, 92 nacionales y 58 internacionales procedentes de 17 países, desde los previsibles como Alemania, Francia, Italia, el Reino Unido, EE UU, Rusia, Colombia o México hasta otros más imprevistos como Irán, Turquía o Qatar. La prensa internacional siempre se sintió atraída hacia la anomalía española: hasta este jueves, era la única gran democracia occidental que tenía a un dictador fascista enterrado con honores de Estado. La normalidad europea tardó 44 años en imponerse y eliminar el último gran rescoldo del franquismo. Y no pasó nada. El país llevaba ya muchos años preparado.


Tomado del portal del diario EL PAÍS (ES)